Anónimo
¡¡¡Hola chicas!!! Os escribo este correo para contaros cómo es realmente la vida de un influencer o al menos cómo la vive una persona que es pareja de uno. Hay muchísima idealización por una parte y muchísima vejación por la otra y, queridas mías, ni tanto ni tan calvo. Al final es una profesión como cualquier otra, con sus pros y sus contra.
Mi pareja tiene +250K seguidores en Instagram, +600K en Tiktok y 150K suscriptores en Yotube. Esta última plataforma casi que ni la cuento porque apenas sube contenido, se centra sobretodo en Instagram y algo en Tiktok. ¿Para qué os doy los datos? Para que sepáis que a él se le considera un ‘influencer medio’, no tiene 20K, pero tampoco tiene 1M.
Él pudo dejarse su curro para dedicarse única y exclusivamente a crear contenido en las RRSS, cobra MUY bien, pero también tiene una presión encima que no le deseo a nadie. ¿Compensa? Hasta la fecha sí, sin lugar a dudas, si no hubiera dejado de hacerlo hace tiempo.
Para que veáis que hablo claro, en serio y lo que quiero es romper mitos, hablemos de lo que más interesa y lo que menos se menciona: cuánto gana un influencer. Con los números que os he dicho, mi chico se embolsa DE MEDIA 4.000€ al mes, hay meses que ha cobrado algo más de 2.000€ y meses que llega a 6.000€, pero siempre gira en torno a los 4.000€.
¿Un buen sueldo? Para la gente de a pie como como tú y como yo un MUY buen sueldo, para otros será poca cosa, pero a él le gusta su trabajo y a mí me hace feliz verle currar en algo que le apasiona.
¿Sería yo capaz de gestionar la presión que tiene, el nivel de curro que lleva y el desgaste emocional? No. Ni por 4.000€, ni por 10.000€ tienes que tener madera para ello y yo por ejemplo no la tengo. Me conformo con mi sueldo normalito, con mis 8h de oficina y mis pagas extra, a mí no me compensaría su vida.

¿Más cosas positivas que es evidente que lo son? Nos llegan paquetes a casa casi a diario y aunque pudiera parecer lo contrario, la emoción de abrir las cajas no se termina. Nunca sabes si te vas a encontrar con algo de comida, con un pequeño electrodoméstico, con un producto de cosmética o con algo para decorar la casa. Abrir cajas siempre es guay, igual que siempre lo es recibir regalos.
¿La parte negativa? Guardar las decenas de cosas materiales que llegan a nuestra casa nos gusten más o nos gusten menos, porque ¡sorpresa! no siempre llegan cosas guays, de hecho cosas que ‘necesitas’ las menos. Las marcas suelen enviarte el mismo tipo de producto una y otra vez, tienes los armarios llenos, el almacenaje no da de sí y no tienes ni idea de qué hacer o dónde meter tantas cosas. ¿Las regalas? Evidentemente, pero llega un momento en el que ni así. Acabamos con los armarios petados de productos que no sabemos ni que están ahí, para que se acaben pasando de fecha y cojan polvo.
De la mano con el sueldo, viene la responsabilidad. No os hacéis una idea de la cantidad de veces que lo he visto repetir un mismo vídeo en bucle durante horas. Aunque lo que veis en historias os parece algo super natural y sencillo, las marcas lo tiran para atrás casi siempre, a veces llegamos a pensar que lo hacen hasta por gusto. ‘Repítelo, esa palabra no la puedes utilizar, esa frase quedaría mejor al final, te faltan cosas por decir, dices demasiadas cosas…’ Nunca están del todo contentos, siempre tienes que repetir y repetir y repetir. Encima cuando te dan el ‘ok’ tienes la sensación de que el vídeo final ha quedado igual que el primer que mandaste.
Vivir con un influencer es vivir con una persona que trabaja, el tiempo que se le ve en las RRSS le ocupa el menor tiempo del día. Delante de la pantalla están unos minutos, pero detrás hay horas de curro. Siempre está pegado a un portátil, mandado mails, hablando por teléfono, cerrando contratos, leyendo propuestas, haciendo fotos, repitiendo vídeos, emitiendo facturas… Real que mi casa parece una oficina, si alguien viniera a pasar el día no tendría claro de qué curra mi chico, las conversaciones que tiene son de economista, te pasas el día escuchando cosas sobre dinero, contratos y propuestas, es un autónomo que trabaja desde casa tal cual.

Llegamos a la que para mí es la peor parte: vive pegado a su móvil. Y no, no estoy exagerando. Y no, no lo hace por gusto. Y no, no puede ponerse un horario y negarse a estar conectado a X horas.
Si una marca le dice que tiene que subir una publicación a las 22h en punto, da igual que estemos en el cumpleaños de su madre toda la familia reunida, a él le suena una alarma, tiene que salir un momento fuera, subir la publicación, comprobar que está todo ok y ver que la marca está al tanto. Esto de salirse fuera lo hace cuando sabe que lo van a juzgar, gracias al universo hay amigos que POR FIN han entendido de qué va su trabajo, puede abstraerse el tiempo que necesite, hacer su curro y volver a la conversación sin que nadie le diga chorradas que sientan MUY mal.
Luego está el hecho de que lo paren por la calle… Que al él le flipa, es simpatiquísimo y siempre se queda hablando con todo el mundo un tiempo más que cortés, sin embargo cuando estamos de cervezas con amigos, en una discoteca o en el parque de atracciones… Pues como a todo el mundo, te jode un poco el momento, pero te aguantas porque eso también es tu curro. La otra noche salimos por primera vez desde que hay pandemia y literalmente le pidieron 39 fotos en la discoteca. Sí, las contamos.
Estoy releyendo todo y me estoy dando cuenta de que la mayoría de cosas que digo son negativas, menos el sueldo y recoger paquetes… Y realmente es que creo que es un poco así, es genial que te den cosas gratis porque a todos nos flipan, tiene un sueldo estupendo, pero luego todo lo que viene de la mano no es moco de pavo.
Por no hablar ya de la evidente exposición… Porque sí recibe cientos de comentarios diciéndole lo guapo que es, lo bien que habla, lo gracioso que está siempre, lo bien que cocina… pero claro, nadie ve los mensajes privados en los que se le EXIGE hablar de X temas, en los que se le juzga por cada nimiedad, en los que se le mira con lupa y parece que no pueda cometer NI UN SOLO error. Es agotador, os lo digo yo que lo sufro en segunda persona. La cantidad de días que lo he visto rallado, con la cabeza baja y los ojos tristes… La cantidad de veces que se pregunta si lo está haciendo bien, si merece la pena, si es buena persona… Es un coñazo, de verdad os lo digo.

Al final él es humano, es incoherente en muchas cosas, no tiene la verdad absoluta y se equivoca porque es un señor repleto de privilegios, está en constante deconstrucción, pero eso no le quita ser quien es, crecer como lo ha hecho y haber tenido la educación que tiene.
¿Qué pretendo escribiéndoos a vosotras todo esto? Pues supongo que visibilizar una realidad, demostrar que no todo es tan bonito y que no todo es tan horrible, que los influencers son gente que cobra muy bien, pero también que trabajan mucho, que las cosas gratis son geniales, pero que el precio a pagar es alto porque como siempre se ha dicho ‘en esta vida nada es gratis’. Que si tenéis amigos que trabajan o tienen el objetivo de trabajar para las RRSS que les apoyéis y no les juzguéis, que ninguna vida en sencilla y que todos tenemos sentimientos, hasta los que parece que tienen una vida de ensueño.