Mi novio me parece un hombre muy atractivo. Tiene un pelo negro frondoso que él decide llevar sin forma definida y peinado de modo que aparenta 90 años. Tiene una barba negra por la que asoman sus primeras canas de silver fox, pero que él decide llevar desaliñada y cada día con un olor diferente, según lo que haya comido. Tiene una figura ni gruesa ni delgada de 1,83 m sobre la que él decide superponer prendas sin orden ni concierto, mezclando colores como si fuera daltónico o formas geométricas de cubismo malo.

Protagonizamos una secuencia habitual. Él se viste en nuestra habitación, yo llego y lo miro con ESE gesto. Con ese gesto él sabe que me estoy debatiendo entre la voluntariedad de dejarlo ser y hacer sin tocar los huevos, y la necesidad imperiosa de dar mi opinión sobre el atuendo. Le puede la curiosidad, así que pregunta: «No te gusta, ¿no?». Le digo que no, le cuento por qué y él protesta, pero se cambia. Le molesta que se lo diga, pero le renta más el ir mejor de lo que va porque le encanta gustar y se fía de mi criterio.

Yo me he quejado en otros posts de la importancia desproporcionada que damos a la belleza y la estética, pero pasan dos cosas: 1) una no se deconstruye en dos días, 2) no veo incompatible restar importancia a la apariencia con entender que esta cumple una función, nos guste o no.

Él parece vivir despreocupado y tranquilo como para que tenga que ir yo a decirle nada, pero luego llega un evento BBC cualquiera y el tío pide cita en la peluquería, se perfila su barba perfecta, se hace un degradadito sutil acorde a su estilo y se encanta. Y a mí también. Se coloca su traje y le gusta que le digan lo guapo que va, lo que abre indirectamente una puerta: la de mi opinión. Si te gusta cuidarte y verte bien, ¿por qué no lo haces más, querido?

Los límites

¿Qué se le puede decir a una pareja sobre su aspecto físico y qué no? Si el aspecto influye en el atractivo, y el atractivo en el deseo, ¿se puede dar una opinión con toda la asertividad y el tacto, de manera que no se sienta juzgado? ¿Y sin que eso suponga conflicto alguno con aceptar que su cuerpo cambiará y eso no impedirá que lo sigas amando?

Alguna vez él me ha dicho a mí: «No entiendo muy bien esa combinación de ropa», sin que yo le pregunte. Cumple los requisitos de ser asertivo y dar su opinión con tacto, así que no me lo he tomado a mal. Ese tipo de comentarios sin ninguna mala intención tienen que caber en pareja. Luego me he cambiado o me he quedado como estaba y él ya no ha agregado nada más. Será que yo se lo digo a él con más frecuencia, o no sé, pero le suele sentar peor.

Cuando era adolescente, la madre de una amiga nos contó que discutió con su marido justo antes de salir un sábado por la tarde y él le dijo que no salía, así que ella se fue sola. Al rato, a él le entró remordimiento y apareció, pero ella prefería que no lo hubiera hecho: «Venía vestido que parecía un solterón».

Hemos avanzado lo suficiente como para superar algunos clichés: ni las mujeres tenemos mejor gusto en materia de moda solo por ser mujeres, ni tenemos que asumir el papel de «vestir» a nuestras parejas hombres como si fueran nuestros hijos. Pero tampoco veo necesario eliminar por completo los comentarios sobre el atuendo de alguien con quien tienes plena confianza, aunque no te los haya pedido. ¿No?

Tal vez se trate solo de limitar los comentarios y cuidar el tono:

  • «Me estoy encontrando mucho pelo tuyo últimamente en la comida» en vez de «Te estás quedando más calvo que una rana».
  • «¿Y si nos apuntamos los dos al gimnasio?» en vez de «Te estás poniendo como un cerdito».
  • «¿No te gusta más esa camisa con este pantalón?» en vez de «Pareces el modelo de Humana».
  • “¿Quieres un chicle?” en vez de “Te huele la boca a ciénaga”.
  • “Esa chaqueta vendría bien para trapo limpiainodoro” en vez de “Eso no se lleva desde 2005, cuando dejaron de ponérselo los cuatro chonis pelocenicero que se lo solían poner”.

¿Cómo lo veis?