CUANDO LAS MODAS VUELVEN PERO TÚ YA ESTÁS DE VUELTA.

Existe la moda desde que el mundo es mundo. Esto es así. Yo me imagino al hombre de las cavernas en plan: “Hoy comemos mamut que me quiero hacer un abrigo para el deshielo”. Se puso de moda… y así hasta que lo extinguieron.

El caso es que la moda es pasajera. Y siempre he oído que también es cíclica. “No tires nada que todo acaba volviendo”. Frase que no terminas de entender hasta que un día tu sobrina ve una foto tuya de joven y te dice “Tía, me encanta el rollo que llevabas”. De primeras te sientes alagaba. Te sientes la tía enrollada que mola. Pero enseguida te das cuenta de la realidad… “¡Mierda! Eso significa que la moda ha dado la vuelta”. 

Sí cariño. Desde que te sacaste esa foto, los diseñadores han creado toda la ropa que la imaginación les ha dejado, se han estrujado al máximo el cerebro y cuando ya no han encontrado nada más, han vuelto a la época en la que tú vestías así pensando que ya nadie se acordaría. Es la forma que tiene la moda de llamarte vieja. Una hostia en toda la cara más grande que ver combinados cuadros con círculos. 

Pero después del primer mazazo te recompones y piensas en el lado positivo. ¡Por fin voy a volver a encontrar los pantalones que me quedaban de caerte de culo!” No mi ciela… La que se va a caer de culo vas a ser tú cuando vuelvas a probártelos.

Recordemos por un momento mi outfit favorito de juventud. Pantalones de campana a ras de pubis y de acera. Como se le fuera a mi madre la mano cogiendo el bajo prefería bajarlos y que se me viera hasta el hilillo del támpax antes que asomara ni medio centímetro de suela de zapato. Y cazadora de cuero bien cortita y con solapas, rollo motera. Qué mona iba por Dios…

Ahora bien, después de 20 años te vuelves a probar esos pantalones… con esas campanas… con ese pubis asomando…. ¿¡pero qué ha pasado?! ¡Si a mi este corte bajo me hacía un culito que llevo echando de menos desde que llegaron los tiros altos! ¿Y por qué ahora las campanas me hacen parecer un botijo? ¡¿Me lo explicas?! 

Pasamos mejor a la parte de arriba. Chaqueta motera cortita y con rollazo. Con esta era la reina… No me la quitaba ni en agosto para ir a la piscina. ¿Y ahora? ¿¡Por qué coño las tetas ya no me caben en esta chaqueta?! Es que (si consigo cerrar la cremallera… que no tengo todas conmigo…) parecen dos ensaimadas aplastadas. Y eso que noto… ¡Hostia que frío por los riñones! A mi así me va a dar el lumbago…

Vale, está claro que la moda no ha vuelto para agradarme a mí, sino para recordarme que yo ya estoy de vuelta. En serio, ¿por qué nos hacen esto? ¿Por qué nos ponen la miel en los labios? ¡No se puede jugar así con la ilusión de las personas! 

Bien, dramas aparte y una vez dejada atrás la nostalgia… Pongamos en marcha la estrategia “a mí no me hundes, te hundo yo a ti”:

“Chica, es que yo esto ya lo he llevado todo. Esta ropa me parece como vieja sabes… la veo antigua…”

Luego en tu casa ya te pasarás toda la tarde buscando fotos para poder decirte a ti misma: “Ves… Si aquí parezco una modelo del Zara… ¡pero mejor! que ahora se les ven todas las zapatillas”.

Marta Toledo