Llevo 10 años casada con mi marido, con el que llevaba 6 de novios antes. Esto quiere decir que toda mi vida adulta la he pasado a su lado. Siempre pensé que teníamos muchas cosas en común, que teníamos ideas parecidas y nos hacían gracia las mismas cosas. Ahora me doy cuenta de que en realidad no hablábamos lo suficiente para conocernos a fondo y que me había acostumbrado a seguirle el rollo en sus bromas de mierda.
Tenemos dos hijos, un niño y una niña. Los embarazos fueron los dos bastante difíciles, los partos no fueron mejores, el de la niña acabó en cesárea de urgencia y además tuve que quedarme otros 15 días ingresada por complicaciones posteriores. No vivimos mal, pero tampoco podemos echar cohetes. Por todo esto decidimos que nos quedaríamos con la parejita y nada más. Después de nacer la niña tomé la píldora un tiempo, pero me sentaba fatal y mi médico me dijo que me estaba perjudicando bastante más de lo que creía, así que la tuve que dejar. Poco después vi en el cole de los niños a la mamá de un compañero que había tenido a su tercer hijo hacía un par de meses; desde que había dado a luz, era su marido quien llevaba a los mayores a cole, así que me extrañó verla y me acerqué a preguntar si estaba todo bien. Ella me contó que su marido estaba ocupado esa mañana, le dio la risa mientras en bajito me explicaba que había ido a “cerrar la fábrica”. Me sorprendió un poco que se riese así, pero luego me explicó que él estaba muy tranquilo, es una cirugía ambulatoria muy sencilla y ellos lo tenían muy claro, más de tres ya no querían tener y ella ya se había hormonado suficiente al principio de la relación. Después de 3 embarazos y 3 partos les pareció justo que fuera él quien pusiese remedio a la situación. Mentiría si dijera que a mi no se me había pasado por la cabeza antes, pero los razonamientos que ella expuso me parecieron tan lógicos que abrieron en mi mente una nueva opción que mejoraría nuestra vida íntima, ya que mi marido empezaba a quejarse de tener que usar preservativo siempre.
Llegué a casa y busqué información sobre ambas operaciones (también sobre la ligadura para ver qué nos compensaba más). La cirugía femenina es mucho más invasiva y peligrosa y, no habiéndola hecho cuando me abrieron para sacar a la niña, supondría una recuperación similar a la de entonces, y lo había pasado tan mal…

Después de comer nos quedamos solos y me tiré a las piscina con el tema. Le dije: “Oye, que estuve pensando que, como siempre te quejas de los condones y sabemos ya que no queremos tener más hijos, ¿no sería buena idea hacer algo más definitivo y olvidarnos de sustos? Cuando me faltó la regla el mes pasado casi nos da algo y estuve averiguando sobre las vasectomías y parece que no es…” No me dejó ni terminar.
Me miró serio y me dijo: “Antes prefiero mil veces que te vacíen lo que quieran ahí dentro que que me toquen a mi el miembro”. Durante unos segundos mantuve la sonrisa inicial, pensé que sería una de esas bromas de mierda que solía decir últimamente, pero no. Mi semblante fue cambiando, derritiéndose y al darse cuenta añadió: “No pongas esa cara ni te hagas la sorprendida, qué querías que dijera si me propones tan tranquila mutilarme. No es culpa mía que tengas una máquina ahí dentro que hace bebés a lo loco y luego no los sepa sacar” Como si me tirasen un jarro de agua fría, abrí la boca para coger aire y me dejé caer sobre el sillón. Todas las frases de mierda que llevaba tiempo soltando, las que yo decoraba con una risita de entre vergüenza y complicidad no eran porque estuviese desarrollando un humor cada vez de peor gusto, es que su parte misógina se estaba sintiéndose cada vez más cómoda y dejando rienda suelta a sus opiniones machistas totalmente fuera de lugar.
Mientras yo veía en mi mente los últimos años de mi vida como si los viviera por primera vez, él soltaba un speech sobre los poco hombres que dejan que sus mujeres le retiren el origen de su hombría porque no se quieren tomar una pastillita y que son unas egoístas ya que, a ver quien les abre después los frascos de la mayonesa cuando se queden eunucos perdidos. Toda una sarta de razonamientos deplorables producto de la desinhibición que lo acababa de poseer, y cuanto más hablaba, más lejos lo escuchaba. Sentí como algo físico la distancia de esa persona conmigo, como si no lo conociese de nada, como si fuera un señor que me cruzo por la calle y veo por primera vez. Sentí como, en menos de 10 minutos, todo lo que sentí alguna vez por él se esfumó. Fue duro darme cuenta de que el proceso llevaba tiempo en marcha, que mi subconsciente ya había estado preparando el terreno.

Desde que ese día se cayó el telón nada volvió a ser ni parecido, ya no se cortaba un pelo, decía cuanta barrabasada le venía a la mente sin ningún tipo de filtro. Un mes después de esa conversación os escribo saliendo del despacho de un abogado. No me llega la hora de quitarme de encima a ese señor.
Vi a la mamá del cole nuevamente. Su marido se recuperó genial, están muy felices. La abracé, ella se sorprendió, no supo que gracias a su falta de pudor para contarme sus cosas me salvó de vivir con un hombre asqueroso.
Relato escrito por Luna Purple basado en una historia real.