Si eres mujer es muy posible que la relación con tu cuerpo nunca haya sido demasiado buena. Tristemente, nos pasa a todas en mayor o menor medida. Los medios de comunicación nos bombardean con información de cómo debería ser el cuerpo ideal y es complicado, por muy concienciadas que estemos, no sucumbir ante la presión.
Si a esto le sumamos la naturaleza cambiante de las redes sociales, se convierte en todo un circo de los horrores. Lo que consideramos normativo pasa a ser algo totalmente diferente de una semana para otra y se vuelve del todo imposible alcanzar esos estándares. Hay que hacer todo un ejercicio mental para intentar que esto no nos afecte, pues incluso despegándose de las pantallas, en ocasiones hay personas que señalan partes de tu cuerpo como si tuvieran la potestad de opinar sobre ellas.
La disforia que sentimos hacia nuestros cuerpos es un tema lejos de lo trivial, y puede hacer que no tomemos las mejores decisiones para nuestra salud. Hace poco me diagnosticaron endometriosis y me dijeron que debía tomar pastillas anticonceptivas para evitar que crecieran quistes, ya que estos podían causarme mucho dolor, complicaciones e incluso la infertilidad.
Muchas mujeres son reacias a tomar anticonceptivas porque pueden tener efectos secundarios bastante graves, como aumentar la posibilidad de padecer trombosis o algún tipo de cáncer. Antes de continuar, me gustaría aclarar que las anticonceptivas no son nuestro enemigo. Evidentemente, pudiendo escoger, es mejor no tomarlas, y también es horrible la facilidad con la que las recetan, como si fueran caramelos, sin investigar tan apenas tus antecedentes patológicos. No obstante, que aumente probabilidades de patologías no significa que te vaya a pasar a ti, y es mejor medicarse para no sufrir que no tratarse por miedo a un “y si”.
Sin embargo, ese no era mi caso. Y me da cierta vergüenza admitirlo. Lo que me daba más miedo de tomarme las pastillas anticonceptivas era engordar. Sí, señoras. Nos han comido tanto la cabeza con los cánones de belleza que en mi mente merecía más la pena vivir con dolor y en riesgo de empeorar que (tal vez) engordar algún kilo.
Por suerte entré en razón y decidí empezar con las pastillas. Me siento muy afortunada porque no tengo demasiados efectos secundarios y mis dolores han mejorado significativamente. Mi miedo a engordar no se ha ido, pero cada vez que viene a mi mente, me recuerdo que merezco estar sana y que, con o sin pastillas, el cuerpo cambia a lo largo de los años.
No tengo claro si he engordado, porque decido de manera activa tener hábitos saludables y no pesarme para no generar una obsesión disfrazada de autocuidado. Lo que sí sé es que mis pechos han crecido. Habrá algunas que lo lean con cierta envidia, pero para mí no es algo positivo, nunca me ha gustado tener mucho pecho y me angustia la idea de tener más.
Pero cada día intento trabajarlo y quererme. Miro mi cuerpo y le doy las gracias por aceptar las anticonceptivas con solo esa repercusión. Soy consciente de que muchas mujeres experimentan cambios de humor y otros efectos secundarios muy complejos, así que tengo mucha suerte de que la consecuencia sea meramente estética. Cada vez que me duele mi nuevo físico, procuro pensar en todos los aspectos en los que ha mejorado mi vida: tengo menos dolor, más energía, más felicidad. Y poquito a poquito acepto que el cambio siempre será positivo si la salud gana a los complejos.
Laura CJ
