Entrecitas. Cuando Manolo encontró a Mari Carmen. Parte 1

 

¡Hola de nuevo queridas lectoras! Ha llegado el momento de empezar a relatar historias de (des)amor del siglo XXI. Siguiendo un poco el hilo del primer artículo de “Entrecitas”, empezaremos por el principio relatando situaciones en las que se han conocido dos personas con más o menos intención amorosa. 

Seguramente os estaréis preguntando el porqué del título así que antes de nada os lo voy a contar. Pues resulta que una servidora es bastante cinéfila así que cuando una buena amiga y yo empezamos a pensar nombre para el consultorio, se nos ocurrió ponerle “Entrecitas” en honor a la película “Entre copas”. De hecho ese es el motivo por el que en el logo de “Entrecitas” salen 2 copas. Pues bien, siguiendo un poco con esa línea, decidí que intentaría que todos los episodios del podcast tuvieran un nombre inspirado en alguna película. En este caso, como habréis deducido, la película es “Cuando Harry encontró a Sally” aunque con unos nombres más cercanos a nuestra cotidianidad. Son los nombres que usa Silvia Llop, la psicóloga del amor, en sus posts de Instagram en los que todas las mujeres son Mari Carmenes y todos los hombres son Manolos. Por cierto, echadle un ojo a sus redes, ¡aprenderéis mucho!

Otra información que considero que debéis tener es que nunca uso los nombres reales de las personas que me explican las historias. También me invento sus lugares de procedencia y en algunas ocasiones, si la persona así lo desea, cambio algún dato para que sea más difícil reconocer la historia en el hipotético caso de que la otra parte implicada escuche o lea “Entrecitas”. Dicho esto, empezaremos relatando la historia de Sofía, que nos escribe desde Positano, precioso pueblo italiano:

<<Hace años, cuando estudiaba en la universidad de Milán, trabajaba de camarera y a veces llegaba a casa muy tarde. Una noche, después de una dura jornada de trabajo, salí del metro y había empezado a llover. Reventada como estaba y resignada a mojarme ya que no llevaba paraguas, bajé la cabeza como si así me mojara menos y empecé a andar hacia casa. De repente una sombra apareció delante de mí y cuando levanté la mirada para ver qué pasaba, tenía frente a mí a un chico guapísimo bajo un paraguas de esos grandes. Me miró con cara de empatía y me preguntó tímidamente: “¿Te acompaño?”. Su acento me indicó que era de Sicilia, lo que me puso aún más nerviosa de lo que ya estaba porque a mí los acentos me ponen bastante. Evidentemente acepté y empezamos a andar bajo su paraguas. Me contó que era estudiante de arte en Milán y que llevaba poco tiempo viviendo en ese barrio. También me preguntó si por esa zona conocía sitios chulos para tomar algo y salir de fiesta. Como soy muy tonta y no pillo las indirectas, no se ocurrió una respuesta mejor que: “No lo sé, últimamente trabajo mucho y no salgo demasiado”. Todavía no había terminado de hablar y ya me estaba arrepintiendo. Cuando llegamos a la puerta de mi casa, le di las gracias y nos despedimos sin darnos los teléfonos, ni siquiera recuerdo si nos dimos los nombres. Mis amigos todavía me recuerdan lo tonta que fui por no haber aprovechado la oportunidad de conocer al siciliano del paraguas un poco más a fondo. Y yo me pasé por lo menos dos meses vistiéndome guapa hasta para ir a bajar la basura, por si acaso el siciliano guapo volvía a aparecer. Nunca nos volvimos a ver. >>

Pues bien, como Doctora Desamor en todas las historias me toca sacar una conclusión, moraleja, llámale como quieras y esta primera no va a ser una excepción. A ver Sofía, alma cándida, cuando la vida te mete de lleno en una escena de peli romántica, créete que eres Jennifer Aniston a finales de los 90 e interpreta tu papel. Si un maromo que te gusta te pregunta sutilmente si conoces sitios para tomar algo o salir por ahí, evidentemente puede ser que su intención sea solo saber dónde están esos sitios, pero lo más probable es que esté tanteando el terreno para saber si tiene alguna posibilidad contigo. ¡Aprovecha la ocasión y lánzate a la piscina! Si realmente no conoces ningún sitio dile que ya se lo preguntarás a tus amigos y le pasarás la información, excusa perfecta para intercambiar los números de teléfono y al menos seguir conociéndole. Muy probablemente te acabarás pegando una buena hostia, porque las pelis románticas no existen de verdad, pero si quedas con él algunas veces eso que te habrás llevado.  

Bien, hasta aquí el artículo de hoy, ¡próximamente más! Si te gustaría que diera forma a alguna de tus historias de des(amor), puedes mandármela a través de Weloversize o de mis redes sociales. ¡Hasta pronto!

La Doctora Desamor

El podcast “Entrecitas” está disponible en   Spotify    Amazon Music   Google Podcasts

Sígueme en Instagram y en X