Llevo saliendo con un chico un año. Todavía no vivimos juntos porque los dos veníamos de relaciones largas y hemos decidido tomarnos con calma lo nuestro. Los dos trabajamos y somos independientes: yo vivo con una amiga y él tiene un apartamento alquilado.
Ambos compartimos profesión: somos abogados. Él trabaja en un despacho y yo soy asesora en una ingeniería. Cuando nos conocimos, él me dijo que su sueldo era de 2500 euros, como el mío. Son dos buenos sueldos, pero es verdad que, en un futuro, podríamos llegar a aspirar a más.
A raíz de empezar a ver que la relación funcionaba, pensamos que, con 5000 euros totales al mes, nos podríamos plantear alquilar una casita con jardín y zonas comunes. Incluso, cuando tuviéramos algo más ahorrado, comprarla. Así que empezamos a mirar casas por la zona en la que vivimos.
Y todo iba bien hasta que un día que estábamos en su casa usé su ordenador para buscar los datos de una casa y en el buscador me salió la página de OF. Sí, señoras, OnlyFans. No es que yo supiera muy bien qué era ni cómo funcionaba, así que decidí preguntarle a mi hermano, que está puesto en todo lo que tenga que ver. Y fue entonces cuando me quedé en shock.
Mi novio, ese maravilloso con el que me planteaba una vida, se gastaba parte de su sueldo en una web en la que pagas por suscribirte al contenido calentito de chicas ligeras de ropa. Además, parte de ese dinero iba para mensajes privados con contenido exclusivo y otro bloqueado por el que pagaba aparte (PPV, pay per view). Vamos, una joyita.
¿Que qué hice? Pues se lo pregunté. Yo no soy de andarme con rodeos y, mucho menos, de perder el tiempo haciendo pesquisas. Después de saber lo que era OF y flipar en colores, se lo dije.
Pues, oye, que le quiero más hoy. Sí, el tío se dejaba 500 eurazos que no me decía que ganaba en OF, y se sentía súper avergonzado porque tenía un problema. Le aconsejé ir a terapia con una sexóloga y aceptó a la primera. Necesitaba ayuda porque se sentía mal al hacerlo, no porque sea algo malo per se. Y gracias a la sexóloga todo ha mejorado: su relación con el sexo, la nuestra y su bolsillo.
Estamos mejor, estamos bien y estamos seguros de que en el sexo, las filias y las fobias son algo súper personal, íntimo y respetable. Pero cuando algo se convierte en un problema, hay que atajarlo. Y la gran suerte, es que ahora mi novio tiene 500 euros de sobra que se puede gastar en la terapeuta y si sobra algo, en darnos un caprichillo.
Todo esto me ha llevado a plantearme lo tabú que es la sexualidad: cada uno tiene sus cajones y, al fondo, guardamos la mierda que no queremos que nadie vea. Y, cuando encuentran ese lugar oculto, en muchos casos, aparece la vergüenza. En lugar de sentirlo así, tenemos que verlo como una forma para entendernos mejor y para rebuscar en nosotros mismos, para hacernos mejores.
Anónimo
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