Bollodrama: Probé un gel erótico me ardió “literalmente” el pussy.

 

Cuando descubrí mi lesbianismo y empecé a salir con mi primera novia, también descubrí una gran variedad de productos eróticos por los que siempre había sentido mucha curiosidad pero que estando con tíos, jamás me había atrevido pedir o probar. Aún con todas mis ganas, mi primera experiencia no fue muy agradable que digamos… 

Un par de meses antes de todo eso y paseando con mi novia por el centro de la ciudad, dimos con una tienda erótica y decidimos entrar. Dentro habían un montón de cosas que ya podemos imaginar, pero a mi, al margen de dildos, vibradores y cosas por el estilo, lo que siempre había querido experimentar eran esos geles de frío o calor que se suponía que te hacían sentir un placer que flipas. Obviamente se lo comenté a mi novia muy entusiasmada pero ella, aunque no me mostró desagrado, pasó un poco del tema. Yo no perdí las esperanzas y aunque no compré ningún gel ese día ni esa semana, me guardé la idea para ir tanteándole y así un día poder aparecer con una de esas cosas por sorpresa y con muchas ganas por ambas partes de darle caña.

Y fue el día de mi cumpleaños cuando llegó la sorpresa: estando las dos de cena y después de darme un regalo, me dijo que cuando llegáramos a su casa tenía preparado el regalo número 2.

Nos fuimos sin tomar los postres y pillando rapidito un taxi y cuando llegamos, en su dormitorio había una pequeña cesta con varios geles, aceites, lubricantes, etc… todo un kit para rozarse a base de bien. No pudimos probarlo todo esa misma noche pero decidí empezar con un buen masaje embadurnándonos con uno de esos aceites afrodisíacos para ir calentándonos y para cuando ya estuviéramos muy cachondas, seguir con la segunda parte: el gel.

Ella tomó la iniciativa de empezar aplicándolo alrededor de la vagina y del clítoris. Cabe decir que antes de todo esto ni nos habíamos planteado mirar si había instrucciones con modo de empleo, es más, no recuerdo si las había o no. El caso es que después de haberme puesto el gel por ahí, no notaba yo mucha cosa especial y al comentárselo decidió aplicarlo por el interior de la vagina y se desató el horror. No fue totalmente inmediato pero si que a los pocos segundos empezó a subir un calor en toda la zona que acabó transformándose en ardor y escozor. Tenía literalmente el “pussy on fire”. No me puse a chillar porque había gente decente durmiendo en la habitación de al lado pero si que en voz baja/fuerte le empecé a pedir agua y agua. Era lo único que podía decir con palabras. Como si se tratara de telepatía ella entendió perfectamente lo que estaba pasando, quizás también porque en mi cara se veía muy claro y me sacó de la cama corriendo para llevarme a la ducha donde me pude empezar a aliviar más o menos mientras ella insistía en pasar por urgencias, cosa que yo ni loca, me moría de vergüenza ir para una cosa así. 

Cuando ya pude recobrar el habla y la compostura la única descripción gráfica que le pude dar es que me había sentido como si me hubiera restregado la “zona” con una planta de ortigas, pero que afortunadamente ya me encontraba mejor. Como era de esperar, aquello cortó el polvazo que tenía que darse esa noche aunque lo peor vino unos días más tarde cuando me llegó mi primera candidiasis y pasar por la ginecóloga para contarle lo tonto de mis perversiones. 

Así que chicas, ya sabéis, si vais a usar geles no os flipéis con ellos o fliparéis vosotras y a poder ser, mirad de leeros antes las instrucciones o lo que sea que esté escrito en la caja. Os ahorraréis movidas importantes.

By Mrs Ham.