Después de casi  21 años  trabajando de cara al público, te crees que lo has visto todo peeeeero, nada más lejos de la realidad. Después de lo de hoy me estoy planteando muy seriamente hacer unas memorias o algo.

Llego esta tarde al trabajo, entro en la oficina para preparar el relevo y me encuentro a mi compañero allí, como de costumbre a esa hora. Pero con una salvedad, estaba buscando algo en las cámaras de seguridad, junto a dos compañeras más. Les pregunto que a quién le están haciendo el seguimiento y me dicen casi los tres a la vez: «a la morenita».

Aquí hago un inciso para poner en contexto: la morenita es una muchacha, con la piel algo más bronceada que la de los que estamos allí, que debe de estar como en segundo o tercero de la ESO, y que todos los días a la salida del colegio entra al supermercado, deja la mochila a quien haya en la primera caja y empieza a dar vueltas con actitud extraña, aunque nunca la hemos pillado en nada. A pesar de ello, varios compis míos estaban con la mosca detrás de la oreja.

Yo pregunto que qué ha hecho y Laura me dice: «Virgi esta vez sí, estoy casi segura que se ha metido algo debajo de la camiseta, pero no lo encontramos». Y yo, que a base de pelearme con el sistema de vídeo  de esas cámaras más o menos les tengo el truco pillado,  les digo: «a ver… Dejadme que pruebe, que vengo más fresca». Y me pongo a buscar. Ana y Laura salen de la oficina a seguir con sus quehaceres y Adri y yo nos quedamos buscando.

– Adri, aquí está… Está entrando. Le ha dejado la mochila a Javi.

– Ahora pasa por la frutería y se va a la zona de las bebidas… No la perdamos de vista.

– Va a los congeladores… Pero está de espaldas. No se ve bien… Espera, espera, que va al de los refrescos, voy a agrandar la imagen…

Yo maximizo la pantalla y… Efectivamente. Ahí hay movimientos raros. Se ve que se levanta la camiseta pero vuelve a estar de espaldas a la cámara y no se ve qué se está metiendo… Y encima es que sólo ha hecho parada en el congelador… ¡No le ha dado tiempo de coger nada para guardarse! 

– Mierd* tío, que no se ve lo que se mete…

– Se va…  Está yendo para los frutos secos, pincha ahí…

 

Y hace otra parada ahí… Y ojo, que voy a decir una de las frases que más odio del mundo, pero si había alguna ocasión para decirla, era esta: ¡¡¡¡SE VIENEN COSITAS!!!!

Digo que si se vienen… La cámara de ese pasillo la enchufa de pleno y vemos como llega y… ¿Qué lleva en las manos? Únicamente una bolsa de hielo. Vale, en el congelador cogió el hielo… ¿¡Pero qué c*ño se ha estado metiendo antes debajo de la camiseta si no ha hecho más paradas!? Seguimos mirando la grabación, los dos con más intriga que yo cuando  tengo que cortar el perejil para el alioli y está al lado del cilantro. Nos faltaban las palomitas…

 

– Ahora Adri… ¡Ahora!

– ¿Pero qué está haciendo?

– Adri… No…

– No

– Pero… ¡Nooooooo!

¡LA COLEGA SE ESTABA METIENDO CUBITOS DE HIELO EN LAS T*TAS Y EN EL CH*MINO! 

Eso sí, la chiquilla otra cosa no, pero bien hecha es, porque después de refrescarse las peras y el conejo dejó la bolsa con el hielo que le sobró en el congelador.

Y ojo que la niña ha regresado a última hora de la tarde (se le habría “recalentao” el asunto) pero es alargar demasiado esto. Prometo una segunda parte, que tampoco tiene desperdicio.

PD: la factura del psicólogo este mes corren a cargo de mi empresa.

PD: Hay segunda parte.

 

VirPino