Si algo bueno tiene que mis peques ya vayan al cole, es que veo como empiezan a interactuar con otros peques y empiezan a hacer amigos.

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Mi hijo siempre ha sido muy abierto, sea donde sea que vayamos, encuentra a los críos que haya, independientemente de la edad, y juega con todo el mundo. Mi hija, por otro lado, es mas reservada. Si no hay mucha gente y le gusta lo que hacen puede que se una por un minuto, pero en seguida se satura de gente y prefiere seguir a su bola.

Por eso, cuando empezaron el cole y volvían los dos a casa contándome obra, vida y milagros de los compañeros casi empiezo a dar palmas con las orejas, porque significaba que están empezando a formar lazos de verdad.

Aunque, en teoría, están en clases separadas, todos se conocen y juegan a diario.

Y hay una niña, Lucía, que por lo visto es la favorita o algo. Porque tenemos Lucía hasta en la sopa. Que si hoy he jugado con Lucía, que si Lucía me ha dejado la pelota, que si puedo llevarle a Lucía este juguete… Ambos dicen que es su mejor amiga del mundo mundial.

Así que, antes de las vacaciones, me dispuse a conocer a la famosa Lucia y a sus padres, por si querían quedar algún día durante las navidades para jugar. Como ya comenté, no tenemos grupo de whatsapp en el cole, por lo que había que conocerles a la antigua usanza. Cara a cara y adivinando.

Encontré a su madre, y le pareció buena idea. Lucia, cariño, ¿quieres que Juan y Claudia vengan un día a jugar a casa? Y la peque, con toda su buena fe, dijo que no, que mejor venia ella a la nuestra, no vaya a ser que el monstruo atacara mientras estábamos allí.

Sonriendo, sin saber la que se le venía encima, su madre le preguntó ¿qué monstruo, Lucy? En casa no hay monstruos.

Pero la chica no se bajaba del burro. “Si hay, mamá. Vive en tu cuarto. El otro día te oí gritar y me dijiste que estabas peleando con un monstruo y que papá te ayudaba. Y que era muy importante que nunca entrase en tu habitación mientras estabais peleando con el monstruo”.

No sé que dinámica llevará esa familia en su casa, o como explicaran las cosas, pero pude ver como la expresión de su madre iba cambiando de color según se iba dando cuenta de lo que su hija estaba contando públicamente a una desconocida. Y yo creo que fue eso lo que la delató. ¡Bendita inocencia la de Lucía! Si yo lo pasé mal cuando mi hija le preguntó al cura si quería verme las tetas, aquí creo que hago un agujero para esconder la cabeza, cual avestruz.

No, no quedamos en Navidad. La mujer de repente se acordó de que se había dejado el gas abierto y salió con Lucía pitando de allí antes de que pudiéramos intercambiar teléfonos.

Y oye, igual sí que había un monstruo en su casa de verdad porque desde ese día no hemos vuelto a saber nada de la madre de Lucía. No se la ve ni por equivocación. De momento, ha sido el padre quien se encarga de llevar y recoger a la peque del colegio. Y por la prisa que parece llevar siempre, deben de haber perdido la batalla, y el monstruo ahora se encarga de manejarles a ambos.

Andrea M.