Recuerdo las cejas de mi vecina cuando yo era pequeña. Siempre fue una mujer coqueta, con larga melena rubia, morena de piel y unas cejas que hoy sigue llevando finas como la punta de un Rotring. A sus 70 años, tiene el mismo aspecto que entonces, y nunca jamás le he visto los “puyones” o puntos negros que hace el pelo al salir. La zona está siempre impecable.

En los 90 las cejas eran así, minimalistas. Después pasamos a una etapa de respeto a las formas naturales en la que, por primera y única vez, yo me he sentido a la moda en materia de vello facial. Porque lo mío es depilar entrecejo y retirar algún pelito aquí y allá que estuviera fuera de “la forma”, sin más.

Después llegaron las Cara Delevigne y Lilly Collins de la vida desafiando los cánones, pero asentando una tendencia nueva: la de las cejas estilo Frida Khalo. Allá iban ellas, posando sonrientes y seguras con sus pelazos de la cabeza y de fuera de la cabeza. Y las revistas femeninas, que existen para crearnos necesidades e inflar a las marcas, sacaron tutoriales de todo tipo para que las lleváramos igual. Mis amigas se tiran minutos moldeándolas y dándoles color entre peines y lápices especiales.

A mí mis cejas me gustan y aún no he visto calvitas angustiantes, así que las dejo vivir tal cual, no sea que las estropee. No he seguido ni seguiré ninguna de estas tendencias, pero hay una que no vi venir: la de hacerlas desaparecer.

cejas de moda

Ni finas ni gruesas, mejor sin cejas

Un día me apareció un vídeo de una chica haciéndose uno de esos famosos vídeos “Vístete conmigo”, y vi que se las tapaba totalmente, como si le estorbaran. Por más que se esmeró con su maquillaje de fantasía, yo no terminaba de verlo completado. Me faltaba algo. A mí llamadme antigua, pero no lo había visto hasta el momento. ¿A las jóvenes les sobran sus cejas, cuando las no tan jóvenes andan ya con la micropigmentación y otros sufrimientos para el rescate de las suyas?

Creí que era un hecho aislado hasta que mis lupitas y “Para ti” comenzaron a llenarse de chicas sin cejas, así que confirmé: se ha hecho una declaración de guerra a las cejas que está bastante extendida entre las nuevas generaciones. Y, aunque yo no tuviera ni idea de esto, no es una práctica nueva. Parece que, en realidad, nada lo es.

Por lo visto, en el pasado, las mujeres de clase alta se depilaban las cejas y la línea de crecimiento del pelo de la cabeza para dejarse frentes en las que podrían aterrizar aviones, si hubieran existido por entonces. Era sinónimo de inteligencia y nobleza, y quizás el ejemplo más famoso esté en La Gioconda.

Ahora la misma práctica está más relacionada con otros movimientos: la estética queer, lo no binario y la representación de seres futuristas, casi alienígenas. El “borrado” de cejas ha sido siempre parte del proceso de las drag queens, acostumbradas a desafiar los límites entre géneros y a dejar sus caras como un lienzo en blanco para los maquillajes más fantásticos.

No sé qué pretendía reivindicar Doja Cat, pero es el ejemplo más extremo de guerra a las cejas: se rapó la cabeza y rasuró las cejas en directo para sus seguidores de Instagram, dejando algunos titulares sensacionalistas sobre su salud mental.

Feísmo

Por lo visto, al margen del “borrado” de cejas, hay un movimiento social y artístico que reivindica los diferentes tipos de belleza y desafía lo hegemónico: el feísmo. Surge como práctica contraria a la búsqueda constante de perfección en el maquillaje, los retoques estéticos o el uso de filtros. Entiendo que ponerte una bata de tu abuela con unas zapatillas deportivas bastas implicaría hacer apología del feísmo. Para mí quitarte las cejas también lo sería, aunque todo esto es muy subjetivo.

De inicio, esta guerra a las cejas me pareció una moda horrible, antiestética e innecesaria que ni a mí ni a nadie de mi círculo se le ocurriría seguir. Pero, profundizando, creo que tiene más utilidad reivindicativa que cualquier corriente estética masiva actual, desde los pinchazos de labios al rellenado de arrugas. Desde ahora voy a mirar con otros ojos lo que me parezca feo, sobre todo si viene de las creadoras de contenido hegemónicas, que son las típicas “influencers lifestyle”. Quizás hay que entender los mensajes más allá de las imágenes en lo que a moda se refiere.