Cuando lo dejé con mi ex sentí una liberación tremenda. Había estado años metida en una relación monótona y aburrida, sin ningún tipo de atracción física y, cuando lo dejamos, estaba desatada. Me descargué Tinder y quedaba todas las semanas con alguien diferente. No buscaba nada serio, solo pasar el rato, conocer gente nueva y, ¿por qué no?, follar todo lo que no había podido estos últimos años. Pero todo cambió cuando apareció en mi vida David.

Los mejores testimonios en nuestro canal de whatsapp

David era guapo, simpático, amante de los animales, de los planes tranquilos, deportista y muy familiar. Era maestro de profesión y, en las últimas elecciones, había sido elegido concejal en su pueblo, así que compaginaba su vida profesional con la política y sus hobbies. Congeniamos enseguida, fue como conocer a mi alma gemela: compartíamos muchos de los hobbies y de las ideas políticas que él defendía.

Quedamos muy poco después de haber hecho match en Tinder y, a diferencia de lo que hacía con los demás chicos —que era quedar, tomar una o dos cervezas y follar—, con él fue diferente. Fuimos a la Feria del Libro, picamos algo de comer y me acompañó a casa sin la demanda de querer subir a “tomar la última”.

Creía que estaba viviendo un sueño. Hablábamos todas las noches. Yo dejé de utilizar Tinder porque ya no me motivaba conocer gente nueva, y él tampoco. Un día, en una de nuestras quedadas, una cosa llegó a la otra y acabamos acostándonos. Fue mucho mejor de lo que había imaginado: el sexo con él era bestial, teníamos una química tremenda y lo hicimos varias veces más. Pero un día David dejó de contestar.

Mi último WhatsApp fue un jueves por la tarde. Normalmente, entre su curro de maestro y el de concejal, no siempre contestaba a la primera; a veces pasaban unas horas hasta que respondía. Pero aquel día no contestó. Imaginé que igual tenía pleno o algún compromiso y decidí no ser pesada, pero a medianoche, después de cinco horas sin saber nada de él, le llamé. A la mañana siguiente tampoco me respondió.

Tenía quitado lo de la “última vez” del WhatsApp, así que no pude saber si no me contestaba porque no podía o porque igual había perdido el móvil. Tampoco tenía a quién preguntarle por él porque no conocía a sus amigos, no tenía redes sociales y no sabía dónde vivía exactamente, ya que siempre habíamos quedado en mi casa.

Me cabreé. Entendí que me había hecho ghosting. Me sentí estúpida y ridícula por haberme pillado tanto de un tío que, después de echar cuatro polvos, había decidido desaparecer. Supuse que para encontrar algo que le llenase más. Le bloqueé para que, si se arrepentía, no me llamase ni me escribiese más, recogí mis pedazos y seguí con mi vida.

Un día, un par de años después, llegó al curro una compañera nueva. Aunque no estábamos en el mismo departamento, solíamos vernos a la hora del café. La pobre, que no conocía a nadie, hizo buenas migas conmigo y enseguida nos pusimos a hablar. Entre unas cosas y otras, me acabó contando que era de un pueblo que le quedaba algo lejos, pero que el trabajo le valía la pena el viaje. Le pregunté y… ¡bingo!

Era del mismo pueblo que David. No era un pueblo muy grande, el típico donde todos se conocen, así que me pudo la curiosidad y le pregunté por él. La pobre mía se puso blanca al escuchar su nombre. Le conté que habíamos estado quedando un tiempo y que un día, de la noche a la mañana, desapareció.

La vi dudar un poco, pero al final —creo que le debí dar pena— me lo contó. David había sufrido un paro cardíaco un día que salió a correr y no lo pudieron reanimar. Fue un palo tremendo para todo el pueblo porque le apreciaban mucho y era muy joven.

Me quedé de piedra. Creo que hasta me mareé. No me lo podía creer. Esa tarde fui con ella al cementerio del pueblo porque necesitaba ver con mis propios ojos que lo que me había contado era cierto.

Me dolió muchísimo enterarme de esa manera. No dejo de pensar en lo que pudo haber sido y no fue. Y, sobre todo, me duele haber pensado tan mal de él. He hablado de este tema en terapia y solo ahora estoy empezando a poder hablar de ello. Es algo que ha afectado profundamente a mis relaciones y que me ha marcado para siempre.