Como si de unas viejillas nos tratásemos, anoche mi hermana y yo le dábamos al pico sobre la suerte de los jóvenes de hoy de pasar esta cuarentena con todas las posibilidades que tienen. Algo así como si les echáramos en cara que internet, las redes sociales o las plataformas de streaming existieran por su culpa (ya veis lo que hace el estar encerrada en casa).

El asunto es que hablando hablando nos pusimos a imaginar cómo sería el vivir esta pandemia por aquellos años 98, 99, 2000… Cuando éramos nosotras las que estábamos en plena edad del pavo y nos buscábamos la vida como buenamente podíamos para no fenecer por aburrimiento. ¿Más de un mes enclaustradas en casa con nuestros padres? ¡Menudo locurón!

Para empezar, y porque necesito fuertemente que os metáis de lleno en esta época, os animo a comenzar dándole al play a este pedazo de tema. Uno de los muchos que se volvió un clásico de lo más in y que, seguro, a muchas os despertará un millón de recuerdos…

Vamos pues al lío.

Lo primero a lo que atendimos en nuestra larga retahíla de quejas sobre lo fácil que lo tienen para confinarse hoy en día fue, por supuesto, a los teléfonos móviles. A ver amigas, nosotras como mucho teníamos un One Tochísimo ultra molón pero cero inteligente. Los SMS eran nuestra salvación pero se comían el saldo de una manera bárbara. Queremos pensar que, en nuestro caso, Vodafone se apiadaría de los pobres teenagers y nos regalaría un Mensamanía que ocupase toda la cuarentena. Entonces sí, ¡arriba esos dedos y venga teclear!

Muy probablemente nos hartaríamos de llamar vía fijo a nuestras mejores amigas. Con el mitiquérrimo ‘¿Está Claudia?‘, y esos nervios totales ante el miedo a que nos contestase el hermano buenorro de turno. Echaríamos los buenos minutos hablando sobre todo menos la pandemia, eso fijo, y mientras tanto nuestras madres nos gritarían pidiendo que colgásemos de una dichosa vez.

Esto siempre y cuando alguien en casa no decidiese conectarse a internet mientras nosotras le damos a la sinhueso al teléfono. En ese caso estábamos más que jodidas, nos quedaríamos medio sordas con el sonido estridente de ese router marcando para tener conexión y nos cagaríamos en las muelas de quien hiciera falta. ‘¡JODERRRR, QUÉ ESTOY HABLANDO!

serie año 2000

En la televisión nos ofrecerían maratones de Las gemelas de Sweet Valley o Los Rompecorazones, o eso queremos pensar.

Ey, pero no venirse abajo. Que las más afortunadas podían pasarse horas y horas colgadas del IRC Hispano. Aquel chat del demonio donde no fueron pocos los que encontraron su primer ciber-amor, o su primera ciber-decepción. Un IRC en estado de alarma debía ser algo así como una rave en su quinto día de desfase, tal cual. Y todo sería muy divertido al menos hasta que alguien decidiera llamar a casa y te cortara la conexión. Bienvenidas al mundo real.

Es evidente que en eso de mantenerse comunicadas los adolescentes de hoy se llevan la palma. Pero si de estar de verdad entretenidas se trata, ahí no nos ganaba nadie. Por mi parte, me haría ultra pro del Snake del Nokia. Es que lo estoy viendo clarinete. Quizá mi madre se preocuparía al verme todo el día medio bizca dándole al juego de las narices, pero el batir mi propio récord sería mi meta en cuarentena.

En los descansos mis hermanas llorarían por una partida al Línea Directa, y quien dice una dice cuatro seguidas, porque nunca nos gustaba el tío que nos había tocado. De hecho, creo recordar que solo nos molaba uno, así que las probabilidades de éxito eran muy escasas. Nos descojonaríamos viendo a qué feo le molábamos y vuelta a empezar.

