Es difícil crecer al lado de un árbol que da la sombra muy alta. Me refiero a mi hermana. Mucho más si además naces después que ella y escuchas todos los días de tu vida, de boca de tus padres y de otros familiares, llenos de orgullo, que, como ella, ninguna. Ya sabéis, antes lo de la crianza respetuosa y la pedagogía se lo pasaban por el forro y no se molestaban ni en disimular. Hace poco le dije a mi madre que esa frase la decían ellos habitualmente y se ha echado las manos a la cabeza. A buenas horas. Dice que no se acuerda pero que le resulta difícil de creer. Que me lo digan a mí.
En fin. Este ser celestial es mi hermana mayor, tengo dos hermanos más pero son chicos, y que queréis que os diga, también se han visto afectados por el nivel de perfección de la primogénita, pero considero que no de la misma manera, ya que de mí siempre se ha esperado que fuese de alguna manera como ella, que siguiese sus pasos. Seguramente por eso de ser también chica pretendían que yo fuese una mini ella, pero nada más lejos de la realidad.
Mi hermana fue una estudiante brillante donde las hubiera, es una trabajadora incansable, tiene una inteligencia suprema y un carácter arrollador, además de que es bonita como pocas. Qué fácil me lo puso la vida. He crecido sabiéndome una persona muy del montón, mucho más si se me comparaba constantemente con ella, como todo el mundo hacía. En una vida paralela, sin una hermana que pusiera el listón tan alto, yo hubiera sido una chica normal, pero a su lado en cambio, siempre me han hecho sentir una fracasada.
Cuando ella sacaba matrículas en ciencias, yo era incapaz de aprobar las matemáticas de primero de secundaria. Cuando ella hacía una ingeniería, yo no daba nota para una carrera medio decente. Cuando ella entraba en una talla 36, yo calzaba una 44. Todo facilidades. Más, cuando todos te lo recuerdan casi a diario.
No culpo al ambiente de mis desgracias, para nada. Pero es un hecho que es un caldo de cultivo perfecto para tener una hija endiosada y narcisista y otra a falta de la más elemental autoestima, como así somos las dos.
Mi hermana es una crack, a los hechos me remito, pero es cierto que también mira siempre por encima del hombro y se cree por encima del bien y del mal. La tía la verdad es que se cuida y es una persona de éxito en general, en el trabajo, en la vida. Yo entre tanto, sobrevivo como puedo, con un sueldo corriente y una profesión que no me gusta. Siempre hemos sido así en todo, ella la ganadora y yo la perdedora.
Desde niña, la situación tampoco me dejó mucho más margen para poder tener otro rol, sintiéndome comparada siempre con una persona tan brillante y completa y siendo yo alguien que no sobresale por nada. Quiero decir con esto que no es que yo me quiera comparar siempre, porque somos dos personas independientes y no tendría por qué ser así, es que ha sido así el discurrir de mi vida, porque siempre me han hecho sentir que crecía en oposición a ella, como si fuésemos en pack, el blanco y el negro, el yin y yang. Y siempre me ha tocado a mí la posición de la connotación negativa, qué curioso.
No podíamos ser las dos listas o guapas, no. “Mi mayor es un cerebrito. A mi chica en cambio le cuesta mucho”. “A mi mayor le tengo que achuchar para que coma. A mi chica en cambio tengo que frenarla”. “Mi mayor es de ciencias total, va a triunfar en la vida. Mi chica es de letras, veremos a ver qué consigue hacer”. Y así hasta el infinito. Por favor, no comparéis a vuestros hijos porque es algo que marca para siempre.