Mis bebés ya no son bebés. Ley de vida supongo. Un día son diminutos e indefensos, y al siguiente, de repente, ya van al cole y todo.
Hemos estado todo el verano preparándonos. Hablando del cole, yendo a verlo, explicándoles que ya no iban a estar los dos juntos todo el día, como en la guarde, si no que iban a estar en clases separadas. Ellos, la verdad sea dicha, estaban entusiasmados desde el primer día. Dos meses después, siguen yendo igual de contentos. De hecho, suelen caer lágrimas cuando voy a recogerles porque no se quieren ir del cole nuevo.
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Por otro lado, yo, por lo visto, no estaba tan preparada. Me encanta que vayan al cole, que lleguen a casa contándome lo que han hecho, y, para que mentir, me encanta tener esas horas sola para mí. Que no es que me quede tirada a la bartola, entre limpiar, cocinar, fregar y demás se me ha ido el día. Pero es como raro tener la casa tan silenciosa, poder elegir lo que hacer, o lo que poner en la tele. Y, mientras ordeno y limpio, se me escapa alguna lagrimita también a mi cuando encuentro algún pañal que todavía queda por casa, o algún body de cuando eran pequeñitos.
Para lo que no estaba preparada tampoco, es para volver al cole. Yo. A mis cuarenta. Un mes de clases tengo.
De inglés, ya contaba con ellas, entiendo que se hagan y hasta tenía ganas de ellas. Hay muchos métodos de aprender a leer en inglés, y no es algo que yo haya aprendido cuando iba al cole (porque no se en el resto, en el cole al que yo fui, la fonética no se miraba ni de reojo). Mi marido el inglés, por su parte, tiene dislexia bastante severa por lo que no es la mejor ayuda para aprender a leer. Así que esas las estaba esperando ansiosa. Dos semanas de clases, dos horas diarias.
Pero parece ser que también tengo que ir a clases de mates. Hablando con las profes, me dijeron que las cosas habían cambiado mucho desde que yo fui al cole. Debe de ser que Fran Perea nos dejó confundidos, y que ahora resulta que 1+1 ya no son 2, yo que se. La profe me lo confirmó con una risita. Que ilusión no le hace ponerse a hacer horas extra para dar clases a los padres, pero que las cosas han cambiado. Ahora tengo una semana de clases, otra vez dos horas diarias, para aprender las mates que van a aprender en el cole, no se. En el fondo, estoy expectante de descubrir a qué es igual ahora 1+1.

Y las de educación física…mimá. Esa sí que me dan acojone. Y me las han puesto a traición. Se supone que teníamos dos semanas de fonética, y una semana de mates. Pero a traición, en pequeñito, había una nota que también habría un seminario de educación física. Menos mal que son solo un día. Vamos a ver, querido cole nuevo de mis peques: ni se te vaya a pasar por la cabeza que me vas a poner ahora a correr la prueba de Cooper, a saltar el potro o a trepar por la cuerda. Ya te lo voy avisando.
Por otro lado, ¿sabéis qué pasa si suspendo? A ver si me van a mandar a repetir curso, ¿O me quedo sin vacaciones de Navidad, estudiando para la recuperación? ¡Quién me iba a decir a mi que, a mi edad, me iba a dedicar a volver al cole!
La verdad, es que no tengo muchas expectativas de aprobar…entre que yo no corro ni para coger el bus, que parece ser que mis conceptos básicos de mates no son correctos, y que no se pronunciar correctamente la mitad de los fonemas ingleses, pues creo que igual echan a los niños del cole y me ofrecen a mi la plaza para empezar desde cero.
Andrea M.