Las personas que menstruamos lo sabemos: te moleste más o te moleste menos, tener la regla es un coñazo y nunca mejor dicho (¡jeje!). Además, aunque hemos avanzado mucho, sigue siendo un tema bastante tabú para muchas personas que prefieren ni oír hablar del tema por considerarlo muy privado. Por esto y porque es la cosa más natural del mundo, deberíamos seguir hablando de la menstruación con total normalidad y por eso he recopilado las cositas más inquietantes que me ocurren cuando menstrúo:

  • Que la gente te trate con condescendencia. Que sí, que se agradece un poquito de sensibilidad con nuestra situación (sobre todo a nivel emocional), pero seguimos siendo personas y, sobre todo, no asumáis que a todas nos afecta de la misma manera la regla, grasias.
  • La cagalera menstrual. No se habla nada de esto y no lo puedo comprender. Soy consciente de que no a todas nos afecta el periodo de la misma manera, pero después de hacer un pequeño estudio entre mi variopinto grupo de amigas todas coincidimos en una cosa: la caca es un poco drama y parece ser que es culpa de una cosa que se llama progesterona.

  • Por no hablar de los pedos, que no es que te huelan a flores jamás, pero con la regla la pestilencia gaseosa es otro puto rollo.
  • Que los perros te huelan más el chumino. Supongo que esto no es matemática pura porque dependerá del perro, pero algo hay en nuestro olor menstrual (millones de hormonas que se convierten en información olfativa para los canes, por ejemplo) que los hace olisquear con pasión nuestra entrepierna cuando estamos menstruando. Tampoco tengo muy claro si esto está demostrado científicamente o si son paranoias mías, pero os juro que me pasa y es un pelín incómodo.
  • El puto grano de la regla, al que mi compi Teresa le dedicó esta oda, más que merecida teniendo en cuenta toda la compañía que nos hace el muy maldito. Aparece tímidamente unos días antes de que baje, duele, es duro y sabes que no debes tocarlo pero, pero, pero… ¡BOOOOM!

  • Los pelos de la perillita, que no tengo muy claro si es pura coincidencia o qué, pero me da la sensación de que crecen más a tope cuando la hormona se dispara. Y ahí con la pinza de depilar de arriba para abajo, porque sí, la depilación es una imposición social y tal, pero esos cuatro pelos duros, fuera de contexto y desafiantes no los quiere nadie.
  • Que te tomes un vino y vayas piripi. Os juro que me pasa (¿estoy sola en esto?). Lo guay es que salgo muy baratita: vino y medio y a dormir la moña.
  • El gran misterio de cuando parece que se ha ido pero NO. Decides no ponerte nada porque ya estás hasta las narices de la compresa/tampón/copa/loqueseaqueuses y CHORPRECHA, la fiesta de los restitos siempre a tope.
  • Podíamos comentar también el ruido que hacen las compresas al abrirlas, JODER. Que vale que no hay que esconderse ni nada parecido, pero es que es menos discreto que una bolsa de Ruffles al jamón.