Pensaba que ya lo había visto todo, que después de pasar por una relación tóxica y experimentar ciertas situaciones de lo más surrealistas, poco o nada me podría sorprender en esta vida, pero la verdad es que el universo todavía me tenía guardado algún que otro plot twist de los que te dejan boquiabierta.
Hace apenas un año que lo dejé con mi ex, después de darme cuenta de que le faltaba un tornillo y que, básicamente, era un desequilibrado con rasgos bastante cercanos a rozar la psicopatía. Si bien es cierto que no era un tío peligroso, sí que tenía ciertos comportamientos que me llevaron a pensar que en su cabeza no había nadie al volante. Yo no era la única que se pasaba el tiempo discutiendo con él por cualquier nimiedad, sino que sus amigos también sufrían por su carácter. De hecho, cuando puse fin a la relación, muchos de ellos me dijeron que era lo mejor que había podido hacer.
He de reconocer que, durante los dos años que duró lo nuestro, sus colegas siempre me intentaron echar una mano y cuando veían que la situación se tornaba un poco violenta, se metían por medio para defenderme. La verdad es que en su día incluso algunos de ellos me animaron a dejarle y fueron un gran apoyo para mí en aquellos momentos tan complicados, cuando mi ex me trataba peor que a un trapo. Sobre todo Jorge, uno de sus mejores amigos.
Siempre nos habíamos llevado súper bien, era un tío genial con el que se podía contar para todo y en el que yo confiaba ciegamente para contarle mis miserias; me había demostrado ser un gran amigo. Por su puesto, a mi ex no le gustaba que tuviéramos una relación tan cercana, que me abrazara o me diera besos en la mejilla.
Jorge fue el primero en preocuparse por mí cuando lo dejé con su amigo. Me llamaba de vez en cuando para preguntarme cómo estaba, para saber si mi ex seguía dándome el coñazo para volver o simplemente para charlar un rato, porque ambos no queríamos perder el contacto aunque ya no nos moviéramos por el mismo círculo.

Nos veíamos de vez en cuando para dar una vuelta o tomar algo, aunque él me confesó que nunca le contaba a mi ex que seguíamos siendo amigos para evitar conflictos y yo lo entendí perfectamente, porque tal y como os decía, no estaba bien de la cabeza y de haberse enterado, le hubiese montado el pollo del siglo.
Con el paso del tiempo, me sentía mucho mejor y retomé mi vida, volví a quedar con mis amigas como antes, ya que durante el tiempo que duró la relación con mi ex prácticamente las había abandonado.
No di de lado a Jorge ni mucho menos, porque me gustaba estar con él y se había portado muy bien conmigo, simplemente repartía mi tiempo de otra forma. Sin embargo, no parecía hacerle mucha gracia cuando le decía que no podía quedar con él porque ya tenía planes con mis amigas, incluso un día llegó a decirme que se sentía utilizado, que como ya había vuelto a ser yo misma y a tener amigas de nuevo, ya no le necesitaba.
De la noche a la mañana, nuestra amistad se había convertido en algo asfixiante, me escribía cientos de mensajes al día y muchos más si sabía que estaba con mis amigas.
Me agobié tanto que tuve que hablar con él y dejarle claro que yo seguía teniéndole mucho cariño y apreciaba mucho nuestra amistad, pero que tenía a más personas en mi vida y no por eso iba a dejar de quererle. Fue entonces cuando Jorge me confesó que había intentado por todos los medios luchar contra lo que sentía, pero que estaba enamorado de mí desde que me había conocido y que necesitaba estar conmigo todo el tiempo.
La verdad es que no sé si estuve ciega durante todo ese tiempo, pero nunca percibí que él pudiera albergar esa clase de sentimientos hacia mí y aquella confesión me pillo por sorpresa. Sin embargo, me quedé más loca aún cuando después de decirle que sentía mucho si había podido confundirle pero que yo no sentía lo mismo y que por mi parte no había más que una bonita relación entre amigos, él me dijo que sabía que yo también le quería a él porque lo había visto en mis ojos, que si no le daba una oportunidad era simplemente porque tenía miedo.
Cuando me recompuse un poco del shock, le dije con toda la delicadeza que fui capaz de reunir que se equivocaba y que en ningún momento me había sentido atraída por él y, mucho menos, enamorada. Lejos de tirar la toalla, Jorge me aseguró con mucha vehemencia que, tarde o temprano, conseguiría que estuviéramos juntos.

Yo empecé a asustarme un poco ante su insistencia y cuando empecé a salir con otra persona, la cosa se fue de madre. Me daba mucha pena que, después de lo que habíamos pasado y lo mucho que le apreciaba, tuviera que sopesar la opción de poner punto y final a nuestra amistad, pero todo se volvió tan bizarro que no me quedó otra.
Durante meses, se presentó en la puerta de mi casa porque quería verme, pero al ver que no le abría la puerta, optó por ir a mi trabajo, donde no me quedaba otra que aguantar estoicamente mientras me preguntaba por qué no le contestaba, por qué no le cogía el teléfono, a acusarme de ser una mala persona por haberle roto el corazón y «haberme ido con un mierda que no iba a hacerme ni la mitad de feliz que él».
Hubo un momento en el que, llorando, le supliqué que me dejara vivir en paz, que estaba poniendo en peligro mi puesto de trabajo, ya que mis jefes me habían llamado la atención porque cada vez que iba, los clientes se incomodaban con tanto numerito.
Su obsesión llegó a tal punto que mi chico venía a buscarme al trabajo porque sentía miedo, ya que más de una vez le había visto merodear por allí. No quería que mi chico se enfrentara a él y tuviera problemas, además, visto lo visto, no sabía de qué sería capaz de hacer, así que hablé con mi empresa para que me trasladaran de centro de trabajo y cambié de número de teléfono.
Por otra parte, llevaba un tiempo hablando con mi pareja sobre irnos a vivir juntos, así que aquello fue el empujón que me hizo falta para independizarme; lo cual me vino de perlas para que Jorge me perdiera la pista al cien por cien. No he vuelto a saber nada de él y espero que siga siendo así. Durante mucho tiempo no fui capaz de comprender cómo Jorge podía ser el mejor amigo de mi ex, cuando eran como la noche y el día, pero después de lo que me hizo pasar, me di cuenta de que ambos estaban hechos el uno para el otro.
Mar Martín.