No vi venir el momento, pero llegó. De manera casual, observé ralear la coronilla de mi chico desde un plano cenital. Él estaba sentado y yo, de pie y con buena perspectiva, fui consciente de que esa mata de pelo morena mostraba una “clara” pérdida de efectivos. ¿Y ahora qué? ¿Se lo decía o no?

Después de mucho pensarlo, llegué a una conclusión: no se lo digas si crees que no lo quiere saber. Si se lo dices sin que te haya preguntado ni le preocupe lo más mínimo, te arriesgas a crearle un complejo que no tenía antes. Es más, pregúntate si te preocupa más a ti o a él. Si te preocupa más a ti, tal vez estás siendo superficial. Ten presente que no será el único cambio que experimente el cuerpo de tu pareja a lo largo de su vida, como los experimentará el tuyo.

En mi caso, he de decir que mi novio siempre ha hecho comentarios sobre el pelo, en privado y en público. Las comparaciones entre melenas y peinados son tema de conversación habitual entre sus amigos. No escatiman al hacer comentarios ni cotillear sobre si tal o cual ha empezado tratamientos, porque eso es algo que nunca confiesan abiertamente. Hasta ahora, ha visto a sus amigos entrar en “esa” etapa mientras él se sentía a salvo.

Entonces, como creo que es un tema que “le preocupa”, supuse que agradecería haber comenzado algún tratamiento preventivo a tiempo. Me dispuse a decírselo con toda la sutileza del mundo, y esto fue lo que pensé y/o puse en práctica.

1. Sugerir masajes craneales

Le pedí consejo a mi peluquera de confianza, incluso le enseñé fotos que le había hecho sin que se diera cuenta. Ella me dijo que algo que podía hacer, sin necesidad de sugerirle tratamientos específicos con los que empezara a rayarse, eran los masajes capilares. Por lo visto, permiten que el pelo respire, eliminan células muertas y favorecen la vasodilatación de la piel, por lo que los tejidos están más nutridos, lo que contribuye a que el pelo esté sano y fuerte. Incluso me explicó como podía hacerlos.

Así que ahora, todas las noches, cuando nos sentamos a ver una serie antes de irnos a la cama, le hago un masaje craneal tal y como la peluquera me explicó, con la excusa de que “se relaje”.

2. Comprar pastillas “para los dos”

Sabréis bien que a nosotras, en determinadas épocas del año, el pelo se nos cae a manojos. Y, por mucho que suceda con cierta frecuencia y no tenga más importancia, de experimentar cierta angustia no nos libra nadie.

En una de estas de pérdida “alarmante” de mi propio cabello en cada ducha, anuncié que iba a comprar unas pastillas en la farmacia. Una de estas que son buenas también para las uñas, con biotina y no sé qué más. Según la farmacéutica, me iban a encantar.

Tan bien me las vendió que luego solo tuve que reproducir su charlita promocional a mi chico, deslizando la idea de que las tomara él también. Y funcionó.

3. Enseñarle fotos “de su peinado”

Sugerirle el “peinadito” de moda o el que lleva tal actor o presentador, que se lo haga, hacerle fotos para que se vea bien y, de paso, que descubra la desbandada de habitantes en su coronilla.

La otra opción es hacerle fotos cuando no mire. Luego le dices que has hecho unas fotos muy chulas del perro y que vaya pasando dentro de la galería del móvil hasta toparse con la de su cabeza. La excusa que le pongas después para explicar por qué tienes una foto de su coronilla desplobada ya es cosa tuya.

4. Sacar el tema, hasta que pregunte

Yo lo tengo fácil porque ya digo que el tema capilar es recurrente para mi chico, así que no le escama nada que cualquier vez sea yo la que diga: “¡Uy, qué mata de pelo se le ve al fulano!”. Si tienes la pericia de sacar el tema en el momento justo, cuando estáis solos y de un modo bien dirigido, puede que la siguiente pregunta sea: “¿A mí cómo ves de pelo?”. Y ahí, con todo el cariño y la asertividad del mundo, le dices lo que hay.

5. Dejar que se lo digan sus amigos

Es la alternativa a todo lo anterior y es lo que menos recomiendo, pero tampoco se puede evitar. Llegará un momento en que algún amigo haga referencia a su calvicie incipiente, y no lo va a hacer con el tacto ni el cariño que tú utilices. Los hombres tienden a hacerse “bullying” entre ellos, entre risotadas y palmadas en la espalda.

Nosotros estábamos sentados en el restaurante durante una comida de amigos cuando uno de ellos llegó por detrás y me dijo, alto y claro:

Tú novio se está quedando calvo, ¡mira la coronilla!

Sufrí la cara de estupor de mi amado.

—¡Calla, anda, envidioso! —le solté al amigo.

Mi chico no hizo comentario alguno al respecto, ni en el momento ni después. Si después de una situación similar el tuyo sí te pregunta, puede que sea el momento de sacar el tema.

Es muy posible que tu pareja ya se haya dado cuenta. En el caso del mío, y de otros miles, ya os digo yo que no. Así que insisto: si crees que querría saberlo para comenzar algún tratamiento preventivo con el que quedarse más tranquilo, sácale el tema con tacto. Pero, si se la suda, a ti también debería.

Esse