Cariño ¡Tengo un papiloma!
Por Dalia
Todo empezó cuando mi médica de cabecera, una doctora extraordinaria y que me conoce desde hace muchos años, me sugirió que acudiese a una unidad especializada en salud sexual femenina para someterme a unas pruebas. Todo esto vino porque le dejé caer a mi doctora que consideraba que no debía esperar mucho más tiempo para plantearme ser madre, ahora que tengo una pareja estable con la cual convivo y un proyecto en común. Con la misma le comenté a mi pareja que en unos días iría a dicho centro para hacerme una revisión rutinaria. Cuando me citó la ginecóloga, me explicó que consideraban importante realizar un test específico de VPH y recoger unas muestras del cuello del útero.
La primera sorpresa llegó cuando fui consciente por primera vez en mi vida de que mis citologías anuales no mostraban “si estaba limpia de ITS”. Mi pregunta fue muy directa ¿Entonces para que me hago pruebas anuales si no es para saber que está todo ok? Parece ser que di por supuesto cosas que no existen en nuestro sistema sanitario. He estado años sometiéndome a pruebas solamente para descartar si había algún patógeno dañino en mi cuerpo, pero en ningún momento para descartar la presencia de ITS. ¡Sorpresa! ¡Por qué nunca nadie me ha explicado esto hasta los 38 años de edad!
Cuando llegué a casa, no quise hablar del tema. De repente sentí una gran culpa por haber tenido una vida sexual activa durante mi vida adulta. Empecé a repasar mentalmente todas las posibilidades de contagio desde hacía diez años. La ansiedad fue en aumento hasta el día que me presenté en el hospital para recoger los resultados, resultaron ser positivos en una cepa de VPH.
En el hospital, observaba al doctor tratándome con cierta superioridad moral y explicándome como si fuera una adolescente sobre los peligros de no usar condón y de tener una vida sexual irresponsable. Por supuesto no di explicaciones, pero la verdad es que siempre mostré respeto por las ITS. Esa mañana me dejaron muy claro que el VPH no tiene cura, no tiene tratamiento y que puede causar cáncer de cérvix, incluso me dieron un porcentaje de afectadas que me hizo daño.
Cuando llegué a casa el nivel de culpabilidad iba en aumento. Seguí callada durante unos días tratando de componer ese puzle en mi cabeza. Cuando mi novio quería tener relaciones sexuales, lo evitaba sin darle explicaciones. ¿Qué iba a decirle? ¡Cariño, tengo un papiloma! La verdad es que le había comentado durante los últimos cuatros años que me sometía a pruebas regularmente y que estaba todo bien. ¿Va a pensar que he estado con otros? ¡Con lo escrupuloso que es seguro que me va a rechazar! Y, fue así con esa ansiedad tan brutal cuando me fui a casa de mis padres para alejarme de mi pareja.
¿Cómo vamos a utilizar preservativo si pretendemos tener un hijo? La pregunta era bastante obvia. Llamé a mi médica de cabecera y le pregunté si había alguna manera de saber si mi pareja tenía VPH. Aquí llegó la siguiente sorpresa, los hombres son portadores de VPH pero no existen test para ellos, porque pueden tenerlo desde la punta del pene hasta el ano y no causar ningún síntoma en ellos. ¡Ostras qué magnífico no!
Entonces mi médica me aconsejó buscar apoyo en alguien que me ayudase a canalizar la situación y trabajarme esos sentimientos de culpa y rechazo. Accedí a e esto y poco a poco fui informándome de que el VPH es una de las ITS más frecuentes y comunes en la población, que existen 120 cepas diferentes y que efectivamente está detrás del 99% de los casos de cáncer de cérvix. En la mayor parte de los casos es asintomática y no está directamente relacionada con el número de parejas sexuales que tenga una mujer (¡El VPH no es una infección sólo de mujeres frescas e irresponsables!). El condón nos ayuda a reducir la posibilidad de contagio pero no siempre en un 100% de los casos, siendo la única barrera que tenemos. A veces el VPH se va, el cuerpo consigue eliminarlo, y si… empieza a haber tratamientos para el VPH. Supuso un alivio saber que no supone un riesgo para una mujer embarazada, el bebé, ni el parto.
La mujer que tenía en frente me lanzó una pregunta que me llevó a otra que no me había planteado hasta entonces ¿Cómo puedes garantizar que tu novio no tiene VPH? Me has contado que tenéis pensado tener familia, con lo cual, probablemente habéis tenido contacto sexual sin preservativo ¿Cómo sabes que no es el portador?
Ese día algo se movió en mi cerebro. Conduje hasta casa, preparé la cena y cuando mi novio estaba sentado en la mesa se lo dije – ¡Cariño, tengo un papiloma! Y fue una liberación.
Por favor, vacunad a vuestras hijas/as contra el VPH (está en nuestras cartillas de vacunación desde el año 2008).

