Las apuestas y juegos de azar me parecen una pérdida de tiempo y de dinero. Jamás he echado una Primitiva ni un Euromillón, y la Quiniela la eché una vez de coña con una amiga poniendo todo equis, por probar a ver qué pasaba. La “X” en la Quiniela significa empate en un partido de futbol, y ¿qué probabilidad hay de que todos los equipos empaten? ¡Pues eso! Que perdí el euro y algo que me costó, pero mi amiga y yo nos echamos unas risas.
Eso sí, llega diciembre y ahí me ves: dejándome una pasta en comprar Lotería de Navidad, como si de repente todo lo que pienso sobre los juegos de azar y mis convicciones se fuera a la mierda.
¿Y sabéis por qué lo hago? Pues por pura presión social y miedo a que le toque la lotería al de al lado y a mí no.
Llega el 22 de diciembre y me levanto temprano para seguir el sorteo, con la ilusión de que me toque el Gordo o alguno de los premios buenos, ya sabéis, para tapar agujeros. Pero al final, año tras año me veo diciendo aquello de “no pasa nada, tenemos salud que es lo importante”.

Todos los años me prometo a mí misma que ese año no compro ni un décimo. Pero luego llego al bar donde me tomo el café de vez en cuando con mis amigas, y cómo no voy a comprar un décimo si desayunamos allí una vez a la semana… Y ya como tu amiga compre un décimo delante de ti, es imposible no comprar uno también. No te la juegas, imagínate que toca ese número y tu amiga se hace millonaria y tú no.
Y no solo compras en tu bar habitual, compras también en la carnicería, una participación del AMPA del colegio de tus hijos, y por supuesto, la lotería del trabajo. Que como se hagan millonarias las arpías de tus compañeras y tu no, te da algo.

Cuando te das cuenta, te has gastado 300€ en lotería. A veces le propones a tu amiga compartir el décimo de vuestro bar habitual, por ahorrarte un poco, porque no es lo mismo gastarte 10€ que 20. Y así con esos 10€ sobrantes puedes compartir otro décimo con otra amiga y llevar más números.
Por otro lado, también te digo, no hay mayor exaltación de la amistad que compartir un décimo de lotería con una amiga. Todos los años sale alguien en la tele que se ha pirado con el boleto premiado y los amigos buscándole. Así que, si compartes lotería, que sea con alguien de quien te fíes ciegamente.
Las extrañas supersticiones de la Lotería de Navidad
Es un misterio cómo hasta los más incrédulos en estas cosas cedemos al “por si acaso” en Navidad. Yo, que a lo largo del año me río de horóscopos y cartas astrales, de repente me convierto en un manojo de supersticiones. Cada vez que compro un décimo, hago un análisis exhaustivo del número, como si de verdad pudiera influir en algo. Que si termina en 13, que si es par, que si el año pasado acabó en 2 pues esta año acabará en otro número.
Y lo peor de todo es que me oigo diciendo cosas como “dame un décimo que cabe en 6, que es el cumpleaños de mi hijo” y siento vergüenza de mí misma. Como si el destino hubiera decidido que mi hijo naciera ese día para que a mí me tocara la lotería… que, por otra parte, si que me tocó la lotería aquel día porque tengo un niño precioso, guapísimo e inteligentísimo.

Y luego está la lógica de comprar un décimo en administraciones como Doña Manolita. Si vives en Madrid o estás de viaje, dedícale un día a hacer cola de varias horas para conseguir tu numerito de la famosa administración de lotería, porque seguro que toca. ¡Normal! Con todo lo que venden las probabilidades de vender allí un número premiado son muchísimas. Luego ya que sea el que tu llevabas o no, es otra cosa.
Otra práctica que muchos hacemos es comprar lotería en donde veraneamos. En los meses de verano ya está a la venta la Lotería de Navidad, así que te llevas un décimo. Imagínate que toca en Cádiz esta año, has estado disfrutando de sus playas en agosto y has cometido el error de no comprar lotería allí, pues te vas a arrepentir toda tu vida.
¿Habéis escuchado que la lotería suele tocar en ciudades de España donde este año ha habido una catástrofe? Resulta que la lotería es algo así como un hada mágica que toca con su suerte a los más desfavorecidos, a los que lo están pasando mal. Resumiendo: que este año va a tocar en Valencia, yo estuve allí este verano y no compré lotería. Toca fijo.
Al final, comprar lotería de Navidad es una tradición. Como comer turrón o poner el árbol de Navidad. Por mucho que reniegues, acabas cayendo. Así que este año ponle perejil a San Pancracio y si tu madre te ha comprado un boleto, págaselo, que la lotería regalada no toca nunca.