He sido bastante paradita en cuando al sexo se refiere desde siempre, hasta que despertó la bestia.

La virginidad la perdí con veinticuatro años (ahora tengo 32) y no sé si este post le servirá a alguien, pero a mí me hubiera gustado leer lo que aquí voy a escribir cuando el chocho se empezó a poner tontorrón de adolescente.

He sido una niña gordita y acomplejada desde que tengo uso de razón, no es que ligara mucho, pero mis pinitos he tenido, aún así jamás fui capaz  de llegar a la tercera base porque mis miedos pesaban más que mi deseo sexual. Cuando perdí la virginidad lo hice con la luz apagada y más prendas de ropa puestas en el cuerpo que tiradas en el suelo. Ahora, ocho años después, un poco más y subo la persianas para que los vecinos puedan disfrutar del espectáculo que es verme gozar durante el sexo.

¿Cómo lo hice? Poco a poco y con mucha ayuda de mi primer novio con el que mantuve relaciones sexuales. Asumo que muchas personas pensarán que en este tema lo importante es la autoestima, el quererse a una misma, el trabajar el amor propio, etc. Efectivamente así es, para mí la clave fue encontrar unos ojos que miraran como yo no me sabía mirar. Ese fue el pistoletazo de salida, el resto del trabajo fue todo mío.

Os cuento los pasos que seguí uno a uno enumerándolos.

  1. Encontrar a alguien con quien tengas confianza para hablar. Puede que creáis que el secreto consiste en sentirte a gusto físicamente con alguien, ¡sorpresa! eso viene después de la confianza emocional. Si tú puedes hablar, compartir y explicarle tus miedos a alguien, luego va a ser mucho más fácil vivirlos con esa persona. Porque ya sabe lo que piensas, ya sabe lo que sientes, ya sabe lo que está pasando dentro de ti. Si es una persona que realmente tiene empatía emocional, va a respetar tus tiempos y te va a hacer sentir que no pasa absolutamente nada. 
  2. Ordenarte la cabeza y bucear en tus miedos. Cuando tenemos traumas con respecto a un físico desnudo, no suele ser porque no nos guste nuestro cuerpo, suele ser porque hay algo en nuestra cabecita que no funciona como debería. Esta fue la clave para mí, me plantaba desnuda delante de un espejo, veía qué partes de mí no me parecían estéticas una a una (eran la inmensa mayoría, creedme) y me empezaba a plantear por qué realmente no me gustaban. No había NUNCA explicación coherente, creedme. 
  3. Arranca la moto poco a poco. Ya os he dicho que la primera vez que mantuve sexo lo hice con la luz apagada, pero es que antes de que llegara ese momento, estuvimos dos meses de pruebas. Yo me sentía mucho más cómoda tocando que dejándome tocar, así que eso hacía. Poco a poco tanteaba su cuerpo e iba viendo cómo reaccionaba el mío al respecto. 
  4. No te sientas mal al sentirte mal. Es absolutamente normal que quieras parar el proceso todas las veces que necesites, es lícito que a mitad de camino te quieras dar la vuelta, tiene todo el sentido del mundo que pensamientos de mierda se crucen en tu cerebro y te corten el rollo. ¿Y sabes qué? No pasa absolutamente nada, eres humana, todos tenemos miedos y dejarles espacio es lo mejor que podemos hacer, para que se vayan expandiendo tanto, que al final acaben desapareciendo. 
  5. Comunícate, habla. En todo momento con tu pareja sexual. Volvemos al punto 1, lo más importante aquí es encontrar a alguien con quien sí, con quien puedas ser tú, expresarte y compartirte como realmente eres, como realmente sientes y como realmente quieres hacer las cosas. Si todo este proceso lo intentas con alguien que no esté por la labor de entenderte, va a ser doblemente difícil. Os juro que merece la pena esperar los años que sea necesario y hacer las cosas bien, que hacerlo con la primera persona que pase y acabar traumada perdida. Ábrete de verdad, en cada pasito, haz entender al otro lo que te pasa y juntos podréis conseguirlo, poco a poco. 
  6. Acostúmbrate a mirar tu cuerpo. Como quien no quiere la cosa ve mirándote en cada reflejo, ve poco a poco acostumbrándote a tu cuerpo, desnudo y vestido. Parece una tontería, pero cuanto más te miras, más te acostumbras y más te quieres, evitar tu reflejo es evitar tus miedos y haciendo eso no conseguimos absolutamente nada. 
  7. Escucha a tu cuerpo, avanza cuando él te lo permita. Nuestro cuerpo es inteligente y sabe más de nosotras que nosotras mismas. Si tu cuerpo se echa para adelante y empieza a moverse solo, hazle caso, si tu cuerpo se tensa, se contrae, se aleja o se aparta, no seas cabezona y te fuerces a hacer cosas que claramente te estás indicando que NO quieres hacer. 
  8. Cómprate cosas que te hagan sentir sexy. No sabéis lo importante que es gustarse, quererse y estar a gusto con una misma, así que ponte manos a la obra y vístete con cosas que te sienten bien y que te empoderen, puede parecer una chorrada, pero no se folla igual con chándal que en picardías. Pon todo de tu parte para que salga bien. 
  9. Intenta no pensar. Llegará un momento que sea tan fuerte el deseo sexual que las voces de tu cerebro se callen para dejarte disfrutar de una vez por todas, ¿es posible que ese momento tarde muchísimo en llegar? Definitivamente, pero cuando lo consigues ya no hay marcha atrás. Si poco a poco consigues disminuir esos pensamientos, bajarles el volumen a en tu cerebro y dejar que el que mande sea tu cuerpo y no tu mente, cari, ya lo tienes. 
  10. Entender que el sexo no es más que sexo. Desde pequeñas nos han metido en la cabeza que el sexo es algo súper importante, que nos cambia la vida y que nos hace mejores o peores y eso es: mentira. El sexo es sexo, es una parte más de la vida, con la que puedes disfrutar o con la que te puedes amargar. Igual que tu cuerpo, no es más que eso, un cuerpo. Aprende a verlo como lo que es en realidad y como lo idea que te has montado tú en tu cabeza. Una vez que entiendas que esto va de pasárselo bien y darlo todo, no te podrás resistir. Como bailar reguetón en medio de la pista con tus amigas, cuando dejas de pensar y tu cuerpo se empieza a mover sin tu permiso, ahí es donde necesitas estar, amiga.

 

Redacción WLS