El semen es un factor más del sexo que tiene su importancia. Se podría hacer todo un trabajo de investigación y desarrollo dedicado al semen. Desde las características de la sustancia en sí hasta el uso y beneficios de dicho elemento. Y creo yo que habrá tantas versiones y opiniones como mujeres hay en el mundo, porque, aparte de la cuestión típica de que si tragar o no tragar —que parece el único dilema con el que nos topamos ante tal materia—, poco he oído yo deliberar más sobre este tema. Así que lo que puedo aportar al respecto no es más que fruto de mi humilde experiencia, variada, eso sí, porque cada hombre es un mundo y para gustos, los colores.

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Me remito a mi época adolescente. Primeras experiencias, primeras pajillas. El instinto te lleva a hacer el movimiento mecánico que desemboca en esa erupción, la mayoría de las veces deseada ya desde hace rato, que tienes la muñeca que no da para más, y fluppppp!!! Ese moco asquerosillo que sale de ahí dentro, que se te pega parte entre los dedos, parte en la bragueta del mozo, parte a saber… Y tú abriendo y cerrando la mano, comprobando que cada vez está más pegajoso y que no sabes cómo hacer para restregarte y quitarte eso como sea. Más de una tarde acabas saliendo a la calle con la sonrisa de carmín, el bolso que te regaló y los refregones secos por detrás de los pantalones, que es donde primero has alcanzado a secarte.

Pero lo sufres en silencio, porque ninguna amiga se atreve a hablar de ello, hasta que una noche de pijamas en el viaje de final de curso sale el tema y te salta una que el semen huele a lejía.

¿¿A lejíaaaaa?????

La primera vez en la vida que oigo eso, y de hecho estaba yo aún con mi primer novio, por lo que mucho catálogo no tenía en mi currículum. Pero a partir de ese momento intenté captar a qué olía la cosa. Y la verdad, lo de la lejía no lo he notado yo, ni en aquel pimpollo ni en los venideros. Y tampoco me he atrevido a consultar con nadie más sobre ¿a qué huelen las flores?

Crecí y con los años sumé experiencias y diversidad al asunto. Una de las características que descubrí por mí misma es que el semen late. Sí, como un corazón. De hecho, es lógico, porque literalmente tiene vida. Si no habéis probado nunca, intentad recoger con la mano una buena cantidad del líquido lechoso y mantenerlo así por un momento. No sé si lo notaréis; yo sí lo notaba, cómo palpita en la mano. Como que se expande y se contrae. Es una sensación relajante y placentera. Podrían plantearse introducir los yoguis el material en sus sesiones: asana, savasana y sana sanita sana, apretamos con la mano lo que del miembro mana…

Ooooooooooooooooom!

Y así como más cosas curiosas, hubo uno que se me corría fuera, descargaba el fluido en mi ombligo y, ya una vez vaciada la carga y echado en la cama a mi lado, resoplando como caballo al final de la cuesta, se dedicaba a extenderlo con la mano por todo mi vientre, repartiendo bien el pringue, como el que encala el patio a la sombra de la higuera.

Que es nutritivo para la piel, me decía.

¡¡¡Pues oye!!!

Que igual me ahorro la crema reafirmante, que, al precio del frasco, ¡una buena corrida y todos contentos!

Parvaty.