Llega un momento en la vida en el que te das cuenta de que las apps de citas no son un buffet libre, sino más bien un mercadillo de rebajas con taras escondidas.
Porque si tienes más de 40 y sigues en el mercado las opciones que te encuentras son, básicamente, tres:
1️⃣ El divorciado con mochila emocional de equipaje de mano.
2️⃣ El soltero de toda la vida que sigue viviendo con sus padres.
3️⃣ Los veinteañeros que ven en ti una milf con personalidad y solvencia económica.
Y, sinceramente, después de varias citas desastrosas empiezo a plantearme si el filtro de edad no es mi enemigo número uno.
Opción 1: El divorciado con más pasado que futuro
Que levante la mano quien no haya quedado con un divorciado que dice que «su ex es una loca». SOS SAMUR.
Porque el 95% de los divorciados en Tinder tienen una ex «loca» y un trauma sin gestionar, pero aún así juran que están listos para una relación seria.
Hasta que rascas un poco y te das cuenta de que:
- Habla de su ex más de lo que habla de ti. No la supera, pero “ya está listo para rehacer su vida” (spoiler: no lo está).
- Tiene hijos adolescentes que odian a cualquiera que no sea su madre, así que lo vuestro es un secreto de Estado.
- Su concepto de relación «sin ataduras» es que tú estés 100% disponible mientras él sigue a su ritmo.
Y claro, cuando le dices que igual debería resolver su vida antes de meterse en una relación, se ofende y te dice que «es que hoy en día las mujeres sois muy exigentes».
Amigo, lo que soy es práctica.

Opción 2: El soltero con mamitis crónica
Y luego están los solteros de 50 y pico que siguen en la habitación de su adolescencia, solo que ahora con más alopecia y una cafetera Nespresso.
- No se ha casado, no ha convivido con nadie, su mayor relación ha sido con su PlayStation 2.
- La última vez que cocinó algo más complejo que un sándwich, España aún tenía pesetas.
- Si se pone malo, es su madre la que le hace la sopa.
¿Y tú qué pintas en su vida? Ser la sustituta de su madre cuando ella no esté.
No, gracias. Paco.

Opción 3: ¿Bajamos el filtro y nos quedamos con los veinteañeros?
Y aquí es cuando una empieza a plantearse si lo de salir con un chaval de 25-30 no es lo más lógico.
Porque sí, igual al principio te sientes un poco couguar. Igual tu cultura pop y la suya no coinciden (él no ha visto un fax en su vida y tú recuerdas con claridad cuando los móviles solo servían para llamar).
Pero por otro lado:
- No tienen mochilas emocionales gigantescas.
- No han desarrollado aún el cinismo de los tíos mayores.
- Tienen ganas de hacer planes, de viajar, de probar cosas nuevas.
Y sinceramente, cuanto más citas tengo, más me convence esta opción.

¿Y si la clave es dejar de poner límites absurdos?
Porque nos han vendido la idea de que tenemos que salir con gente de nuestra edad, pero si los hombres de mi generación están traumatizados, anclados en su zona de confort o sin ganas de evolucionar, ¿por qué me voy a quedar aquí por obligación?
Si con 40 y pico mis intereses, mis planes y mi forma de vivir encajan mejor con los de alguien de 30, ¿qué problema hay?
Así que sí, igual es hora de cambiar el chip. Porque más vale un veinteañero con mentalidad de futuro que un cincuentón con alma de adolescente que aún no sabe ni usar la lavadora.