El día que confundí la pasta de dientes con otra cosa
Como muchas de vosotras, me toca comer en el trabajo todos los días, así que llevo siempre conmigo un neceser con el kit básico de supervivencia: cepillo y pasta de dientes, analgésicos, maquillaje, accesorios del pelo, salvaslips… Todo muy normal.
Paralelamente, tuve una revisión ginecológica y debido a una serie de infecciones recurrentes me recomendaron que usara una crema vaginal hidratante, porque la zona de había quedado muy reseca y le estaba costando volver a su estado normal.
Dicho esto, compré la crema y la empecé a usar por las noches antes de acostarme, es decir, la crema vivía en mi mesita de noche. Vamos que tampoco necesitaba yo pasearme con la crema por ahí, pero en algún momento la perdí de vista. Igual haciendo limpieza la cambié de sitio o me la llevé al baño con el resto de los medicamentos… No sé. El caso es que estaba mejor y tampoco la eché en falta.
Al día siguiente en el trabajo fui a lavarme los dientes y cogí mi neceser como cualquier otro día. Mientras me echaba la pasta de dientes en el cepillo llegó una compañera y me puse a charlar con ella. Me metí el cepillo en la boca y no, eso no sabía a menta. No sabía a nada reconocible para mí. Parecía gelatinoso. ¿Qué coño era eso? Pues precisamente eso, crema del coño.
De los nervios escupí y tragué al mismo tiempo, no sé por qué. Creo que fue de esos actos reflejos raros que haces a veces y que no tienen ninguna explicación. No tengo ni idea de cómo había llegado hasta mi neceser del trabajo ni de por qué la había confundido con la pasta de dientes, pero en el fondo agradecía que hubiera sido así y no al revés, la verdad, porque imagínate que me echo todo el Licor del Polo en el chocho. Me escuece solo de pensarlo.

Para colmo, en mitad de todo el estropicio, mi compañera salió de hacer pis y me vio con la crema en una mano que ponía claramente HIDRATACIÓN VAGINAL y en la otra el cepillo. Casi me muero. Sólo espero que no se fijara demasiado, porque no sé qué me da más vergüenza: que crea que la tenía en la mano porque me había confundido o que de verdad creyera que me iba a aplicar la crema con el cepillo de dientes.
Lo curioso es que lo envases se parecían muchísimo, porque claro, yo uso una pasta de dientes de viaje porque de lo contrario no me cabría en el neceser. Podría usar un neceser más grande, pero entonces no me cabría en el bolso y así sucesivamente. ¿Y qué quiero decir con esto? Pues que me volvió a pasar, no una SINO DOS VECES más. ¿Qué narices me pasa? Me dio tanta rabia que acabé poniéndole una etiqueta a la crema vaginal. Bueno, más que una etiqueta como tal era un post-it en el que escribí CREMA CHOCHO y me dejé otra nota en el neceser que ponía algo así como “Comprobar pasta dientes”. Me falto añadir un “gilipollas” al final, porque era así como me sentía después de tropezarme una y otra vez con la misma asquerosa piedra.
De tan absurdo que fue todo (y dado que mi compi me filló aquel día) lo acabé contando a los compañeros un día de afterwork con unas cervezas encima. ¿Lo bueno de aquello? Que ya me quité ese muerto de encima y casi seguro que con la borrachera ya ni se acuerdan.