Dani es un chico muy joven que pasó casi toda su infancia en casa de sus abuelos.
Cuando era pequeño, su madre trabajaba muchas horas fuera de casa y su padre viajaba tanto que para él lo habitual era que su padre no estuviera. Por eso él pasaba la mayoría de los días con sus abuelos, que vivían en el piso de abajo.
Para él sus abuelos lo eran todo, por eso lo pasó tan mal cuando, a sus 17 años su abuelo falleció y su abuela entró en una profunda depresión.
Fue gracias a él, su cariño, su compañía, su paciencia y su alegría que sacó fuerzas para seguir adelante y, aunque no olvidaba a su Antonio por nada del mundo, recuperó su carácter legre y dicharachero.
Dani, por su parte, siempre fue un chico cariñoso al que no le costó en absoluto mostrar sus emociones, así que, tras aquel acontecimiento tuvo un acercamiento muy grande con su amigo Tato, que lo escuchaba cuando lo necesitaba y lo consolaba cuando no podía evitar que las lágrimas le brotasen de golpe.

Tato y Dani eran más que amigos, pero nadie lo sabía (aunque muchos lo intuían). La madre de Dani, que ahora trabajaba menos y podía estar más presente en la vida de su hijo, le dijo un día, como quien no quiere la cosa, que cuando quisiera podía contarle algo más sobre su “amigo” Tato.
Entonces él se sintió libre para hablar con su madre sobre lo raro que se sentía, cómo le abrumaba la culpa por poder decepcionar a su familia siendo quien era en realidad… Su madre lo apoyó y animó a ser él mismo, le pese a quien le pese.
Su padre, que hacía años que se había ido definitivamente de su casa para vivir en otra ciudad con una mujer mucho más joven, le dijo que mejor que no lo supiese demasiada gente, por no hacer sufrir a su familia. Pero como siempre fue un padre ausente y desde el divorcio apenas lo veía una o dos veces al año, su opinión no era demasiado relevante.
Pero ahora llegaba el momento de hablar con su abuela. Ella era una mujer muy buena y alegre, pero era hija de su tiempo. Cuando su nieto querido, al que había criado como a un hijo, le dijo que le gustaban los hombres ella reaccionó como si le hubiesen dado una terrible noticia. Se llevó las manos a la boca y al momento las lágrimas anegaron su rostro. Abrazó a su nieto sollozando “¿Qué hemos hecho mal? ¿En qué nos hemos equivocado?”.

Él intentó que aquellas palabras no le dolieran, pero no pudo ser. Entre el sufrimiento de su abuela y lo doloroso de sus pensamientos se sintió tan mal…
Entonces su madre bajó a hablar con su abuela, que no había dejado de llorar ni un segundo. Con toda la mano izquierda que pudo, le habló de su hijo, de la bondad de su corazón, de que no había dejado de ser él, de que el amor es siempre amor.
Le puso mil vídeos de internet que hablaban de esto y aquella mujer mayor, con reticencias, pero con mucho empeño por entender, quiso volver a ver a su nieto ese día.
Empezó disculpándose por haber dicho cosas muy feas sin darse cuenta. Le habló de sus tiempos y de cómo eran las cosas entonces. Le habló de su vecino el Bujarras, que había emigrado tras la repulsa de su familia cuando lo habían atado desnudo a un árbol entre varios al saber que había tenido un lío con un militar que estaba de paso. Le dijo que de lo que le pasó al militar prefería no hablar.
Ella sentía miedo de que todas aquellas cosas horribles le pasasen a su nieto y prometía luchar contra los pensamientos enraizados en su mente llena de falsos prejuicios.
Han pasado unos cuantos años. Tato y Dani se casarán este año y su abuela ha pedido ser madrina de ceremonia. Tato es como un nieto más para ella. Es quien hace feliz a su niño y eso es impagable. Además siempre la trató con tanto cariño que no pudo más que quererlo desde el principio.
Escrito por Luna Purple, basado en una historia real.
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