El viernes pasado me ocurrió algo muy chungo mientras practicaba el noble arte del follisqueo. Para que os hagáis una idea, llevo quedando un par de meses con un chico al que conocí vía Tinder. La química fue brutal y en cuanto empezamos a hablar nos pillamos muy fuerte. Al poco tiempo quedamos por primera vez y conectamos tanto a nivel personal como a nivel sexual. Todo perfecto, todo bonito, todo de 10.

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Podríamos protagonizar el remake del Diario de Noah, pero el sexo no siempre es perfecto. Muestra de ello es que el otro día, tras una semana de curro incansable, me vi incapaz de alcanzar el orgasmo. Tras una hora comiéndome el parrus que el pobre tenía la lengua como mis pies cuando estreno sandalias en verano, le dije…

“Perdona, pero es que no puedo. No me veo capaz de correrme.”

Y el chaval me miró con cara de qué-me-estás-container y me soltó: “¿perdón por qué?”.

Pues toda la razón, perdón por qué. A cuento de qué andaba yo disculpándome por no poder alcanzar el orgasmo cuando no era culpa mía para nada.

Entonces empecé a reflexionar sobre todas las cosas por las que alguna vez he pedido perdón en el ámbito sexual y por las que, a Dios pongo por testigo, jamás de los jamases volveré a disculparme.

  • Por no correrme.

No soy una máquina de comida. A mí no me metes dos euros y te suelto un paquete de Oreo. Para conseguir el premio gordo hace falta tiempo, cariño y ganas. Sí, hay veces que llega sólo, pero otras (la gran mayoría) necesito tomármelo con calma. No voy a pedir perdón por eso.

  • Por no querer hacerlo.

A veces no me apetece, como a todos. Soy humana y el estrés, la ansiedad, los días de bajona o el simple cansancio me afectan. Si me apetece más ver una película o estar a mi bola, tengo todo el derecho del mundo. No voy a disculparme por no abrirme de piernas.

  • Por querer hacerlo “muy a menudo”.

En cambio, a veces estoy como una moto. Mis hormonas montan fiestas y me siento como estos perros que se follan hasta las esquinas de la mesa. Que quede clarinete que mi nivel de excitación no determina mi valía, así que no voy a pedir perdón por tocarme 5 veces seguidas una misma tarde.

  • Por querer probar cosas más allá del metesaca.

El sexo oral y la masturbación están ahí para algo más que hacer bulto. Molan, me gustan y disfruto a tope cuando los practicamos. Que sí, que la penetración es TOP también, pero por favor deja de llamar al resto de prácticas sexuales “preliminares” porque son una parte más del acto en sí. No voy a disculparme por querer llevarlas a cabo.

  • Por introducir cambios en la rutina sexual.

¿Y si me apetece introducir juguetes sexuales en nuestra rutina que pasa? No tiene nada de malo y no me voy a avergonzar por ello. No está mal que quiera que me digas cerdadas, tampoco lo está que me pongan los azotes o que quiera meterte un juguete por el culo. Son prácticas sexuales tan válidas como cualquier otra, y no pediré perdón por ello.

¿Y tú por qué no vas a pedir perdón?