Por necesidad o por interés personal, tarde o temprano suele llegar ese momento en el que buscar tu independencia. Algunos antes, otros después. Algunos con un abanico más amplio de opciones y otros sin mucho margen para elegir, a la mayoría se nos pasan muchas preguntas a la hora de dar este paso. 

 

Alquilar.

Pros: A nivel economónimo, si encuentras algo que te encaja, te desentiendes de seguros, reformas y mejoras, en principio, los caseros asumen esa parte. Además, puedes cambiar si te saturas de ese espacio, barrio, vecino o persona conviviente. 

Contras: Lo primero, poder permitirtelo (el precio de los alquileres está siendo inalcanzable o es solo impresión mia?). Que un día el contrato se termine y tengas que moverte a un sitio nuevo, con su consiguiente búsqueda, papeleo, mudanza. 

 

Comprar.

Pros: Tu casa es tuya. Sientes que es un lugar que cuidar, una inversión, un proyecto…que un día será tuyo y podrás decidir qué hacer con él. 

Contras: Hipoteca, seguro de vida, seguro de hogar, renovar la pintura, mantener la limpieza…

Alargar la estancia en casa de tus padres.

Pros: Seguramente y aunque te toque colaborar, el tiempo que pasas en casa de tus padres te dejas mimar y cuidar con comidas, limpiezas y compras. Además, tienes compañía, amor incondicional y si trabajas, es quizá el único tiempo de tu vida en el que vayas a ahorrar de esa manera. 

Contras: ¿Posible falta de libertad?

 

Debe ser la bajona de crecer, ser una adulta responsable, la sobrecarga del día a día que hoy, me lleva a pensar en la prisa que tenemos de volar del nido y lo cuesta arriba que se hace de vez en cuando. Tanto que hoy, sin llegar a los 40 pero casi, me encantaría hacerme un hueco en la cama grande entre papá y mamá.