Mi pareja siempre ha sido una buena persona, pero es verdad también que siempre tuvo un carácter un tanto complicado, solía ponerse a la defensiva con facilidad. Con él, siempre había tenido que medir mis palabras y hablar con cuidado porque si no, se sentía ofendido y luego costaba mucho hacerle entender que nadie le estaba ninguneando. Era fumador desde hacía muchos años, pero es cierto que había reducido su consumo a solo fumar tres cigarrillos al día, después de cada comida. Llevaba unos años fumando esos tres cigarrillos diarios y a mí, a pesar de no ser fumadora, nunca me había importado porque ni olía a tabaco ni era alguien que estuviera todo el día con el cigarro en la mano. Sí que es cierto que por el hecho de no ser fumadora, hubiera preferido que él tampoco lo fuera pero no era algo que me molestara. Cuando me dijo que quería dejarlo, yo le apoye muchísimo porque sé que fumar no es bueno para la salud.
Pero entonces empecé a pensar que si su carácter ya era irascible siendo fumador, sería un proceso duro que no sabía si sería capaz de soportar. Pensé en todos los días de nervios, en cuando tuviera mono, en cómo serían sus respuestas y si su carácter se iba a agrietar más en los picos de estrés.
Y aquí vino la realidad que realmente me sorprendió: sucedió todo lo contrario a lo imaginado. Cuando mi marido dejó de fumar, lo hizo de golpe, de un día para otro. No noté ningún cambio brusco de humor, ni lo noté más tenso ni con ningún síndrome de abstinencia. Por contra, su carácter cambió positivamente, se volvió más dulce, menos irascible, una persona que no se sentía atacada a la mínima y que tenía más paciencia que nunca. Ha sido difícil entender el porqué de este cambio cuando lo normal es que sea todo lo contrario. Hace dos años que ha dejado de fumar completamente y para mí, el único defecto que tenía, ya no lo tiene. Mi pareja es un amor de persona y ahora además no tiene esa susceptibilidad que le caracterizaba, todo lo contrario de lo que hubiera esperado.
Mi conclusión, puede que equivocada o no, es que al fumar tan poco él debía estar en un síndrome de abstinencia constante porque durante el día debía querer fumar más de lo que lo hacía, pero se privaba fumando solo esos tres cigarrillos. No sé qué otra explicación puede haber, ni sé si tiene sentido la mía, lo que sí sé es que el dejar de fumar por su parte no solo le habrá hecho ganar en salud, sino que también le ha hecho ser una persona más estable, emocionalmente hablando, con lo cual, hemos ganado todos.
Soy consciente que lo que hizo mi pareja requiere mucha fuerza de voluntad y que en muchos otros casos, se necesita ayuda profesional para lograr dejar de fumar. Por suerte, hoy en día existen multitud de métodos para lograrlo: desde psicólogos especializados hasta métodos basados en hipnosis clínica despierta, como el Método Jorge Masó que es bastante conocido en España. Este enfoque permite a muchos encontrar una solución a medida para liberarse del tabaco, adaptando las técnicas a sus necesidades específicas y maximizando las posibilidades de éxito a largo plazo.
Ahora cuando alguien me dice que no quiere dejar de fumar por miedo a todo tipo de cambios, le digo que no todos somos iguales ni todos los cuerpos reaccionamos de la misma forma, que no tiene por qué sentirse más nervioso, ni engordar, ni nada de lo que suele pasar y que de hacerlo, no pasa nada porque a la larga mejorará en salud de todos los aspectos.
