5 Lecciones que aprendí saliendo con imbéciles

 

Tengo un amigo que siempre dice que cada día que amanece el número de tontos crece.

Mira que yo soy una optimista y una gran defensora de las bondades del ser humano, pero debo reconocer que la frasecita recoge una verdad verdadera.

La probabilidad de que te topes con ellos es entre alta y altísima.

La de que te enamores de uno, por desgracia, no es menor.

Yo no soy una excepción, así que he tenido relaciones con todo tipo de personas, incluyendo unas cuantas de esas que hubiera sido mejor no conocer.

Como buena optimista que os he dicho que soy, he intentado olvidar lo malo y quedarme solo con lo bueno de cada una de ellas.  

5 Lecciones que aprendí saliendo con imbéciles

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Y aquí os dejo las 5 lecciones que aprendí saliendo con imbéciles:

 

  1. NO SOY MENOS QUE NADIE. No soy más, pero tampoco menos que nadie. Ojalá siempre hubiera sido consciente de ello, no obstante, un tío consiguió que lo olvidara. Y eso no va a volver a suceder. En el pasado dejé que me pisotearan, que me menospreciaran y que me convencieran de que yo valía poco más que una mierda. Gracias a aquel imbécil ahora llevo grabado a fuego lo válida que soy, lo buena que soy.

 

  1. MI PLACER TAMBIÉN IMPORTA. Puede sonar frívolo, pero a mí me parece una cuestión tremendamente relevante. Cuando alguien te quiere, quiere lo mejor para ti. Quiere que seas feliz, que no te falte de nada y, joder, quiere que goces a todos los niveles posibles. Pues bien, hubo un tiempo en que se ve que no lo tenía tan claro. Y hubo un imbécil egoísta en mi vida que, de un modo amargo y retorcido, me enseñó que mi placer también era importante.

 

  1. NO DEBO FINGIR SER QUIEN NO SOY. Es un fenómeno muy habitual. Nos enamoramos de la idea de alguien, de la idea de quienes somos juntos. O, todavía peor, dejamos que alguien se enamore de la idea que tiene de nosotros mismos y, aunque nos damos cuenta, no le sacamos de su error. Bien al contrario, preferimos ponernos una máscara y seguir fingiendo ser quien no somos. *Atención*Spoiler*: Eso nunca acaba bien. Antes o después la ilusión nos explota en la cara. Máxime cuando es otro quien te presiona para que seas así o asá. Para que hagas esto o no hagas lo otro. Para que te comportes de esa manera o dejes de comportarte de aquella otra. Estuve con un imbécil que pretendía convertirme en alguien totalmente diferente a mí. Y casi lo logra. Ahora me despierto cada día dando las gracias por lo que soy, para que nunca se me vuelva a ocurrir cambiar justo lo que está bien en mí.

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  1. MIS AMIGAS SON INTOCABLES. Llegados a este punto, mis amigas son intocables. Sagradas. Van conmigo, somos un pack. Si un chico me quiere, debe querer a mis hermanas también. Una vez me apartaron de ellas, de esas amigas que estuvieron ahí para mí incluso cuando volví sobre mis pasos después de haberlas dejado atrás. La culpa fue mía y solo mía, aunque hubo un imbécil que ayudó. Y mucho. Pero aprendí la lección y no pienso dejar que nada ni nadie me separe de mis amigas, de mi familia, de mis personas favoritas, de los míos.
  1. SI DUELE, AHÍ NO ES. Esto ya es sabiduría popular, cultura general. Sin embargo, no soy la única que necesitó tocar el fondo del pozo del dolor para entender que, si duele, es que ahí no es. A veces nos quedamos ciegas, sordas y mudas. No vemos lo que no queremos ver, no oímos lo que no queremos oír ni nos preguntamos a nosotras mismas si estamos bien. A mí un imbécil concreto me hizo más daño que todos los demás imbéciles de mi vida juntos. Estando con él comprendí que el amor no hace daño. Que quien bien te quiere, llorará contigo, pero no te hará llorar.

 

Estas son las 5 lecciones que aprendí saliendo con imbéciles.

Quizá me hubiera gustado aprenderlas de otra forma, pero lo importante es que son aprendizajes que no olvidaré y que se han convertido en un estilo de vida.

Porque cada día intento dar lo mejor de mí para no ser la imbécil de nadie.

 

 

Anónimo

 

 

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