Yo siempre había soñado tener hijos, dos, para ser exactos. Desde pequeña pensaba que me casaría y tendría una vida tradicional, con marido e hijos. Así como fui creciendo, me di cuenta de que no me hacía falta casarme, no veía muy claro eso de compartir toda la vida con una misma persona. Creo en el amor, pero no sé si creo en el amor para toda la vida. Las personas evolucionamos, cambiamos, y nuestros sentimientos también. Aun así, yo seguía pensando que no me quería perder la experiencia de la maternidad, el hecho de cuidar de un ser al que amas más que a nadie en el mundo e intentar hacerle feliz, educándole en valores y ayudándolo a convertirse en una persona de bien.

 

Hace unos años, cuatro para ser exactos, mi hermana fue madre. A mí me hizo mucha ilusión, yo aún no tenía pareja estable, así que mi idea de ser madre la fui aplazando porque pensaba que el momento aún no era el idóneo para ello. Y menos mal que no lo fui. Ser tía es maravilloso, amo a mi sobrina como a nada en este mundo, pero precisamente porque la quiero tanto y paso tanto tiempo con ella, y veo lo desbordada que está mi hermana, me he dado cuenta de que la maternidad no es para mí. Mi hermana se ha pasado años sin dormir una noche más de cuatro horas seguidas, veo el ajetreo de su vida, las preocupaciones constantes por mi sobrina, y su estrés, y a pesar de que me dice que es lo mejor que le ha pasado, no la veo feliz. Puede que sea cuestión de tiempo, que con los años la cosa cambie; además, estoy segura de que ella no se ha arrepentido nunca de ser madre, pero yo ya no veo la maternidad para mí.

 

Soy una persona que me preocupo en exceso por las cosas, siempre me pongo en lo peor, y me preocupo también muchísimo por mi sobrina, porque esté sana, porque esté bien en la guardería, etc. No solo me preocupo por su presente, sino también por su futuro. Pienso en si será aceptada por los compañeros cuando sea algo más mayor, si será feliz, si será responsable o si le irá todo bien. Tengo tanto miedo de que sufra, que sé que si tuviera un hijo no viviría tranquila y además no sería bueno para él porque sería demasiado sobre-protectora, lo cual le haría una persona insegura o una persona dependiente. Creo que no sería una buena madre, creo que ser madre no sería bueno para mí pero tampoco para mi hijo. 

Así pues, tengo claro que me encanta ser tía, a pesar de las preocupaciones que pueda tener disfruto mucho de mi sobrina, y así estoy bien. Ser tía me ha enseñado lo mucho que se puede querer a un niño, pero también lo difícil que es ser madre; pensar en preocuparme por otra persona el resto de mi vida me genera ansiedad. Ahora soy una mujer feliz, no necesito nada más, y creo que ser madre no me haría más feliz de lo que soy ahora, creo que me haría una persona más preocupada. Así que, a pesar de que ser tía es maravilloso, ver a mi hermana siendo madre, privándose de tantas cosas, no solo materiales, sin tiempo de calidad y sin dormir, me ha quitado todas las ganas de serlo. 

Además, el hecho de sufrir por alguien de manera tan fuerte, tampoco me convence. No quería perderme la experiencia de ser madre y ahora tengo claro que en cada elección nos perdemos experiencias y que no pasa nada por no probarlas todas, si uno es feliz con su vida, para qué cambiarla.