Estoy aprendiendo a ser madre de un adolescente.
Ya casi había aprendido a ser madre de un niño, cuando de repente deja de serlo, para transformarse en un ser desconocido.
Sigues queriéndolo con locura. Sigue siendo tu niño precioso, ese que no podía vivir sin tus besos de buenas noches. El que quería estar contigo a todas horas y en todas partes. Si sí en todas, pero todas partes. Ese niño de pelo rizado y grandes ojos verdes, que lloraba cuando te ibas de casa sin él y que al regresar te daba los mejores abrazos del mundo. Ese pequeño que cada noche te decía: mami te quiero de aquí a la luna y volver y volver hasta la luna y volver… hasta que tenías que pedirle que parara, porque había que dormir.
Ese pequeño va creciendo poco a poco y verlo crecer es lo mejor que te ha pasado nunca.
Pero como cuesta, como cambia todo. Por supuesto ya no quiere besos de buenas noches, tampoco te está esperando con ganas. Ahora te pregunta cuando te vas y a que hora vuelves. Para a veces decirte, jo que pronto.

Ya decide que ponerse, que suele ser una camiseta de algún equipo de fútbol y un pantalón corto, que aunque tú lo odies, le dices que si puede ir así, solo para que se de prisa. Porque claro nunca, nunca jamás tiene prisa. No sabe que es eso.
Cambia la forma en la que te habla, ahora responde con monosílabos a casi todo. ¿Comiste? Aja. ¿Hiciste tus tareas? Claro. Y mi preferida ¿qué haces? Nada. Y así pasamos medio día intentando comunicarnos. Hasta que de repente y de vez en cuando te dice, mamá, ¿vemos una peli o algo? Esa peli nunca, pero nunca las vas a elegir tú, pero te da igual con tal de que quiera hacer algo contigo. Porque ya casi nunca te acompaña, no le apetece.
Aún con todo eso, sigue siendo tu pequeño. Sigues intentándolo. Solo quieres que sea buena persona y que disfrute de su vida, que aprenda a enfrentarse con ella y le enseñas que no es fácil, pero que se puede. A veces no te escucha, claro. Pero tú sigues, aunque te mire y te diga, que sí mamá, que lo sé.
Aunque él se ve mayor, todavía no lo es. Sigue contándome sus cosas. Hablamos de todo. Aprovecho cada momento, para seguir disfrutando de lo que quede de niñez y para construir juntos el siguiente paso.
Cuando termine sus estudios, cuando saque su carné de conducir o cuando le rompan el corazón. Yo estaré ahí y él siempre, siempre será mi niño precioso.
Yanes