Mi amiga era de las pocas del grupo que, pasados ampliamente los 35, nunca había tenido pareja estable. Algún escarceo, alguna que otra relación fallida, pero no nada más. Aguantó durante años la condescendencia lastimera de aquellas amigas que solo ven la vida convencional como única opción (casa propia, marido, hijos). Aguantó las idas y venidas de las solteras temporales del grupo, esas que han ido de relación y relación y, entre una y otra, la llamaban todos los fines de semana para salir. Sabían que ella siempre tendría plan, sin importar con quién. Al poco tiempo conocían a otro y dejaban de llamarla durante meses.
Yo admiraba a mi amiga de un modo genuino, no desde la compasión. La admiraba porque era feliz con su vida, con sus planes y con los círculos que tenía. Se la veía igual de contenta en una noche de amigas, que en un partido de fútbol de su sobrino con toda la familia o en una cena improvisada de viernes noche con alguna pareja de amigos. Siempre fue consciente de sus cualidades físicas y personales, pero también vivía en paz con la idea de que, tal vez, no encontraría a un compañero respetuoso que supiera valorarlas. No pensaba forzar nada, como sí hicieron aquellas que jamás pusieron límites, porque lo importante era tener pareja y formar familia.
Pero, un buen día, el amor llamó a su puerta y mi amiga “desapareció”. Lo pongo entre comillas para que nadie piense que está leyendo un crónica true crimen, pero lo cierto es que “desaparición” es un concepto bastante adecuado para lo que le pasó a ella.
Hasta siempre, gente
Mi amiga conoció a un hombre y se enamoró perdidamente desde el primer momento. Ella, que nunca pensó en forzar relaciones, se lanzó a la piscina sin saber si estaba llena. Si hubo alguna bandera roja, la ignoró por completo.
Pasó de no entrar en casa a no salir de ella. Se fueron a vivir juntos al mes, y a los seis ya estaban hablando de dejar el alquiler y arreglar una vieja casa de pueblo que tenía su familia, en la que no le había dado por invertir en 10 años.
Se borró progresivamente de todos los planes a los que antes no faltaba. Ya apenas se la ve en eventos de ningún tipo, ni cumpleaños, ni quedadas entre semana, ni planes especiales de los findes. Si viene, es con él, obviamente. Muchas veces también con el hijo que él tuvo en una relación anterior, al que ve a través de un régimen de visitas.

Es perfectamente comprensible que sus prioridades en la vida hayan cambiado y, donde antes ella tenía tiempo para todo el mundo, ahora solo lo tiene para él. Muchas de las que la critican lo hacen porque sienten que han perdido el “privilegio” de tener una amiga que estaba ahí para todo y para todos, cuando la realidad es que se aprovechaban de ella y no le daban la reciprocidad que merecía.
Lo que me sorprende es que mi amiga haya cambiado no ya de estilo de vida, preferencias o aficiones, sino de personalidad. Ella era una persona familiar, y ahora su familia se reduce a él y al niño. Era locuaz y divertida, y ahora solo habla de él y del niño. No tiene más planes ni más conversación, y no es solo fruto del enamoramiento inicial. Pasan los meses y va a peor.
A mi amiga se la ha tragado su relación de pareja. Está irreconocible, no es ella, y no tiene pinta de que vaya a volver. No creo que tenga nada que ver con él, que parece un hombre normal y que la trata como se merece. Ha sido ella sola la que ha procedido al práctico abandono de todo su entorno, a que ni esté ni se la espere. Ha dejado de ser esa persona interesante y divertida que era a ser monotemática y sosa cuando está con él y cuando no. ¿Es esto normal?
Me queda la sensación de que esa presunta independencia, esa paz mental y esa oposición a los convencionalismos forzados y a la presión social que yo tanto admiraba en mi amiga eran pura fachada. Viéndola como la veo, parece que estaba deseando encontrar a alguien que la correspondiera y sumergirse en una burbuja en la que no es que él sea la prioridad, es que el resto del mundo sobra. Nunca se lo diría ni ella tiene que hacerse cargo de mis expectativas o de mi idea de cómo es o era, pero no puedo evitar sentirme decepcionada. ¿Os ha pasado algo similar?