Ella viajaba a una ciudad costera a visitar a un novio que no la valoraba; él se dirigía a casa de sus abuelos, que eran ya muy mayores, para pasar una temporada con ellos. Ambos habían cogido aquel tren en Madrid, aunque ninguno de ellos vivía en la capital. La casualidad había querido juntarles en aquel vagón y en asientos contiguos, ella enfrascada en la lectura de una novela y él observando el paisaje a través de la ventanilla. Víctor, que así se llamaba él, no había podido evitar fijarse en que Julia, que así se llamaba ella, iba leyendo una de sus novelas favoritas, ‘’El lobo estepario’’. Había querido decirle algo, pero la vio tan concentrada que no quiso molestarla.

 

No sabía por qué, pero Víctor, de naturaleza más bien tranquila, había empezado a ponerse nervioso desde que se había sentado junto a aquella desconocida: era cierto que era una chica muy guapa, pero él normalmente iba a lo suyo, sin fijarse mucho en las personas con las que se cruzaba. Supuso que el coincidir con una chica que casualmente iba leyendo su libro favorito le había turbado y procedió a sacar los auriculares para escuchar música. Justo cuando se disponía a darle al play sonó el teléfono de Julia, y pese a no considerarse una persona cotilla se quedó escuchando la conversación: ‘’Dime, cielo. Ok, vale, no te preocupes…vale, ya cogeré un bus cuando llegue, luego te veo.’’ Tras colgar, se giró hacia Víctor, quien no se había dado cuenta de que no sólo había escuchado la conversación, sino que encima se había quedado mirándola atentamente. Ella le sonrió y él se puso como un tomate. ‘’Pues nada, parece que me toca buscarme la vida otra vez’’, dijo ella suspirando. ‘’¿Qué ocurre, no te recogen en la estación?’’ preguntó él. Ella negó con la cabeza, ‘’pero no importa, es lo habitual’’, aclaró, ‘’mi novio suele tener cosas más importantes que hacer, como jugar a juegos en línea o dibujar monigotes’’. Víctor no supo cómo reaccionar ante esa inesperada confesión; tras un par de segundos de silencio, optó por estirar su mano y decirle: ‘’me llamo Víctor, ¿y tú?’’ ‘’Yo soy Julia, encantada’’, respondió ella. Y así, empezaron a hablar y cuando se quisieron dar cuenta se estaban contando toda su vida: Víctor le contó que se dirigía a la misma ciudad que ella a pasar una temporada con sus abuelos, y Julia no pudo evitar conmoverse cuando él le explicó que quería aprovechar el tiempo al máximo con ellos, ya que habían diagnosticado Alzheimer a su abuela y le daba miedo que en algún momento llegase a olvidarle. Además estaba pasando una etapa difícil en lo personal, hacía cosa de un año que había cortado con su pareja después de que le engañase con un amigo suyo y para colmo el resto del grupo parecía haberse puesto de parte de ellos, con lo cuál se sentía un poco sólo. ‘’Pero bueno’’, concluyó, ‘’por otra parte estoy conociendo a gente de la uni con la que estoy encajando bastante bien, y de todos modos siempre tendré a mi hermano, que para mí es mi mejor amigo’’.

 