Y ante la falta de plataformas como Netflix o HBO, lo nuestro sería sin duda tirar de VHS antiguos o de esas películas metódicamente sobregrabadas directamente de la televisión. En mi casa estaríamos a vueltas con Grease, Dirty Dancing y Los Goonies en bucle. Mi madre pediría un poco de Desayuno con Diamantes y mi padre un maratón de Indiana Jones. Pero en aquella tele mandábamos nosotras así que Travolta y su macarreo marcarían el confinamiento.

Puede, y solo puede, que alguna película del videoclub se quedase sin devolver durante la cuarentena. Ahí ya correríamos otro tipo de suerte porque a pesar de comernos la olla por si aquello nos penalizaría de verdad o no, tendríamos una peli top más que ver hasta aburrirnos. Eso si habíamos elegido bien, porque ir al videoclub y acertar no iban siempre de la mano…

Todo esto siempre y cuando no estuvieran poniendo ‘Música Sí’, aquí ya hablamos de palabras mayores. Todo sábado por la mañana significaba cinta virgen en el vídeo, mando en la mano, y estar bien atentas. Una nunca sabía con qué nuevo invitado nos iba a sorprender aquel programa musical. ¿Y si salían los BSB y nadie nos había avisado? ¿Y si volvían a emitir la vez que Chayanne le dio a las caderas volviéndonos locatis? Seguro que ni el Covid-19 frenaría aquel programón.

bravo año 2000

Que la revista trajera unas pegatinas con un ‘I ♥ The Moffatts’ era lo más. Y esas entrevistas inventadísimas nos tenían horas entretenidas.

Se quejaba mi prima la más jovencilla, esa que encabeza la conocida como Generación T, que está hasta el toto de hacer deberes y trabajos para el instituto. ¡Hostias, colega! ¿Y nosotras por aquel entonces cómo llevaríamos la comunicación con los profesores? ¿Por señales de humo? Se buscarían la vida de alguna manera para que no perdiésemos el tiempo leyendo Súper Pops pasadas, o rebuscando una vez más entre las páginas de la Bravo para ver aquellos cutre reportajes de ‘Así fue mi primera vez‘. Daba igual, hicieran lo que hicieran, el resultado a entregar siempre sería un copy-paste de la Encarta así a lo loco, sin cortarnos un pelo.

Que claro que algo estudiaríamos o al menos lo intentaríamos, pero ya de buscar un buen plan para el estado de alarma mucho más top sería hacernos nuestro propio Just Dance de andar por casa montándonos un baile delante de un espejo al ritmo del Baby One More Time de la Britney. Y ya si hablamos de música, a falta de un buen karaoke o de un Sing Star, lo mejor era cantar a pleno pulmón leyendo las letras directamente de los libretos de los CD’s originales (y quien dice CD’s dice cassettes, ¿eh?)

Como colofón final, si viajamos unos añitos en el tiempo, la llegada del Messenger lo cambiaría todo una barbaridad. Aun así, creo que es de ley subrayar esos estados imposibles que nos marcábamos en nuestro perfil. A cada cual más hortera, con letras de todos los tamaños, con símbolos que no entendía ni el más macarra. ¿Y cómo sería nuestro nick en el confinamiento? Dejadme pensar…

**apolito**eStA cUaReNtEnA tE aÑoRo MaS q NuNkA mI bEbE$29/10/03>><<(–]

¿Quién era mi bebé? Ni yo lo sabía. ¿Y esa fecha ahí plantada? Probablemente un día de risas con las besties. Pero lo que molaba generar expectación delante de la peña, eso no estaba pagado.

Así a grandes rasgos, en nuestro confinamiento puede que no tuviésemos todas las posibilidades de hoy en día, pero nos comeríamos la cabeza para darle un repaso a nuestra vida. Y sino siempre nos quedaría hacernos unas buenas trenzas de hilo en la cabeza y dárnoslas de hippies chungas cuando volviésemos a la realidad.

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