Yo no sabría definir lo que viví con mi ex como machismo, inseguridad, control, necesidad de dominio o actitud retrógrada. Lo que sé es que el comportamiento de algunos no tiene límite.

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Me engañaba con otra desde hacía casi un año. Me enteré de casualidad una vez que, no estando en casa, no sé ni por qué, me dio por investigar su ordenador. Era algo que no hacía nunca, pero no sé qué sexto sentido o intuición femenina me llevó a hacerlo. Y, basándome en el hecho de que estaba casada con un cínico sin escrúpulos, y sumándole el factor de que quien busca, encuentra, pues encontré.  Y lo que encontré no me lo hubiera imaginado nunca, al menos en ese momento vital.  

Convencida yo de que tenía un matrimonio perfecto. Orgullosa de la familia que había construido. Enamorada de alguien con quien creía que todo era recíproco. Segura al cien por cien de que lo tenía todo, y lo que tenía era una mierda. Un engaño. Un hombre que me la estaba pegando sin más.  No por falta de nada en casa, por que sí, porque él lo valía o eso era lo que se creía. La crisis de los cuarenta, dicen, pero no he sentido en mi vida excusa más pueril que esa.

A partir de aquí empieza para mí una época de reconstrucción, que pasa por las fases típicas de la separación traumática. Ruptura, dolor, desengaño, duelo, aceptación… bla bla, bla … Todo un trabajo de esfuerzo y dedicación  que me costó sudor y lágrimas llevar a cabo, pero una saca fuerzas de donde no hay, más aún cuando no queda otra, y entre fiesta y fiesta, viajecitos y nuevos propósitos fui saliendo adelante casi sin darme cuenta. 

El hecho de estar sola me brindó la oportunidad de tener alguna que otra aventurilla.  Que una todavía estaba de buen ver y que a nadie le amarga un dulce. Así que cuando me apeteció me di algún gustazo con quien yo quise y sin ningún remordimiento. No le debía nada a nadie.

¿Algún problema? No, ninguno, o en principio no debería existir.

Pues no es verdad. Por lo que me enteré, el pavo estaba rabiando sólo de pensar que ahora tenía carta blanca para trajinarme a quien yo quisiera, así de claro, y en concreto tenía puesto entre ceja y ceja a un amigo en común, uno que era más joven, alto y guapo que él. Así lo manifestó a los de la pandilla, que no tardaron en hacérmelo saber. 

¿Así que eso es lo que le va a joder? Pues le van a dar,  y bien.  Y como tampoco necesitaba yo mucho  mucho para atraer al lado masculino pues no me faltó tiempo para tirar la caña al “amigo guapo” y él no dudó ni un segundo en acceder. Tuvimos una especie de romance pasajero, una relación de esas que yo llamo “chico bombero” porque es el que te rescata de la catástrofe, el primero que llega cuando todo aún está ardiendo. Me sacó la manguera, extinguió la llama (la del dolor) y me salvó.

Y yo no sé si le llegó la información a mi ex, ni me importó lo más mínimo, porque las mujeres tenemos otra manera de comportarnos. Al menos yo, no necesité hacérselo saber.  Me bastó gozar de lo lindo con quien en principio ni me hubiera imaginado, pero que visto lo visto, si antes lo llego a saber…

 

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