Mi ex reservó una escapada romántica con su novia actual usando mi tarjeta de crédito
Lo primero que pensé cuando vi el cargo en mi tarjeta fue: “¿En qué momento he decidido darme un capricho de 500 euros?” Porque, amigas, lo máximo que me permito últimamente es pedir extra de guacamole en el burrito. Sin embargo, ahí estaba: un pago a nombre de un hotel de lujo. Un hotel en el que, por supuesto, yo no había puesto un pie.

Soy una persona lógica, así que pensé en todas las posibilidades antes de entrar en pánico. ¿Me habré dado un golpe en la cabeza y reservado un viaje en estado de amnesia? ¿Me habrán hackeado la tarjeta para comprar toallas bordadas con iniciales que no son las mías? ¿Es esto un mensaje del universo diciéndome que necesito vacaciones?
Pero no. No era nada de eso. La realidad era mucho peor.
Un viaje, dos idiotas y cero vergüenza
Me puse a investigar, como buena detective aficionada con título honorífico en Stalking 2.0. Revisé cada detalle de la transacción y, tras mucho rascar, descubrí la verdad: el que había disfrutado de ese fin de semana de ensueño no era otro que mi queridísimo ex. Y, por si fuera poco, no fue solo. Se llevó a su nueva novia. A un hotel de cinco estrellas. Con mi dinero.

Ahora os preguntaréis: ¿cómo te enteraste? Bueno, porque los tortolitos decidieron inmortalizar su amor en Instagram. Sí, amigas, en la misma red social donde todavía tenía que ver su cara porque mi algoritmo se empeña en recordarme su existencia. Y, por supuesto, no perdieron la oportunidad de compartir su felicidad con frases profundas tipo «La vida es un viaje, disfrútala con quien amas» y fotos de desayunos en la cama con vistas al mar. Todo pagado, por supuesto, por mi tarjeta de crédito.
El arte de mantener la calma (o intentarlo)
Llegados a este punto, os estaréis preguntando cómo reaccioné. Pues bien, en un universo paralelo, llamé al hotel, los desenmascaré, aparecí en la recepción con una gabardina y gafas de sol y los pillé en pleno brindis con mi dinero. En la vida real, llamé al banco con voz de persona seria que no está a punto de perder los papeles y puse una reclamación.
Resulta que el pago se hizo a través de una aplicación con beneficios de empresa que yo misma había compartido con él en su momento. Como una ingenua, jamás pensé en desvincular mi tarjeta cuando nos separamos. Y claro, él, lejos de avisarme o eliminarla, decidió aprovechar la oportunidad para regalarse una escapada romántica.

Y no, no os penséis que mi ex pidió perdón o intentó disimular. En cuanto le escribí para preguntarle qué demonios había pasado, me soltó un: “¡¿En serio te lo han cobrado a ti?! No tenía ni idea, pensaba que lo había pagado con mi tarjeta”. Claro, porque las reservas se pagan solas, ¿verdad? Qué despiste más conveniente.
Lo mejor fue su promesa de “Lo iba a devolver en cuanto me diera cuenta”. Seguro que justo después de ese masaje en pareja.
Moraleja: revisad siempre vuestros movimientos bancarios
Después de este episodio surrealista, aprendí dos cosas muy importantes:
- Revisad vuestras tarjetas y aplicaciones de pago. Nunca sabéis qué parásito del pasado sigue enganchado a vuestra cuenta sin darse “ni cuenta”.
- Algunos ex no tienen vergüenza ni límite. Y, lo mejor de todo, es que cuando los pillas, se hacen los sorprendidos.
Al final, el banco me devolvió el dinero, pero lo que nunca me devolverán es la capacidad de ver una suite con pétalos de rosa sin sentir una leve náusea. Eso sí, la próxima escapada de lujo me la pago yo, y esta vez no habrá ninguna sanguijuela colándose en la factura.
(*) Relato escrito por una colaboradora basado en la historia real.