Os leo desde hace años y veo mucha gente que cuenta sus historias a modo desahogo. Pues hoy quiero contar la mía. Necesito sacar esto de dentro porque lo sabe muy poca gente y me está consumiendo.

Llevaba con mi pareja 8 años, 6 de ellos viviendo juntos. Al principio, nuestra relación fue idílica. Él era un chico 10, era atento, super detallista y el novio perfecto. Nos conocimos a través de un amigo en común y fue un flechazo. Nos vimos por primera vez en la fiesta de cumpleaños de mi amigo, él era su compañero de trabajo. Esa noche ya nos intercambiamos los teléfono y no tardamos mucho en empezar a salir.

Todo fue maravilloso desde el principio. A los 2 años de relación nos fuimos a vivir juntos y al principio nos iba muy bien. Pero tengo que reconocer que había un aspecto de nuestra relación que fallaba: el sexo.

 

Yo siempre he sido muy activa en la cama. Me encanta innovar, probas cosas nuevas y no me cierro a nada. Él era muy tradicional. Del misionero no salía. Si hacíamos otras posturas que a mí podrían gustarme más, como por ejemplo el perrito, se excitaba demasiado y se corría en un minuto. Tampoco es que luego me compensara. Lo de bajarse al pilón no era su fuerte. En 8 años me lo comió en muy contadas ocasiones y no es que fuera el más diestro del mundo haciéndolo.

Los primero años de nuestro noviazgo yo no le daba demasiada importancia al sexo. Era un chico cariñoso, me trataba como a una reina y de cara a los demás éramos la pareja perfecta.

No me importaba no tener sexo a menudo y que cuando lo hacíamos, no me quedara satisfecha la mayoría de las veces. Teníamos una relación sana, de amor y respeto mutuo, y eso compensaba la falta de sexo.

Pero hacía el sexto año de relación, cuatro viviendo juntos, empezamos a distanciarnos. No solo sexualmente, que cada vez follábamos menos, también como pareja. Él empezó a quedarse hasta tarde en el ordenador trabajando, yo me quedaba sola viendo la televisión y cuando me aburría de esperarle, me acostaba.

Comencé a hacer planes sin él, porque cada vez le daba más pereza salir un sábado de casa. Y en uno de estos fines de semana que yo me iba de copas con mis amigos me encontré a mi ex. El típico novio que creo que hemos tenido todas que era un capullo integral, pero que te follaba como nadie.

 

Charlamos un rato, nos reímos, recordamos viejos tiempos y acabamos en su casa. Me corrí como nunca. Gocé más en una noche que en seis años con mi novio actual.

 

Pensé que se iba a quedar en una noche de sexo, pero no. Nos seguimos viendo. Las quedadas cada vez eran más cercanas entre sí. Hice cosas muy feas: irme un fin de semana con él y decirle a mi novio que me iba con unas amigas, follar con él sin protección sabiendo que podría poner a mi pareja en riesgo o hasta quedarme embarazada de mi amante. Y no hablemos de practicas sexuales muy cerdas que hacía con mi ex y que ni por asomo le habría propuesto a mi novio, porque se habría llevado las manos a la cabeza.

Pero si una cosa tenía clara es que no pensaba dejar a mi chico. Yo sabía que en la cama no funcionaba, pero en el resto de los aspectos nuestra relación era buena. Y yo no estaba dispuesta a tirar por la borda años de amor por engancharme a una persona, que follaba bien, pero que como pareja no valía nada.

Estuve dos años manteniendo relaciones sexuales con mi ex y viviendo con mi novio una vida de mentiras. Hasta que un buen día mi chico me dejó. Se había enamorado de otra, una compañera del trabajo, y había empezado una relación con ella.

¿Y qué pasó? Pues que a ojos de los demás quedó él como el hijo de puta que me había engañado y yo como la pobrecita cornuda. Cuando realmente él no hizo las cosas tan mal.

Ya no estábamos bien, hacía meses que parecíamos más compañeros de piso que pareja y se había fijado en otra persona. ¿Se había liado con ella estando conmigo? Si, pero en cuanto se dio cuenta de que se estaba enamorando de ella, fue sincero conmigo y me dejó.

¿Qué yo me aproveché de la situación? Pues también. Me hice la despechada, la dolida, cuando en realidad me importaba una mierda que me dejara porque hacía tiempo que no estábamos bien. Él tuvo las agallas de dar el paso que yo jamás me habría atrevido a dar: acabar con una relación que estaba muerta ya.

En la ruptura salí ganando. Él se sentía super culpable por lo que había hecho y me dejó quedarme con el coche, que era de los dos, con el piso, que era de alquiler pero se mudó él, y con todos los muebles, y no me pidió nada a cambio. Ni dinero, ni que repartiéramos las cosas. Nada. Se llevó su ropa y se fue.

Sé que fui una mala persona, le estuve engañando durante años y no lo sabe nadie. Y luego me hice la víctima delante de mis amigos y mi familia.

¿Y sabéis qué pasó con mi ex? Tras romper con mi pareja, seguimos viéndonos, pero poco a poco aquella pasión se fue desinflando. Ya no era una relación prohibida, así que, ambos, perdimos el interés y dejamos de acostarnos.

Ahora estoy sola y el que había sido mi novio durante 8 años, es feliz con la chica por la que me dejó, ya viven juntos y posiblemente no tardarán en anunciar boda o embarazo. ¿Habrá sido cosa del karma que me ha pasado factura?

 

Envía tus movidas a [email protected]