Parece de película, pero es real. Sucedió hace más de diez años. Por ese entonces yo estaba recién separada, mi marido me había dejado por otra, más joven. Me autoconvencí que ese era el único factor en el que me superaba, porque ni era más lista, ni más guapa, ni más simpática, ni más nada, simplemente, nació más tarde y eso a los hombres, les deslumbra.
Más testimonios en whatsapp
Volviendo a la historia, me encontraba pues en un momento pletórico. Decidí no hundirme sino sacar fuerzas de donde pensaba que no había y salir adelante. Así que desplegué todas mis armas para luchar contra lo que me vino de golpe. Salía con grupos de gente con los que a veces no había límites, bebíamos, bailábamos, viajábamos… viviendo momentos que sumaban más que restaban y las lágrimas pronto fueron risas y más risas. El peligro de ir sonriendo por la vida es que, sin quererlo, te vuelves irresistible, el atractivo se multiplica y la atracción es incontrolable. Tuve los amantes que me apeteció, no me faltó hombre en la cama y trabajo tuve en torear lo que no me convino. Lo que tenía claro es que pensaba vivir a tope y no hacer ascos a experiencias que en otra época ni me hubiera yo imaginado. Así que me estrené con los tríos, que, aunque confieso que disfruté en el momento, acabó siendo una rallada, no para mi sino para el tercero o tercera en cuestión que se sintió desplazado y frenó en seco el momento. Supongo que esto es lo menos bonito que nunca se cuenta.
En fin, que estamos una tarde en mi casa con un grupo de amigos tomando café, entre ellos un matrimonio de los que más nos hacíamos, buen feeling, sobre todo con él. Charlábamos sobre libros, haciéndonos recomendaciones. Yo les presté uno que tenía que hablaba del sexo en mujeres a las diferentes décadas vitales. Ellos me hablaron de “Sexualmente” de Nuria Roca. Pero en plan, como si me retaran a algo de lo que hablaba el libro.
Total, que días después me fui a la biblioteca, cogí el libro en préstamo y lo devoré en un abrir y cerrar de ojos. De lo que hablaba el libro, entre otras anécdotas sexuales muy ingeniosas, es del hecho de que en la vida para haber tenido una sexualidad plena deberías haber conseguido el poquer de experiencias: una lésbica, haber hecho un trío con dos hombres, otro con dos mujeres y un intercambio de parejas. ¿Así es que de eso se trataba el reto que me insinuaban? Vaaaaaaaaaaaaale, pues vamos a echar una partidita…. En el próximo encuentro lo comentamos y yo, dando por hecho de que haberle tocado las tetas a otra chica en uno de esos tríos, no deja de ser una experiencia lésbica, dejo caer algo así como que a mi sólo me falta una carta para completar ese póker. Ahí queda eso.
Y como a buen entendedor pocas palabras bastan, y el instinto humano se basa en códigos y señales de humo, no había pasado mucho tiempo que me vi un día en casa de este matrimonio amigo, cenando, como muchos días acostumbrábamos, con otra pareja, cuando después de varias botellas de vino, vino lo que vino…
La mujer de la otra pareja marchó con el pretexto de ir a acostar a la niña que era tarde, que él se quedara un rato más si quería, que no había problema…
Cuatro éramos en la cama.
No sé si como pasó. No lo vi venir. Sólo sé que me apeteció y cedí. Seguí un juego que parecía que a todos nos estaba gustando. Fue una experiencia muy morbosa y excitante.
Después de esa noche quisimos repetir, buscábamos excusas para volver a quedarnos los cuatro a solas y algún momento hubo, aunque menos de los que hubiéramos querido. Luego la cosa se complicó. Se enrareció el ambiente entre nosotros, hasta el punto de que el matrimonio que había lanzado la propuesta empezó a deteriorarse, o simplemente a hacer visible un deterioro que ya existía. Él se coló por mi hasta las trancas. Acabaron separándose y él vino a por mí.
Hoy en día aún seguimos juntos.
Moraleja: vigila cuando leas a la Roca.
envía tus movidas a [email protected]

