Hace unos días tenía que hacer un trabajo relacionado con las redes sociales y me puse a rebuscar en mi perfil personal. Fui bajando, bajando y recordando momentos importantes y otros más cotidianos de mi vida en los últimos años desde que B y yo estamos juntos.
Bajé tanto que llegué al primer San Valentín que pasamos viviendo juntos. Aquella foto revelaba los regalos que nos hicimos mutuamente.
La verdad que no recuerdo muy bien qué fue lo que él me regaló, pero sí una puesta en escena increíble. La mesa a la luz de las velas, un ramo de rosas, la lámpara con forma de luna y nuestra foto impresa encendida, nuestras iniciales en madera pintada sobre la mesa y una caja super original con algún detalle de papelería casi seguro en su interior.

(Foto real)
Entonces, debajo, vi las fotos que él había compartido de su regalo y no pude evitar reírme y emocionarme un poco. Parece mentira que haya pasado ya tanto tiempo. Siento que ya poco queda de aquellos que fuimos en los inicios donde nos creíamos capaces de todo y que siempre encontrábamos una aventura nueva que vivir juntos. El tiempo pasa, las responsabilidades crecen y creo que bastante bien lo hacemos hoy en día para todo lo que tenemos encima, pero no puedo evitar añorar esos dos primeros años donde las preocupaciones más banales habían desaparecido y solamente debíamos aprovechar cada minuto del día para disfrutarnos.
En esta ocasión quería regalarle algo original, algo que no necesitase, algo que nadie le hubiese regalado antes. Algo que, en principio pareciese una mierda, pero luego tuviese un enorme trasfondo y pudiéramos reír durante un buen rato y a la vez expresarle todo el amor que me hacía sentir.

Fui a un bazar y lo primero que encontré fue una postal enorme, muy muy grande, donde pude pegar tres filas de sobres pequeños (de colores, recreando una combinación muy significativa para nosotros). Dentro de cada sobre vendría la explicación de cada regalo que escondería en una caja.
Compré una caja de cartón decorada en blanco y negro muy grande y la llené de regalos muy bien envueltos y numerados. Metí unos palillos, unas cerillas, una botella de agua, un salero y un pimentero, un boli…
Básicamente me dediqué a buscar cosas en el bazar y meterlas en la cesta. Todo puede tener un bonito significado si se lo buscas.
Pasé una tarde envolviendo regalos con la ayuda de mi madre y redactando pequeñas notas en aquellos sobres coloridos.
Cuando abrió la caja su cara fue de total estupor. ¡Cómo podía haber tantas cosas allí dentro!

Si en algo se ha basado nuestra relación desde el principio es en la capacidad de hacernos reír mutuamente. Él iba abriendo los paquetes por orden y sus reacciones al desempaquetar un paquete de pasta, una barra de pegamento o un mechero para velas eran un show y me reí tanto…
Cuando poco a poco fue leyendo el significado de cada cosa (algo totalmente simbólico y con cero valor material) se emocionó tanto que sus ojos podrían haber iluminado una plaza entera. Pues que te regalen un paquete de cerillas puede ser un detalle bastante feo en sí, pero si las cerillas representan mi forma de devolverte todo el calor que siento en tus abrazos; si un juego de salero y pimentero son aquellos botes con los que, junto a nuestras sonrisas daremos sabor a la vida; si con aquel boli podríamos escribir la historia de nuestra vida y con aquella botella podríamos atravesar el desierto sólo con un poco de agua sabiéndonos conocedores del apoyo que teníamos al lado… Aquello pasó de parecer un regalo hecho con basura a ser algo original que lo emocionó tanto que aún hoy en día recuerda con mucho cariño.
Porque puede ser muy ñoño, pero no es necesario gastarse mucho dinero en un regalo para que sea algo realmente especial.
Luna Purple