Soy una persona que siempre ha valorado mucho la amistad, ya que con mi familia, aunque nunca me ha faltado de nada, no me he sentido conectada a nivel emocional y eso ha hecho que creara relaciones muy estrechas con algunas amigas a las que considero hermanas. Además, por circunstancias de la vida, me fui a vivir lejos de mi ciudad muy joven y eso hizo que valorara la amistad más allá de fiestas, cervezas, comidas o ratos agradables. Siempre he dado lo mejor de mí a mis amistades, siempre he estado cuando me han necesitado, me he acordado de sus fechas importantes y, aun teniendo pareja, nunca las he descuidado. Creo que el crear vínculos tan fuertes con algunas amigas me ha hecho sentir arropada en momentos duros y he podido celebrar los triunfos más importantes de mi vida con personas que se alegraban tanto como yo de ellos.

Mis amigas más cercanas me han llevado al hospital, me han dado de comer o me han llevado al aeropuerto cuando lo he necesitado. Han estado ahí tanto en rupturas de pareja como en la celebración de éxitos profesionales.

En especial, mi mejor amiga era para mí como una hermana. Hacía más de quince años que teníamos una amistad inquebrantable, que habíamos vivido juntas los peores momentos de la una y de la otra, y que habíamos compartido risas, llantos, diversiones, fiestas y viajes. Mi mejor amiga es una de esas personas que estaba ahí para todo y con la que conectaba tanto que era la compañía perfecta en cualquier circunstancia.

Al escuchar en algunas personas que la amistad no existe, que quien realmente está siempre ahí es la familia, me había llegado a ofender, a enfadar, a pensar que esa opinión solo pueden tenerla personas que no han conocido la amistad real. Sentía que tenía la suerte de tener la mejor amiga del mundo y que esta amistad duraría hasta la muerte.

Un buen día, mi amiga cambió de trabajo y con este también su círculo social e incluso su estilo. Cada vez le apetecía menos quedar conmigo y cada vez iba estando más distante. Intenté hablar con ella en diferentes ocasiones, pero todo fue en vano. De un día para otro desapareció de mi vida. Nunca me había planteado que una amiga pudiera hacer algo así, porque lo tenía asumido en relaciones de pareja, incluso algún chico que había conocido me había hecho el mencionado ghosting, pero jamás se me hubiera pasado por la mente que esto también podía hacerlo una amiga, y nunca jamás hubiera imaginado que fuera mi mejor amiga quien me lo hiciera. 

Pasé muchos días llorando, no entendía qué podía haber pasado, solo contestó uno de mis mensajes diciéndome que ya no estábamos en la misma onda, que ya no se sentía conectada conmigo y que era mejor que cada una hiciese su vida. Fue una de las decepciones más grandes de mi vida, creo que nunca antes me habían roto el corazón de esta manera. Entendí que la amistad también es un tipo de amor y que, por lo tanto, puede doler tanto como perder a quien pensabas que era el amor de tu vida, porque yo pensaba que ella era el amor de mi vida en amiga.

Hace ya un tiempo de esto y no he vuelto a saber de ella. No puedo decir que lo tenga superado, pero sí puedo decir que ya no la echo de menos cada día. Tengo otras buenas amigas, otras amigas que son familia, pero ya no me fío de ninguna. Mi forma de pensar que ensalzaba tanto la amistad ha desaparecido. Empiezo a pensar de verdad que la familia es la que siempre está ahí, para lo bueno y para lo malo, habiendo conflictos o siendo diferentes en muchísimas cosas. En mi familia, todos hemos sabido perdonarnos, y nunca nos hemos dado de lado a pesar de la distancia.

Ya no creo en la amistad como creía, había llegado a pensar que era el único vínculo duradero pese a cualquier situación; siempre había creído que las relaciones se pueden acabar en cualquier momento y que la familia no la eliges por lo que no puedes conectar igual que con una buena amiga, pero ahora ya no creo nada de esto.

No creo que nunca vaya a conocer a nadie con quien conecte igual, ni creo que nunca vuelva a creer en una conexión real que no sea efímera o que no se esfume cuando el interés por la obtención de algún tipo de beneficio, sea emocional o material, ya no esté presente.

Lo que peor me sabe de todo esto es que sigo teniendo buenas amigas, amigas que nunca me han fallado y siempre han estado ahí, pero ya no puedo abrirme con ellas como antes ni sentirlas como hermanas porque pienso que en algún momento la amistad puede acabar y que, realmente, la única hermana que tengo de verdad es la de sangre.

Anónimo

Envía tus movidas a [email protected]