CÓMO NO DEJAR QUE UNA PAREJA CAMBIE TU PERSONALIDAD SEXUAL.
Realmente el título debería ser un “por qué” y no un “cómo” porque está claro que si hubiera sabido cómo, no hubiera permitido que me pasase a mí, y lo permití.
Para hablar de esta historia tenemos que remontarnos al 2013 y a una María de 22 añitos. Acababa de salir de una relación de 6 años muy bonita y cuyo final me había dejado destrozada. Esa primera relación duradera, fue también mi primer compañero sexual. Sin embargo pese a ser el primero y pillarme sin experiencia, con los años fluimos mucho. Digamos que como las buenas parejas, también éramos buenos amantes (todo lo buen amante que un adolescente sin experiencia puede ser).
Constantemente nos apetecía probar cosas nuevas y lo hacíamos, sin tabúes, saliera bien o mal. Por tanto, aunque la relación se acabase, considero aún hoy en día que durante aquellos 6 años se forjó la que hoy reconozco como mi identidad sexual.

Me considero de mente bastante abierta, me encanta todo lo que tiene que ver con el sexo y mi disfrute: la masturbación, el porno, los juguetes sexuales, etc. Y si bien es cierto que no me gustan todas las prácticas, respeto todas y cada una de ellas siempre que sean consentidas por ambas partes.
Pues bien, después de dejarlo con mi expareja, conocí a un chico unos 8 años mayor que yo y mi dependencia emocional me jugó una gran mala pasada que arrastré durante 9 largos años (sí hijas, aquí una que no entiende de relaciones cortas).
Nunca, ni siquiera al principio, todo fue bonito. Era un chico majo y que no me trataba mal, pero con 0 inteligencia emocional, 0 apego y demasiados tabúes sexuales. Fue entonces cuando debí salir corriendo, pero no lo hice. Y me quedé ahí, al lado de una persona para ver cómo me minaba sexualmente (entre otros aspectos que también salieron minados de esa relación).
Al principio, las relaciones sexuales con mi pareja eran bastante descafeinadas, pero como él decía tener poca experiencia pensaba que poco a poco lo iríamos mejorando si trabajábamos en ello. Otro error más. Mi segundo ex no tenía ninguna intención ni en hablar de sexo ni en intentar mejorarlo. Por mucho que yo le explicase mis gustos y mis preferencias, de cara a la siguiente relación sexual parecía que todo se le había olvidado y volvíamos a empezar de 0.
Estuvimos así muchos años, hasta que mi yo interior empezó a revolucionarse. Es posible que leer las novelas de Noemí Casquet, Zorras, Malas y Libres, tuviera algo que ver. Es algo de lo que no tengo pruebas, pero tampoco dudas. Al acabar de leerlas me sentí muy frustrada. Yo era una chica que me consideraba sexualmente muy activa, fogosa, con ganas de probar cosas nuevas y experimentar tanto con mi cuerpo como con el de mi pareja, sin embargo me había visto relegada a dos polvos malos al mes, totalmente aburridos y en los que en la mayoría de veces fingía mis orgasmos.

Fue entonces cuando intenté volver al ataque, aunque fuera sola. Me compré mi primer Satisfyer, volví a ver porno, a masturbarme y a disfrutar de mi sexualidad en solitario.
En un principio a mi ahora ex parecía gustarle, sin embargo la alegría duró poco. Tras mi “liberación sexual” empecé a escuchar comentarios como “es que te gustan cosas de guarras”, “pareces una suelta”, “esas cosas son de puta” y un largo etc. Y NO!! NUEVAMENTE NO HUÍ DE ALLÍ!!!

Cuando salíamos a cenar con amigos, o incluso en más de una comida familiar, decía cosas en voz alta tipo “sí sí, ella parece muy suelta pero luego yo nunca follo” o “yo hasta que no folle mínimo dos veces por semana, no pienso pedirle matrimonio”. Y yo agachaba la cabeza cuando lo único que me apetecía era levantarme de la mesa y gritarle “No, no follas. Y no lo haces porque no sabes follar. Porque me he esforzado en decirte mis gustos y preferencias y te la ha sudado siempre, porque me tratas de puta y ha llegado un momento en que lo único que me generas es rechazo”.
Pero no decía nada.
Y así pasaron los años en pareja. Hasta que un día se me encendió la bombilla. Tras un mal polvo antes de un viaje en solitario (sí amigas, tampoco me acompañaba en mis viajes), le dije en voz alta:
—Yo pensaba que con esfuerzo íbamos a poder mejorar nuestras relaciones, pero al final has acabado por destruir mi sexualidad.
Tras ese viaje rompí con él, con mi pareja. Y me atrevería a decir que la primera noche en mi nuevo piso (en la que, por supuesto, me masturbé) fue la más feliz de mi vida.
Ahora he conocido a una persona con la que poco a poco me voy liberando y he vuelto a ser la de siempre. La que disfruta del sexo sin tabúes y la que sabe que lo que pasa en la cama, se queda en la cama. Sin embargo no está siendo un camino fácil. 9 años dan para mucho trauma.
Por eso, chicas, si algo tienes que forzarlo no es tu talla. Aplíquese para vestidos, zapatos y relaciones. Que después el psicólogo sale muy caro y tus años del mal sexo no te los devuelve nadie.
@maripluff