Durante años viví convencida de que una mujer tenía que estar perfectamente depilada. Las piernas, las axilas y, por supuesto, las ingles. Pero aquello no era una opción. Era una obligación. Yo me depilaba por presión social, porque ir con la pelambrera estaba mal visto.

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Y ahí estaba yo. Gastándome un dineral en cuchillas, en cera, en cremas depilatorias y en ir al centro de belleza que ya empezaba a costarme un riñón. Además, que no sé qué pasa, pero las chicas que trabajan allí odian el pelo. Cada vez que iban me quitaban un poco más.

Muchas veces llegué a depilarme en chichi enterito. Parecía una muñeca. A mí no me gustaba mucho, pero a mi novio de entonces le volvía loco.

Por eso siempre pensé que a los hombres les gustaba pelado. Porque estuve con aquel chico bastantes años y a él le molestaba encontrarse un mínimo pelo.

Hasta que lo dejamos. Después de muchos años juntos, cada uno por su lado.

Yo al principio seguía depilándome como de costumbre y empecé a acostarme con tíos random. Uno de Tinder, otro que conocí en una discoteca, el colega del novio de mi amiga…

Hasta que me cansé y decidí que no me depilaba más.

Fue un acto de rebeldía total. Estaba harta de dejarme una pasta en la esteticien o de pasarme la cuchilla rápido si había quedado con un tío y no me daba tiempo a usar la cera.

Dije: ¡Se acabó! A quien no le guste mi coño peludo, pues que no se lo trinque.

¿Y sabéis lo que descubrí? Pues que no a todos les mola el chichi pelado. Los hay que prefieren un buen felpudo.

La primera vez que quedé con un tío con el que llevaba hablando meses, pensé: “Pues que sea lo que dios quiera”. Habíamos quedado ya varias veces y algún beso y magreo había caído. Pero aún no habíamos pasado a mayores. Pero ese día, era el día. Me dijo que me fuera a su casa a ver una peli y todos sabemos ya lo que eso significa.

Yo llegué allí, súper segura de mi misma, dispuesta a darlo todo. Cuando empezamos a enrollarnos y se bajó a quitarme las bragas, me acojoné un poco. Pero entonces ocurrió algo que no me esperaba.

Me vio el matojo y soltó: “Uff, me encanta” y se lanzó a meter la lengua.

Después del acto, nos quedamos en la cama tirados desnudos y hablando. Sin venir a cuento, me miró el pubis y me confesó que le gustaba mucho así, que estaba harto de verlos siempre depilados, que a él le ponía una mujer de verdad, con su vello púbico.

Yo me quedé mirándole como si acabara de decirme que su comida favorita eran las lentejas con nocilla. De verdad que pensé que sería una rareza suya. Porque a mí a lo que me tenían acostumbrada era a que les gustara el toto sin un solo pelo.

Pero la historia no terminó ahí.

Unos meses más tarde tuve un encuentro sexual con un ex rollo. Con el típico follamigo que te tiras de vez en cuando. Ese me lo había visto otras veces depilado y cuando me lo vio en plan selva salvaje, lo mismo, directo al pilón.  

Luego me dice que a él lo del clítoris a la vista que no le gusta, que a él le mola buscarlo y currárselo un poquito. Os juro que si no hubiera visto su reacción al vérmelo, habría pensado que me estaba vacilando, pero no. Es que se puso como loco, como un mandril en celo. Creo que hasta la tenía más dura que otras veces.

Ya me entró curiosidad y pregunté a mis amigas. Y muchas coincidían en que había bastantes tíos que preferían el vello natural que una tía súper depilada.

Aquello me hizo pensar en todas las mujeres que se depilarán por pura presión estética. En las que cancelan una cita porque no les da tiempo a depilarse o en las que no de ponen falda en verano porque tienen cuatro pelos mal contados en las piernas.

Habrá hombres que prefieran una cosa y otros la contraria. Es normal, a mí me gustan los tíos con barba más que afeitados. Pero también los hay que entienden que una mujer tiene pelo en distintas zonas de su cuerpo, igual que ellos, y que no pasa nada.

Quizá las mujeres llevamos demasiados años intentando cumplir unas expectativas y deberíamos dejarnos llevar y hacer lo que nuestro cuerpo nos pida. Si tu cuerpo te pide no depilarte el toto, pues no te lo depiles. Donde hay pelo, hay alegría.