“Hemos recibido tu currículum, agrega este número a WhatsApp…” “Hola, te llamo porque te hemos cobrado de más en tu última factura y queremos compensarte”, “Te llamo de tu compañía para avisarte de que te vamos a subir el precio de todos tus servicios pero si quieres, puedo darte de baja ahora mismo a coste cero”.
No soy la única harta de estas llamadas, ¿verdad? Lo peor es que, muchas veces, pueden acceder a tus datos a través de formularios que has rellenado para otras cosas y te hacen dudar, cuando se ponen ofensivos intentando convencerte de algo…
A mí siempre me gustó ser amable con las personas que trabajan de teleoperadoras, pues no tienen culpa de las cosas que sus jefes les hacen vender, de las horas a las que les hacen llamar y de lo pesados que les obligan a ser. Es un trabajo (muchas veces precario) más. Bastante hacen aguantando horas y horas de malas contestaciones en espacios muy pequeños.

Pero entonces llegamos a la era actual, donde las veces que tu smartphone suena por una llamada de origen desconocido pueden llegar a ser 10 en un día y de las 10, 9’5 son una estafa.
Y ahí ya no puedo justificar tanto al trabajador, pues si saben que lo que hacen está mal, no sólo porque te despierten de la siesta e interrumpan tu vida, sino porque están intentando engañarte, ahora sí que sí cuelgo el teléfono y bloqueo el número.
Siempre pienso en esas personas mayores a las que consiguen engañar o asustar, en esas personas con dificultades cognitivas o sensoriales de las que se aprovechan de forma consciente.
Hace poco tiempo, una amiga me contó cómo le vendieron a su vecina, una anciana invidente, un aparato que prometían que le haría las cosas de casa y era solamente un aspirador. A la casera de mi madre le intentaron colar como devolución de una factura cobrada de más un contrato con permanencia de una empresa de luz carísima.

Desde hace unos meses, mi hijo mayor tiene teléfono propio. Él no ha dado su número a nadie que no sea familia y amigos, sin embargo, ya he tenido que bloquear decenas de números por llamadas entrantes, por WhatsApp inapropiados… Y es que me da miedo, porque ahora estoy yo y las normas son claras: “no contestes teléfonos que no conoces”. Pero cuando tienes hijos neurodivergentes, este tipo de situaciones te dan el doble de miedo. Si tienes un hijo crédulo, inocente y con buena fe, el día que no estés tú para advertirle, ¿sabrá distinguir una estafa de una llamada real de una ONG por ejemplo?
Cada vez da más miedo cómo las personas usamos todos los avances sociales y tecnológicos para hacer el mal al prójimo, porque es reflejo de una sociedad cada vez más enferma y con menos posibilidad de curarse. Esto parece una tontería, y gracias a las tecnologías también la mayoría de los teléfonos te advierten de si debes o no contestar, pero si no funcionase alguna vez, no lo harían. Solamente de pensar en la de dinero que habrán estafado, me pongo enferma.

Por otro lado, sí me ha pasado que me han llamado de una oferta real de trabajo a través de una empresa de colocación a la que había enviado mi currículum hacía tanto tiempo que no recordaba y el pobre hombre tuvo que darme todos sus datos y esperar a que yo llamase a la empresa para preguntar. Mi precaución y desconfianza le hicieron estar más interesado en mí como empleada, aunque luego no pudiéramos llegar a acuerdo, pero otra persona podría ofenderse.
Parece absurdo pero es un problema real y espero que pronto se puedan tomar medidas para que esto sea algo anecdótico y no el pan nuestro de cada día.
Escrito por Luna Purple, basado en una historia real.
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