Como veo que aún nadie ha hablado suficiente de Tinder y es un tema para nada sobado, vengo a explicar mi experiencia (más que nada por el misterio del Bogavante) con esta aplicación.

Obviamente había oído hablar de Tinder antes, no vivo debajo de una piedra, pero no soy el animal más social del planeta así que me parecía que no iba a ser algo que yo fuera a aprovechar correctamente. A principios de año salió Hater, una aplicación que te va proponiendo gente que encaje contigo según las cosas que odias y ahí sí, ahí me enamoré, porque no hay nada que me guste más en este mundo que compartir odios. El problema estaba en que la app no estaba disponible para Android, se esperaba que saliera en agosto pero estamos ya en octubre y aún no hay ni rastro de la aplicación, así que una noche que no podía dormir me harté y me bajé Tinder.

De primeras pensé que era horrible. Había tíos que no me gustaban, tíos que no tenía ni idea de si me gustaban o no y tíos que me gustaban y me daba muchísima cosa darles like (nivel tener 8 años y no querer que el chico que te gusta se entere, tiene muchísimo sentido eso en Tinder, di que sí). Luego empezaron a salir tíos que me obligaron a darle like porque me gustaban demasiado y ya le perdí el miedo.

Y entonces llegó mi Novio 1 y empezó LA FIESTA.

Me llamó la atención, entré a mirar el resto de fotos y la bio y cuando llegué a la cuarta foto ME ENAMORÉ. Lo típico de las películas que se para el tiempo y te quedas sin respiración y tu cerebro GRITA, no sabes cómo si ES UN CEREBRO Y LOS CEREBROS NO GRITAN pero lo hace. Hice la correspondiente captura de pantalla a su cara bronceada y a la vez quemada y a sus ojos verdes y se la pasé a mis amigas que empezaron a decir «LIKE! LIKE!!!!» pero, obviamente, yo ya le había dado like hacía rato. Y, fíjate tú lo que es la vida, que al cabo de nada llegó el Match y yo me quería morir. Le quería poner un gif de Stitch saludando porque me sentía exactamente así pero pensé que sería demasiado, así que sólo le dije hola con muchas exclamaciones y muchas caras sonrientes.

Y pasó de mí. Y a estas alturas aún está pasando de mí, y ha pasado como un mes. Novio 1, yo te quería y tú me dejaste en visto. Y no borraste el like, me dejaste ahí como si fuera un cromo repe que no cambias por si acaso. Y yo te quería.

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…vaya, yo le quería pero seguía swipeando a la derecha porque chicos guapos en este mundo hay unos cuantos. Y entonces fue cuando llegó El Cocinero.

Para quien no tenga ni idea de lo que hay en Tinder, cuando entras en el perfil de alguien puedes encontrar más fotos, una biografía (si es que alguien tiene la decencia de escribir algo, por favor, necesito saber si sois unos intensitos que ponen todos los países donde han estado como si le interesara a alguien), canciones de Spotify y una galería de sus fotos de instagram, todo esto si le da la gana de ponerlo a sus respectivos dueños. En este caso El Cocinero lo tenía TODO, y a mí un tío con chaquetilla de chef… AY! Le di like y me metí a mirar su Instagram, donde vi que al chico no le iba mal de cocinero así que su presencia en redes era importante. Lo que me llevó, y esto sí que es terrible, a su Facebook. Porque tengo una tendencia muy loca a buscar a la gente, debí ser perro de rescate en otra vida y Sherlock Holmes en la anterior, y así fue como descubrí que aquí el amigo no era ni de mi comunidad. Que había pasado por aquí por vete tú a saber qué (luego supe que vino al concierto de los Rolling, esto lo digo por si lo lee alguna vez y ve que A ÉL TAMBIÉN LE QUIERO) pero luego volvió a su ciudad. Así que nunca sabremos si ese like no fue devuelto porque le parecí un horror terrible o porque directamente no le salí por la distancia.

Cocinero querido, de ti me llevo que al final me obligaron a seguirte en instagram y, madre mía, eres muy guapo y los platos que haces tienen una pinta que parecen cuatro. Seguiré pensando que ese like no volvió por la distancia porque me gusta engañarme a mi misma a veces.

