Mi chico y yo éramos dos culos inquietos antes de que la ma/paternidad llamase a la puerta. Y a veces nos lo pasamos genial, hacíamos una mezcla de alcohol con nuestra poca vergüenza ya de por sí, y la liamos mucho en el ámbito sexual, la verdad. Y de todas esas, creo que de nuestros polvos más insólitos fue cuando vi las estrellas (literalmente) sobre un tractor de una obra a las afueras de mi ciudad.
Mi pareja tenía esa tarde/noche una boda, yo directamente estaba tranquilamente con mis colegas mientras de vez en cuando nos contestábamos a los mensajes, hasta que uno de ellos fue un:
-“Oye, que me aburro ya aquí, prefiero estar un rato contigo. ¿Pillo un taxi y nos vemos?”
Bueno, la 1:00 am de la noche, okey. Me escurro del plan que tenía alegando que venía el churri a por mí. Viene, nos compramos una última cerveza en una multitienda que cerraba tarde, nos comemos los morros. Va subiendo poco a poco la temperatura. Casa de mis padres obviamente ocupada, el piso de estudiantes de mi chico tampoco pinta muy bien. Cachondos y medio borrachos…
-Mira esa obra. Seguro que ahí no hay nadie, ¿la liamos y nos metemos?
Yass, cuando tomó unas cervezas sacó la peor versión de mí y la más creativa. Porque ¿Qué podría salir mal al follar en medio de una obra a las tantas de la noche?
Mi chico, que no le hizo asco ninguno a la idea, saltó un par de vallas conmigo y me puso mirando para Cuenca sobre un tractor lleno de polvo, luego pasamos a una grúa de obra y finalmente me empotró en un césped mal cuidado lleno de bichos por todas partes.

Cuando nos corrimos nos pusimos a ver las estrellas y a analizar lo surrealista de la situación, mientras nos pinchábamos el cuerpo semidesnudo y tratábamos de recuperar la normalidad de lo anormal de todo aquello.
¿Resultado al día siguiente? Desperté llena rasguños, de moratones, picaduras de a saber qué y no puedo decir que fuese nuestro encuentro más cómodo. También os digo, el morbo de la situación no nos lo quita nadie y cada vez que lo recordamos ambos nos reímos y le tenemos un cariño muy especial.
¿Volveríamos a repetirlo? Segurísimo que sí. No en el mismo sitio, ya que ahora se ha convertido en un lugar donde llevamos de paseo al pequeño y obviamente, no lo repetiremos en un futuro a corto plazo.
Ahora nos va más la comodidad de nuestra casa, los encuentros fugaces cuando el bebé lo permite y la tranquilidad de saber que si follamos no vamos a acabar malheridos o al borde de que nos pille la policía e irnos a casa con una multa.
También os digo, cuando volvamos a dormir un poco más… Quizá volvamos a recorrer la ciudad en busca de un sitio nuevo donde colarnos y hacer nuestro un rincón que esté lleno de polvo, grúas o una viga de carga. Quién sabe.
Whirlwind