Ella por su parte le contó que llevaba con su novio desde los 15 años, que se habían conocido en el instituto y que él se había ido hacía un par de años a estudiar a aquella ciudad, que no había tenido otras relaciones y que sus amigas no hacían más que repetirle que le mandase a la mierda de una vez, pues era ella casi siempre la que se desplazaba para verle y para colmo los días que pasaba con él se limitaba a verle jugar o estudiar, a hacerle los recados porque él estaba muy liado y básicamente a realizar sus tareas del hogar. Aunque claro, él en verdad la quería, a su manera pero la quería, y ella le quería a él, o eso creía después de tantos años. ‘’Igual me meto donde no me llaman’’, dijo Víctor, ‘’puedo entender que esté muy liado, pero si te soy sincero, si alguien hiciese tantos kilómetros para estar conmigo trataría al menos de sacar un rato todos los días para compartirlo con esa persona. No sé, comer juntos, ir a la playa, dar un paseo…a veces, una hora basta’’. Ella se quedó pensativa durante un rato. ‘’Supongo que tienes razón. Bueno, tú y toda la gente que me lo lleva diciendo tanto tiempo. Pero terminar una relación no es fácil’’. Víctor no tuvo más remedio que darle la razón; al fin y al cabo, no hacía tanto que había pasado por ello. El resto del viaje transcurrió tranquilo, cada cual inmerso en sus pensamientos. Víctor pensaba en sus abuelos, en el miedo que tenía de llegar un día y que su abuela se asustase, que le considerase un extraño, pero también pensaba en Julia. Si él tuviera a alguien como ella, alguien que viajase para verle, que le quisiera, con quien poder compartir tanto la llevaría a ver el atardecer en la playa, irían a museos, le regalaría libros y flores…Mientras tanto, Julia daba vueltas a su relación y a su vida. Ella también estudiaba, escribía por afición, tenía otros proyectos y aspiraciones y empezaba a darse cuenta de que para su pareja, esos proyectos y aspiraciones no eran importantes. Siempre restaba valor a las cosas que ella amaba y eso le dolía. Pero lo peor, sin duda, era que ni siquiera fuese capaz de valorar el tiempo que ella le dedicaba. Sus amigas y su familia llevaban tiempo diciéndole que esa relación no hacía más que restar a su vida y a su autoestima y había preferido ignorarlo, escudándose a menudo en que qué iban a saber los demás, que se preocupaban demasiado por ella. Sin embargo hasta aquel chico desconocido se había dado cuenta de que algo en su relación olía a podrido. Quizás, quién sabía, había llegado el momento de poner pie en pared…

 

Llegaron por fin a la estación sin apenas haber vuelto a cruzar palabra, pero no en un silencio incómodo, sino con la sensación de confianza de quien viaja junto a un viejo amigo. Ella debía esperar al bus, y él, que no tenía que ir muy lejos, se quedó acompañándola con la idea de ir a casa de sus abuelos andando. Antes de despedirse intercambiaron sus Instagram, con la promesa de mantener el contacto y de quedar alguno de los días que estuvieran en la ciudad, y cuando por fin llegó el bus, antes de que Julia se marchase, Víctor le dijo: ‘’Si necesitas cualquier cosa, ya sabes dónde encontrarme. Pero quiero decirte algo: nadie merece viajar tan lejos para que no le valoren’’. La puerta del bus se cerró, y las palabras de Víctor resonaron como un eco en la mente de Julia, y ahí permanecieron hasta que llegó a casa de su novio y este abrió la puerta, la recibió con un beso rápido y volvió a su cuarto a continuar con la partida.

Cuando Víctor abrió Instagram a la mañana siguiente se encontró las historias de Julia de las primeras; en ellas, un vídeo del paisaje grabado desde la ventanilla del tren con el texto ‘’de vuelta a casa’’. Miró el vídeo sorprendido y se dispuso a escribir a Julia para preguntarle si estaba todo bien…cuando le saltó una notificación anunciando que ella se le había adelantado: ‘’Hola Víctor, ¿qué tal? Lo siento mucho, pero al final no voy a poder quedar contigo, estoy de regreso a casa, ya te contaré. Sólo quería darte las gracias y decirte que tenías razón, tú y toda mi gente. Espero que cuando regreses de casa de tus abuelos podamos vernos.’’

De los detalles de lo que hablaron después Julia nunca me contó nada, pero sí que nos contó cómo se largó de casa de su ex tras decirle que sólo había hecho el viaje para poder mandarle a la mierda en vivo y en directo. También nos habló de Víctor, de lo majo que era, de que seguían hablando y de que eran muy buenos amigos; y esa amistad se acabó convirtiendo en algo más (con el beneplácito, esta vez sí, de sus amigas y de su familia), hasta el punto de que llevan ya unos años juntos y nunca la habíamos visto tan feliz.

 

 

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