A estas alturas ya lo tenía todo dominado, swipeaba con la velocidad del viento y sabía reconocer con facilidad a los intensitos que eran muy guapos pero que iba a aborrecer sólo con mirar su primera foto meticulosamente escogida. Y en esto que me salió alguien llamado Bogavante, cuya foto era ni más ni menos que Tenacitas de los Simpson. Su biografía obviamente era toda relacionada con él siendo un bogavante real así que le di like por la misma razón que le daba like a los perfiles de Jorge Lorenzo que claramente no eran Jorge Lorenzo, por las risas. Y el Bogavante hizo el match y así terminé, hablando largo y tendido de cosas marinas (con el pánico que me da el mar) con alguien que claramente iba improvisando a la velocidad de la luz para responder a mis preguntas impertinentes acerca de qué pretendía un Bogavante de tener citas con humanos que probablemente se lo llevaran a la cazuela aprovechando que se acerca navidad. Y pensando «Necesito decirle al cocinero que por su culpa he terminado hablando con un bogavante porque yo creo que le hará gracia saberlo».

(nunca lo hice, tías, que ya os he dicho que no soy muy social)

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El tercero del que me enamoré era turboguapo. Y por eso le vamos a llamar Turboguapo. Turboguapo además de ser turboguapo y llevar un piercing en la nariz (mención especial a eso porque los tíos con piercing en la nariz merecen mención especial) empezó la conversación diciendo que me invitaba a pizza con piña y esa es, definitivamente, la mejor manera de conquistarme. Turboguapo sólo estaba por aquí unos días (yo no me di cuenta de que estaba a más de 500km de distancia porque EL PIERCING), no sabía cuándo iba a tener un rato libre y su foto de perfil de whatsapp ni era él ni era una foto, así que mi cerebro sobreanalizador empezó a pensar que me estaban engañando. Y yo en una vida anterior debí ser perro de rescate y en la anterior Sherlock Holmes, porque con los dos datos que tenía sobre él pude comprobar que, efectivamente, era una persona real. Porque hasta que no me di cuenta que estaba viéndolo en YouTube no pensé «No sé qué te piensas que estás haciendo pero a este tío lo vas a ver esta semana y ya me gustará verte cuando te diga que hace vídeos para YouTube y tengas que hacer ver que no sabías nada de todo esto y que no eres una persona peligrosa que rastrea a los demás por todo internet». Tampoco tuve ese problema porque no nos vimos. Mis amigos piensan que es un capullo y yo sigo pensando que estaba demasiado ocupado y no tuvo tiempo de nada.

(Por cierto, niños, no busquéis a la gente así, que es feo y preguntando haces amigos. Yo estoy intentando desintoxicarme, pero soy una yonki de la información.)

Ay, Turboguapo, de ti me llevo tu número (por fardar) y un antojo importante de rollos de canela (porque yo quería llevarle a comer los mejores rollos de canela y se los ha perdido). Si vuelves por aquí yo te llevo igual, eh?

Que cuál es la conclusión de todo esto? Para empezar que no sirvo para ligar. Ni por Tinder ni por ningún otro sitio, así que desde aquí un llamamiento a mis amigas para que me busquen novio, yo lo he intentado pero me cae mal todo el mundo, no lo puedo remediar. La segunda conclusión es que paso de los tíos y me quedo con los bogavantes, porque al final ha sido la conversación más larga que he mantenido con alguien en esta app. BOGA, TÍO, si lees esto: Me reí muchísimo con tu existencia. La tercera es que seguiré swipeando, porque yo qué sé. Igual al final no ligo una mierda, pero encuentro trabajo. O me compran algo como si fuera Wallapop. Lo que sea menos ligar, eso parece que está claro.

Bueno, y la última y más importante de todas es que ojalá volviera “Sorpresa, Sorpresa” y me llevarais todos a conocer al Cocinero porque yo no puedo vivir con esta incertidumbre.

Anna Gómez.

 

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