Mi amiga Luz estuvo toda su adolescencia acomplejada por su peso. Aunque antes estuviera más normalizado y hubiese quien creía que los motes no eran nada más que una broma, hacían el mismo daño que desde que se le llama Bullying. Y opinar del cuerpo de los demás estaba igual de mal que ahora que le llamamos Body Shaming. Parece que por utilizar términos anglosajones la cosa se ha agravado, pero os garantizo que a Luz ( la ballena, Porqui, etc) le hacía la misma gracia que se apartasen de forma exagerada cuando ella pasaba como si no hubiera espacio suficiente o que hiciesen “¡¡BUM BUM!!” a cada paso que daba por los pasillos del instituto, le hacía el mismo daño que a los adolescentes de hoy en día.

Le costó mucho superar aquello y, en gran parte gracias a las redes sociales y la cantidad de influencers que hablan de “body positive” (no, no romantizan la obesidad, solamente hablan de que todas las personas tienen los mismos derechos independientemente del tamaño o forma de su cuerpo y que nadie debe faltarles al respeto por ello) fue aceptando un poquito más su cuerpo y atreviéndose a hacer cosas que hace años eran impensables, como ir a la playa, por ejemplo.
Hizo falta mucha terapia para que lograse quitarse al menos la camiseta, bastante apoyo para que se quitase los pantalones y ahora, aunque no se quita el pareo y hayamos perdido la esperanza de verla con un bikini, al menos disfruta del verano sin achicharrarse de calor.
Hace un tiempo conoció a un chico del que se enamoró. Las inseguridades volvieron a aparecer y, como antes, no se creía merecedora de su atención o afecto, por lo que se mantenía alejada. A pesar de que el chico mostraba bastante interés en ella y la llamaba siempre que podía para quedar a solas, ella buscaba explicaciones alternativas como que él estaba aburrido, que les gustaba mucho una saga de libros a ambos y que ella era la única con la que podía hablar de ello… Jamás aceptó lo evidente, y es que a ese chico le gustaba de verdad.
Pero hace unos meses no le dejó más remedio que aceptarlo, pues él directamente le confesó lo que sentía por ella y la besó, empezando una relación que parecía super bonita y prometedora.

La verdad que él siempre fue cariñoso y atento con ella tanto en privado como en público. Y esto lo digo porque ya tuvo un novio una vez hace años, pero en público fingía no conocerla apenas y solamente la saludaba con la cabeza y, aunque siempre decía que en privado era muy cariñoso y la llenaba de detalles, la escondía y se avergonzaba de ella.
Todas estábamos muy contentas por ella. Al fin tenía a su lado a un hombre que la valoraba de verdad. Pero entonces vino un día muy contenta, pues le había contado todos sus traumas y complejos, a lo que él (con buena intención pero con poco acierto) le dijo que a él le gustaba “a pesar” de su físico, que a él le daba igual cómo estuviera…
Lo he visto un montón de veces. Incluso me ha pasado desde que mi físico ha cambiado tanto y ahora se parece mucho más al de Luz. Entiendo perfectamente la buena intención del comentario, que desde una perspectiva normativa parezca un halago, pero no lo es. No está bien decirle a alguien que quieres que lo haces “a pesar de”, pues eso que mencionas parece que podría ser un motivo para que no lo hicieses. En el fondo es como si te estuvieran perdonando por ser una persona gorda. Seguimos viendo el peso de las personas (más si son mujeres) como un defecto, como algo que nos hace perder valor. Normalizamos comentarios como “es guapísima de cara” “si perdiera un poco de peso estaría preciosa” “me gusta mucho, pero es que no me veo con alguien de su tamaño”. Y esto no está bien.
Si os fijáis, las personas SON altas o bajas, SON delgadas, sin embargo, ESTÁN gordas, y esto es porque se considera un adjetivo que se debe intentar cambiar, porque lo estás pero podrías dejar de estarlo. Además, tanto tiempo utilizando la palabra “gorda” como algo peyorativo hace que lo pronunciemos con la boca pequeña.

No hace tanto que un niño que me escuchó decir “yo soy una persona gorda” y me dijo “no digas eso, tu estás así porque has tenido tres hijos, pero no eres así, ya volverás a tu físico”. Pues no, este es mi físico y por circunstancias mi caso es muy cambiante, siempre a extremos, pero es mi físico y describirlo no es un insulto.
Así que Luz tuvo una conversación con sus amigas y recordó todos los reels que vio sobre que un piropo para una persona gorda es un piropo de verdad si tuviera sentido siendo normativa. Es decir, a una persona que usa una talla 36 ¿le diría te quiero a pesar de tu físico? No, pues entonces no es un halago. Es un buen truco y bastante sencillo de entender.
Ella lo habló con su novio y él admitió que no lo había hecho bien, que ella le gustaba mucho y que no sabía cómo expresarse sin ser ofensivo porque veía que ella todavía guardaba muchos complejos y lo que quería decir era que, aunque adelgazase 30 kilos o engordase otros tantos, ella le gustaría igual, porque estaba loco por ella y que le encantaba verla a su lado y que era una mujer preciosa.
Estamos aprendiendo como sociedad que el respeto va más allá de no mencionar ciertos aspectos de una persona, que nadie tiene derecho a juzgar tu físico ni a dar por hecho cuales son tus hábitos o tu salud, pues nadie se preocupa por la salud de una persona muy delgada y, como conté en otra ocasión por aquí, muchas veces te felicitan por estar genial al haber adelgazado muchísimo sin tener en cuenta que puede que estés en un momento horrible de tu vida y tu salud esté mucho peor ahora.
Espero que este pueda ser un espacio seguro para todo tipo de corporalidades y podamos dejar los juicios y las críticas a un lado.
Luna Purple.