Mi amiga Selena volvía a estar soltera. Había dejado al flipado de su novio, por fin. Nadie supo nunca lo que veía en él. No era guapo, no era especialmente simpático, se veía que pasaba bastante de cualquier tema que a ella le pudiese interesar. No solían hacer planes juntos. Convivían desde hacía un par de años, pero jamás los veía juntos fuera de casa. Eran más compañeros de piso. Pero ella siempre nos contaba orgullosa todos los planes de futuro que tenían, él tenía espíritu emprendedor y experiencia en un montón de sectores, por lo que podría llevar al éxito cualquier negocio que montase, desde una zapatería (sector en el que tenía cientos de contactos y todos admiraban su forma de relacionarse con los clientes) hasta un bar de copas. Él emprendería un gran negocio, lo tenía todo pensado, luego vivirían en alguna de las casas que tenía su familia en propiedad y dejaría que ella la reformase y decorase a su gusto, como siempre había soñado.
Bueno pues, después de pasar más hambre que un maestro de escuela por pagar todas las deudas de los tres o cuatro negocios que había montado, decidió dejarlo. Dijo que hacía tiempo que ya no era lo mismo, que habían perdido intimidad y complicidad; conceptos que jamás asociaría al tipo de relación que ellos tenían. Ahora se sentía calmada y no quería saber nada de hombres durante un tiempo. Decía que quería serenarse para ser objetiva y, una vez centrada, buscar a su verdadero amor, lo que siempre soñó, un hombre cariñoso y con un montón de cualidades más que no encajaban con ninguno de sus anteriores novios.
Quedamos bastante al principio de la ruptura. Solía pasar horas contando historias de aquel chico al que dejó años atrás, a pesar de que la llevaba de paseo en su coche de alta gama descapotable (muy útil en Galicia, que no llueve nunca), de aquel otro con el que tuvo un lío, que era hijo de un gran empresario de la zona y siempre que quedaban traía vino del bueno y algún regalito. También hablaba del que fuera su gran amor, antes del flipado de su ex estuvo un par de años con un chico maravilloso que la trataba genial, adoraba a su familia, era detallista, romántico, divertido y muy comprensivo; lo que pasó fue que la monotonía se los comió, casualmente cuando se quedó en paro después de años trabajado como alto cargo en una empresa de construcción. Ahora cotilleaba sus redes sociales diciendo que qué lástima esa relación, que había sido perfecta y él ahora estaba casado, tenía dos niñas preciosas y era el dueño de una pequeña empresa que de electricidad que le iba muy bien.
“Mira, si se hizo un chalé con piscina y tiene unas mercedes”, me contaba enseñando fotos de sus RRSS. No pude evitar comentarlo, creyendo realmente que era casualidad “Oye, ¿tu solo saliste con tíos forrados o qué?” Se puso seria, decía que siempre se le había acusado de eso pero que, en realidad, en su círculo de amigos y en el de sus hermanos, había mucha gente pudiente, y que al final… Bueno, pues era casualidad.

Pasados unos meses, vino a pasar un tiempo a mi casa un primo mío que vivía en Alemania. Éramos de la misma edad y siempre nos llevamos genial. Había hecho mucho dinero trabajando allí, pero no le gustaba hablar de eso, él vivía como un obrero más. Había pasado por una separación bastante traumática y había decidido tomarse un tiempo en su tierra natal, con su familia. Ponía de excusa que había cerrado la fábrica en la que trabajaba y era muy caro vivir en Alemania, no le gustaba hablar con extraños de su vida íntima y menos aún de sus finanzas, aunque con lo que tenía ahorrado podría vivir en España sin trabajar hasta que se jubilase perfectamente y la empresa en la que trabajaba, lejos de cerrar, estaba deseando que volviera.
Selena conoció a mi primo un día de copas y rápidamente se gustaron. Era comprensible, ambos eran jóvenes, guapos y solteros. La segunda vez que se vieron él ya durmió en casa de ella. Yo no quise meterme en esa relación, me alegraba por ellos, pero se me hacía raro que, una vez que ya llevaban un tiempo quedando con frecuencia, ella no quería que nadie supiera que estaban juntos. Se veían solo en su casa y cuando quedábamos en pandilla lo trataba como si fuera un desconocido. Después a mi me acribillaba a llamadas para contarme lo enamorada que estaba de él, que era tan bueno…

Cuando apareció el dueño de la discoteca más grande de la zona a invitarla a unos chupitos, a nadie le extrañó que se fuera sola con él a la zona VIP y no volviera en toda la noche. Mi primo no entendía nada y, cuando al día siguiente le pidió explicaciones de lo que había pasado, ella le dijo que era soltera y podía hacer lo que le diera la gana. Dos días después los vieron juntos saliendo de una tienda muy exclusiva con una enorme bolsa de Chanel en la mano, agarrada al brazo de aquel tío del que siempre había dicho que era un salido, que se sabía de sobra que hacía más dinero con trapicheos de drogas que con las discotecas y que le daba repelús ese rollo musculitos que se traía, que claramente eran de pincharse mierda.
Mi primo no quiso saber nada más, para él había sido entretenido tener con quien dormir de vez en cuando aunque, en petit comité, me contaba que era una tía bastante básica y que solo quería hablar de cotilleos o de los coches de lujo de sus amigos alemanes.
En menos de una semana, el musculitos se cansó de Selena y le prohibió la entrada en sus locales porque le montó un pollo de celos y le espantó a parte de la clientela, rompiendo vasos contra el mostrador, después de verlo visto con otra (como hacía desde que lo conocíamos, su norma: nunca más de una semana).
No tardó en aparecer en mi casa proponiendo un plan para salir, pero fuera de la ciudad porque no quería coincidir con “ese energúmeno” (se creía que no sabíamos de sobra que estaba vetada en todas partes). Lo mejor que me pasó en la vida fue ver su expresión cuando le dije que estaba preparando mi viaje a Alemania para ayudar a mi primo a comprar su nueva casa y que probablemente me quedase un tiempo con él, ya que para que volviese a su empresa le habían ofrecido un ascenso y ahora podría encontrar yo también un trabajo por allá “a ver si me forro, como él”.

Desde ese día, el teléfono de mi primo arde con la cantidad de mensajes y llamadas de Selena. ¡Nos reímos tanto! La pobre ahí sigue, buscando un gran amor que la mantenga y le compre ropa cara. Y yo en Alemania, enamorada de la ciudad en la que vivo y de un amigo de mi primo que, a pesar de no tener ni un duro, es atento, inteligente, amor conmigo.
Relato escrito por Luna Purple basado en una historia real.