Hace unos años nos encontramos con amenazas de la inmobiliaria de la subida del IPC, pero en nuestro contrato no se contemplaba, por lo tanto, no podían subirnos nada Dijeron que nos preparásemos porque en el momento que se pudiera, lo subirían de lo lindo. Imagínate, pagábamos solo 350 casi en el centro de nuestra ciudad, en un piso de 74m. Un chollo sí, pero no te voy a pagar más si en el contrato te olvidaste de dejarlo reflejado, macho. 

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Cuando llevábamos tres años en el piso, con nuestra relación más afianzada y trabajos indefinidos en la ciudad, decidimos que lo mejor era buscar un piso pero para comprar. Teníamos 2 años de margen antes del cambio de contrato, por lo que había tiempo. Ilusos. 

Empezamos con los típicos portales de búsqueda de pisos, refrescábamos cada día por si había salido alguno nuevo, ya teníamos la mayoría memorizados. Cuando salíamos a dar un paseo mirábamos hacia arriba a ver si en alguna ventana ponían algún cartel de «se vende». Nuestro presupuesto era de 100.000€ (con variaciones y a sabiendas de que podíamos gastarnos unos 30.000€ en reformas), que dirás que somos unos flipados, pero es que habelas hailas, así que ¿por qué gastar 400.000 si los hay de 100.000? 

Quisimos “desvirgarnos” y empezar a ver pisos. Madre mía del amor hermoso lo que ahí había. Teníamos la casa perfecta por fuera y al entrar había que tirarlo todo… Casa 120.000€, reforma más del doble. El agente aún decía: “Tiene muchas posibilidades”. Sí, de ruina. 

Visitamos un ático que para subir había que ir por unas escaleras imaginarias porque no había barandilla. Solo pensar que había que hacer una mudanza y subir la compra cada semana me quería morir. Por dentro, el baño y cocina de la casa de Bernarda Alba. Piso 105.000€, reforma aprox 40.000€. Descartado. 

Hicimos una media docena de visitas más, algunas en las afueras, como la del señor chino con su decoración asiática y la cocina llena de aceite. O la del edificio en la que el 90% eran gitanos y cuando fuimos a visitarlo estaban de pedida, solo pensar en cuántas fiestas podrían hacer al año ya me dolía la cabeza. 

Hasta que finalmente dimos con el anuncio: 110.000€, 110 metros cuadrados, 4 habitaciones, 2 baños, salón y cocina, plaza de garaje y trastero de 20m cuadrados. Este era el nuestro. 

Llegamos y nos atendió una señora muy mayor que siempre tuvo el piso en alquiler. Nos dijo que no sabía cómo encender las luces y aunque mi pareja se ofreció dijo que no pasaba nada. El piso lo vimos a las 7 de la tarde en el mes de diciembre en Galicia. Si esperas ver algo con la luz de fuera ya te digo que no. Tuvimos que encender las linternas del móvil y ver el piso como si estuviésemos buscando actividad paranormal. 

Lo que vimos nos encantó, solo acuchillar el suelo, pintar y muebles nuevos. Unos 7.000€ adicionales, a ojo, es perfecto aunque un poco lejos. 

Durante días la señora nos escribía porque tenía más interesados, pero le parecíamos los más correctos, que si nos gustaba nos lo guardaba pero que no negociaba ni un céntimo. Después de mucho pensarlo (no nos lo quitábamos de la cabeza), empezamos con el papeleo. 

Y cuando entramos a NUESTRO piso… quién nos mandaría. Suelo 3.000€ acuchillado, cocina 5.000€ nueva, muebles y electrodomésticos 5.000€, bombillas, lámparas y electricidad casi 1000€, pintura y reformas menores hechas por nosotros 2.000€, baños también por nosotros 7.000€… y sumado que en menos de un año me quedé embarazada, venga a montarle el cuarto a la niña y más desembolso. 

Eso sí, aprendimos una lección: nunca compres un piso que solo has visto con luz de linternas. Las sombras son muy traicioneras. 

Aún así, a día de hoy estamos muy contentos en nuestro nidito de tres que tantos dolores de cabeza (y de cuerpo) nos ha dado.