En realidad, enterarme de que mi novio había estado saliendo conmigo y con su ex al mismo tiempo fue algo que solo me pilló por sorpresa a mí. Todas mis amigas llevaban mucho tiempo tratando de abrirme los ojos. Pero lo cierto es que, como se suele decir, no hay peor ciego que el que no quiere ver. Y, por supuesto, yo me negaba a ver la realidad que tenía frente a mis narices.
Cuando Joel y yo empezamos a tontear, no tenía ni idea de que él tenía novia desde hacía varios años. Y si me enteré no fue porque él me lo dijera. Llevábamos unos meses paveando vía redes sociales y nunca vi señales de que hubiera otra persona en su vida: ni fotos, ni mención alguna a su chica, ni nada por el estilo. Hasta que un día, cotilleando el perfil de su mejor colega, encontré una foto no demasiado antigua en la que salían ambos acompañados por una morena bajo el título “feliz aniversario a mi pareja favorita”. Me quedé a cuadros.
A pesar de que yo no sabía que tenía novia cuando empezamos a mensajearnos, me sentí fatal por ella. Mi intención era dejar de hablar con Joel, bloquearle sin perder un segundo y seguir mi camino, pero él tenía una explicación para todo aquello. Resulta que ya no estaba enamorado de ella desde hacía mucho tiempo, pero no sabía cómo romper porque le había amenazado con hacer una locura si la dejaba, ya que estaba atravesando una situación muy complicada en casa. Él, como buen samaritano, estaba esperando que todo mejorase para poder romper.
Y la verdad es que la película que me contó era absurda de todo punto, pero yo fui una estúpida y le encontré todo el sentido del mundo.
Los meses siguientes, Joel y yo seguimos tonteando como si nada. Él me decía que se moría de ganas por estar conmigo, de besarme, de pasar la noche a mi lado, que estaba harto de su novia y que se sentía como en una cárcel. Y a mí me daba pena porque “el pobre” tenía que soportar estar junto a una persona que no quería por puras amenazas y cargo de conciencia.
Sin embargo, una tarde el destino quiso que mis amigas y yo fuésemos a cenar a un restaurante y allí nos encontrásemos a Joel con su novia, muy acaramelados, comiéndose a besos. No parecía estar pasándolo mal en absoluto. Me quedó claro que no estaba con ella por obligación y que yo había sido una crédula.
En lugar de olvidarme de él, que es lo que verdaderamente debí haber hecho, le dije que si quería seguir conociéndome no iba a aceptar ser la otra ni el segundo plato de nadie. Si prefería continuar con su novia, me parecía estupendo, pero entonces yo no querría saber nada de él.
Fue entonces cuando me dijo por primera vez que me quería, que le diera unos días para arreglarlo todo y que entonces podríamos estar juntos por fin. Y, aparentemente, así lo hizo. Y digo aparentemente porque, tal y como todas os estaréis imaginando, nunca la dejó del todo. Con todo, se lo montó bastante bien para que yo pensara que era la única en su vida.
Los meses fueron pasando y yo estaba totalmente involucrada en su vida. Quedábamos con sus amigos, conocí a su familia… ¿cómo iba a sospechar nada? Sin embargo, todo me empezó a oler a chamusquina el día en el que me contó que se marchaba unos días con su primo a visitar a su hermana, quien se había ido a vivir a Londres. Yo les dije que me apuntaba al viaje de cabeza, pero entonces todo fueron pegas por su parte. Me dijo que la casa de su hermana era muy pequeña y que no había cama ni sitio para mí. Y, sencillamente, lo dejé estar.
Cuando volvió, todo siguió igual entre nosotros, pero nuevamente, gracias a las redes sociales, volví a descubrir ciertas cosas que mi novio me había estado ocultando. El muy idiota no había aprendido nada. Meses después de haber regresado de Londres, me dio por cotillear el perfil de mi cuñada, a quien no tenía agregada como amiga. Y ahí estaban. Fotos de mi querido novio con su supuesta ex en Londres, en aquel viajecito relámpago al que no me dejó ir.
Por primera vez en mucho tiempo, por fin el sentido común se apoderó de mí y ni siquiera le di tiempo para que se inventase una excusa. Rompí con él en ese mismo momento.
Tiempo después, supe por alguno de sus amigos que había estado saliendo con las dos a la vez y que nunca tuvo la más mínima intención de dejar a ninguna. No sé qué me pareció más loco: si haberme enamorado de un tío capaz de comportarse de aquella manera, haberme creído sus mentiras o que todo su entorno, incluida su familia, estuviera compinchado con él para que pudiera llevar una doble vida sin problemas.