Una historia de la vida real y aparentemente un modus operandi bastante común y perturbador en las apps de citas.
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Era una de esas noches, en las que te sientes particularmente sola, que la soltería pega duro y que uno simplemente quiere alguien que te de una buena revolcada y después hacer como si no pasó nada. Si te he visto, ni me acuerdo.
La necesidad era muy básica, muy carnal así que me fui directo a una de esas apps que no deja espacios para decidir si salir, o iniciar una amistad. Es una app exclusivamente para quedar a follar que es justo lo que yo quería.
Pronto lo encontré, justo el tipo de hombre que quería que me montara. Se hacía llamar Nórdico y por buenos motivos, era un rubio alto, cabello largo, y con más músculos que un toro. Me dijo que era alemán, pero había crecido en Canarias por lo que hablaba perfectamente castellano. Era precioso, estaba buenísimo, y era hasta gracioso el condenado. Intercambiamos fotos, vídeos, audios y más tarde esa misma noche, quedamos para vernos ya que yo estaba desesperada. Por favor recordar nivel de desespero más adelante, que es parte importante de mi historia.
Cuando iba de camino a la dirección que me envió, me dijo que aún estaba en el gym pero que iba saliendo y debía llegar primero que yo, ya que el gimnasio le quedaba bastante cerca. Al anunciarle que había llegado, me dijo que llegaba en cuestión de segundos pero que su compañero me abría y así lo hicimos. Piqué y un chico que tendría la edad de Nórdico, pero apenas un tres por ciento de su atractivo, me abrió la puerta.
Fue amable, me invitó a pasar, a sentarme y hasta una fanta. Comenzamos a conversar y pensé que era un tío jodidamente amable al ponerle tanto empeño para entretener a la folloamiga de su compañero de piso. Hablamos un poco más y más y más y mientras eso pasaba, Nórdico dejó de contestar. Su compañero me dijo que de seguro se había encontrado a alguien y se habría entretenido o quizás estaba comprando algo y como nuestra charla era de lo más amena, no me inquiete. Pasada poco más de una hora me dice que el Nórdico le ha dicho que no llegará. Al principio me dio mala leche, pero luego comenzó a hablarme mal del tío, que a veces hacia eso, que no lo entendía, que mira que dejar plantada una chica como yo… y ahí empezó el coqueteo. El compañero no era para nada mi estilo, y ciertamente estaba muy lejos de ser el Nórdico, pero no estaba tan mal, era amable, y es importante recordar que yo venía segregando fluidos desde temprano y me había prometido a mí misma un acoston esa noche. Fue así como el compañero fue suficiente y un par de halagos después, nos fuimos a su habitación.
No estoy segura de en qué momento lo supe, puede que haya sido cuando aún estaba en su casa y noté que no había señales de que vivirán dos personas ahí, o cuando ya no estuve tan cachonda y pude volver a pensar, y me di cuenta de que el Nórdico tenía más pinta de estrella de cine que de humano corriente. O quizás fue cuando volví a entrar en la app y vi que la cuenta estaba eliminada, pero algo hizo click y me di cuenta que el Nórdico nunca existió, y fue más una jugarreta del otro tío que, aunque lo quiero juzgar, le salió bastante bien. Cuando llegue a ese piso ya estaba casi que lista así que presa difícil no era.
Compartí mis conclusiones con varias de mis amigas solteras que se que usan apps, y una de ellas me confirmó que se hecho es algo “bastante” común que suele hacerse.
De normal no tiene nada, hasta me parece que debería ser ilegal. Pero bueno culpa mía de creer que el clon de Chris Hemsworth quería follar conmigo.