He trabajado durante muchos años como dependienta en varias tiendas de ropa, y hoy vengo a contaros las cosas más extrañas, más escatológicas y ridículas que me he encontrado en un probador.
Trabajar cara al público no es nada fácil. Tienes que ser de otra pasta para lidiar con según qué clientes. Requiere una mezcla única de paciencia, diplomacia y habilidades de comunicación que pocas personas poseen naturalmente. Y sobre todo debes ser muy zen y guardar la calma ante situaciones rocambolescas.
Cuando comencé a trabajar en la primera tienda de ropa pensé que lo más difícil sería reorganizar el caos que dejan tras de sí algunas personas, especialmente en Navidad y en rebajas, o aguantar a los clientes maleducados. Pero jamás me imaginé que lo que me esperaba detrás de las cortinas de un probador era lo que realmente me iba a sacar de mis casillas.
Un tampón
Comencemos con un clásico, porque sí, amigas, quien más o quien menos se ha encontrado este tipo de cosas en los probadores de su tienda. Puede ser un tampón, puede ser una compresa, un pañal de bebé, lleno de mierda, claro. Una amiga mía se encontró una bolsa con pis. Al menos tuvieron el detalle de hacer pis en una bolsita de plástico y no en el puto suelo…
Bueno pues yo me encontré un tampón. Era un día de mucha gente y yo estaba encargada de los probadores. Entró una mamá con una hija adolescente, tardaron muy poco y salieron a toda prisa, dejándome allí las prendas que, supuestamente, se había probado la niña. Se fueron de la tienda casi corriendo. Cuando entré a revisar el probador antes de mandar al siguiente cliente, allí me lo encontré. Tirado en el suelo, llenito de sangre. Me imagino la situación: fueron el baño del centro comercia y estaría hasta arriba de gente o hasta arriba de suciedad, así que la mamá pensó que el probador de una tienda de ropa estaría más limpio y sería mejor sitio para que la nena se cambiara el tampón.

Unas bragas
Siguiendo con el tema de la ropa interior, otro día me encontré con unas bragas. La señora se estuvo probando pantalones pitillo, de los que son tipo leggins ajustados, esos que casi te cortan la respiración cuando los llevas puestos. Supongo que al quitárselos no se dio cuenta de que, con ellos, se estaba quitando también sus bragas. Me las encontré enrolladas dentro de un pantalón. Mi pregunta es: ¿La señora no se dio cuenta de que se iba de la tienda sin bragas?
Una pareja haciendo el amor
Esto también es bastante habitual encontrártelo. Debe ser que a la gente le da mucho morbo hacerlo en sitios públicos y que lo de hacerlo en los probadores de una tienda les pone a más de uno.
Era un día tranquilo, típico de mitad de semana, cuando de repente noté que uno de los probadores estaba ocupado más tiempo del habitual. Me acerqué y escuché ruidos sospechosos. Me acerqué y grité “¡Hola! ¿Está ocupado?” mientras agarraba la cortina con intención de abrirla. Una voz acelerada me contestó en seguida “¡Si! ¡Está ocupado! ¡No abras!” y agarró la cortina desde el otro lado. Después de unos segundos de incomodidad total, un chico salió, a medio vestir, abrochándose aún los pantalones, y unos segundos más tarde salió ella, del mismo probador con la cabeza bien alta pero el pelo despeinado. La escena fue digna de una comedia de situación, aunque en ese momento lo último que quería era reírme.

Un maniquí
Y, por último, la más inofensiva pero extraña de todas las sorpresas: un maniquí. Algún bromista pensó que sería divertido mover uno de los maniquíes que teníamos por la tienda y colocarlo en un probador. A la hora de cerrar, fui a revisar los probadores como hacía habitualmente y me pegué un susto de muerte. Convencida de que estaba sola en la tienda, corrí la cortina y me lo encontré allí, mirándome cara a cara. Al principio pensé que era una persona, luego me di cuenta de que no. En cualquier caso, fue bastante espeluznante y casi me da un infarto.

Trabajar como dependienta en una tienda de ropa puede ser una experiencia llena de sorpresas. Puede ser hasta divertido. Aprendí que los probadores no solo son para probarse ropa; para algunos son baños públicos, habitaciones de hoteles, restaurantes (comida también me he encontrado en ocasiones), o un limbo mágico donde cualquier cosa puede suceder.